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Las ciudades afectan el humor

Un nuevo estudio identificó cómo las urbes tienen directa relación con el estrés y el ánimo. La nueva forma de pensarlas aborda la calidad de la vida de sus habitantes.

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El estrés de las personas tiene vínculos con cuestiones como el tránsito.

En gustos no hay nada escrito, pero existe consenso en que las ciudades grises y sucias no son las preferidas de nadie. Dicha concordancia iría más allá de algo meramente estético. Mientras que la fachada de un edificio gris y monótona deja un estado de ánimo lúgubre a quien la mira, un edificio complejo e interesante ayuda al buen humor.

Esto es parte de un nuevo movimiento llamado ciudades conscientes. Ya no solo se trata de buscar urbes amigables y sustentables, sino de entender el entramado de la ciudad con la ayuda de la inteligencia artificial, el análisis de datos, la tecnología, el diseño y —la gran novedad— las ciencias cognitivas.

Esta propuesta asegura que el bienestar de las personas, incluyendo la salud física y mental, está directamente relacionado con su entorno. Y como la mayoría de los seres humanos vivimos en ciudades, la planificación de esta no puede dejarse al azar.

Con esto en mente, Colin Ellard, experto en el efecto psicológico del diseño, de la Universidad de Waterloo, en Canadá, hizo su presentación en la segunda Conferencia de Ciudades Conscientes, realizada en Londres, Gran Bretaña. Utilizando brazaletes que miden la manifestación del estrés en la piel, teléfonos inteligentes y electroencefalogramas, el experto identificó cómo la ciudad sí afecta en el nivel de estrés de las personas. La mayoría de la gente asegura que no tiene ninguna influencia en ellos, pero la tecnología ayuda a desenmascarar la respuesta real, explica el experto.

Diversos estudios han demostrado que vivir en grandes ciudades —con largas horas de traslado, tacos, contaminación del aire y de ruido, y los espacios demasiado sobrepoblados— produce estrés. Incluso, existen trabajos que han relacionado la mayor frecuencia de esquizofrenia a la población urbana. Este es un extremo de cómo pueden afectar las ciudades a la gente, pero son la gran variedad de matices intermedios los que realmente necesitan atención.

La ciudad en su conjunto y cada uno de los factores que contribuyen a su funcionamiento afectan de una u otra forma a sus ocupantes, dice Arturo Orellana, académico del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica de Chile. "El bajo grado de tolerancia, el que te miren feo o el querer escapar de un metro apretujado contribuyen a cómo se vive finalmente en las ciudades", explica. Y esa vivencia cambia de caso a caso.

No se puede generalizar, agrega, ya que especialmente en ciudades como Santiago hay grados de inequidad espacial importantes. "La experiencia de alguien que tiene la suerte de demorarse solo 30 minutos del trabajo a la casa es muy distinta a la de quien le toma una hora y media", ejemplifica. De eso dependen, en parte, los grados de adaptación y la capacidad de convivencia.

Manuel Ugalde, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales y director de la Fundación Ciudad Literaria, coincide con esta manera de interpretar a las ciudades. "Ellas son entramados de interacciones de sujetos sociales", agrega. De ahí su complejidad.

"La subjetividad individual está necesariamente marcada por la ciudad. Cualquier experiencia que un sujeto tenga va a estar vinculada a las instituciones sociales o a sus experiencias en la urbe. La afectividad de toda persona se construye desde estas experiencias concretas", agrega.

Evidentemente, cada habitante se relaciona con una parte específica de la ciudad —el barrio en que vive, en el que estudia o trabaja, y por dónde se moviliza—, y esa se convierte en su paisaje. En una urbe integrada, los paisajes de todos se asemejan, pero cuando la ciudad es segregada, las experiencias se vuelven demasiado diversas. "El problema aquí es que los espacios de una ciudad no solo tienen que responder a las necesidades básicas, sino también a las simbólicas u otras más complejas", explica. De todo esto se compone el bienestar.

El cambio tecnológico.

Para José Llanos, académico de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello (Chile), esta nueva visión de la ciudad también responde a dos formas de entenderla.

La primera tiene relación con el antropoceno, el período actual que estamos viviendo y que responde a la transformación del planeta hecha por el hombre. "Y la arquitectura y los paisajes de la ciudad reflejan esta mutación", dice. La misma que busca la transición hacia urbes sustentables para combatir el cambio climático.

En tanto que la segunda forma tiene que ver con lo muy antiguo y lo muy moderno a la vez. Se trata de la no política. Este es un concepto de Aristóteles, que en términos simples incluye las formas de controlar a la sociedad —o especies de límites en todas sus esferas—. Así, antes este rol lo tenían las escuelas, universidades o cárceles, por ejemplo, pero hoy también lo comparten el márketing, la opinión pública y las redes sociales. "Esto va construyendo un nuevo paradigma social", dice el experto. Uno al que las ciudades deben adaptarse y responder. Nuevamente, otra forma de entender el bienestar.

Mientras el actual foco de las ciudades conscientes es la salud mental, la salud física es algo que no debe dejarse atrás, dice, por su parte, Isabel Serra, académica del Laboratorio Ciudad y Territorio, de la Universidad Diego Portales. "Las condiciones urbanas también definen la salud. De una u otra manera, las principales causas de muerte en nuestras sociedades están directamente relacionadas al hecho de que vivimos en ciudades", asegura.

"En un momento específico se tomaron medidas para sanear las urbes medievales, y eso demuestra la planificación de las ciudades puede ayudar mucho en materia de salud", agrega. Esto no solo se trata de tener más áreas verdes —que reducen sustancialmente el estrés—, sino también de relocalizar los puestos de trabajo cerca de los lugares habitacionales o construir más plazas para invitar a la actividad física. 

Fomentan nuevos modos de construir.

Un estudio liderado por científicos de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, descubrió que el vivir en ciudades puede modificar el cerebro de algunas personas. Dos zonas específicas de este verían reducida su materia gris, mismo efecto que se ha observado frente a experiencias de estrés temprano.

El urbanista danés Jan Gehl se ha focalizado en el diseño de las calles y observó que la gente camina más rápido cuando pasa por fachadas inexpresivas o sin ornamentos, en contraposición con las "fachadas activas". Asimismo, propuso que para un buen diseño de ciudades un transeúnte en movimiento que se desplaza a un promedio de cinco kilómetros por hora debería ver algo interesante o llamativo cada cinco segundo, según publica el diario argentino La Nación

Muchas ciudades han empezado no solo a modificar los códigos de construcción para beneficiar este tipo de arquitectura. En Estocolmo, Ámsterdam, Melbourne también se comienza a instituir la idea de que el diseño de las calles y los edificios son una cuestión de salud pública.

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