NOMBRES

La cineasta del emprendimiento

Cheryl Miller Houser tenía una gran carrera como ejecutiva de TV y nominada al Oscar, pero a los 52 años dejó todo y se independizó.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Decidió dejar de ser "siempre la segunda" y su proyecto triunfó.

Labib tiene 22 años. Es hijo de inmigrantes de Bangladesh que se endeudaron para que él estudiara Ingeniería Biomédica en la Johns Hopkins University. Labib podría conseguir un trabajo estable y bien pago, pero, para gran frustración de sus padres, tiene otros planes: quiere emprender. Dextina es hija de una madre soltera originaria de Guyana, quien la sacó adelante trabajando en varios empleos y logró así que ella se convirtiera en parte del dos por ciento de mujeres afroamericanas que son ingenieras en Estados Unidos. Dextina estudió en el MIT y es parte de un emprendimiento en Detroit, una ciudad económicamente deprimida, que alguna vez fue un polo de innovación y crecimiento en Estados Unidos. Ahí, en un ambiente ajeno, busca hacerse un lugar.

Labib y Dextina forman parte del grupo de seis emprendedores de poco más de 20 años que la documentalista Cheryl Miller Houser y su colega Cynthia Wade siguieron durante meses para mostrar la persistencia y determinación que requiere el emprender en tiempos en que, según el documental y recientes estudios en Estados Unidos, comenzar un negocio propio se está convirtiendo en una tendencia en baja: la más baja de los últimos 25 años. El resultado es Generation Startup, una cinta de 90 minutos —disponible en Netflix— en la que los protagonistas sueñan, se frustran, tropiezan en el camino y vuelven a levantarse. También, en el proceso de enfrentar situaciones inesperadas, crecen y maduran. "Esta película se trata antes que nada de jóvenes que están formando su personalidad obligándose a salir de su zona de confort",dice desde Nueva York Cheryl Miller Houser.

La documentalista sabe de lo que habla: para ella Generation Startup no es cualquier proyecto, es un espejo del proceso que ella vivió cuando, tras una exitosa carrera de tres décadas en la industria televisiva, decidió partir de cero y crear Creative Breed, su propia empresa de producción multimedia. "Encontré mucha inspiración en los jóvenes emprendedores que seguimos. Yo decía: Wow, míralos. Si ellos pueden, yo puedo".

El cambio.

Toda su vida hasta 2013, Cheryl había sido "segunda al mando" en varias productoras televisivas importantes. Había ayudado a distintos hombres ("algunos difíciles", precisa), dueños de productoras de películas y de contenido televisivo, a "construir sus compañías". Había jugado el rol de "psicóloga", de "madre", de "contenedora", para quienes trabajaban con ella. Había captado talentos y ayudado a hacerlos crecer, construido equipos y desarrollado proyectos. Hasta que se cansó.

"Llegué a una edad en mi vida en que pensé que quería ser dueña de mi propio destino, quise controlar los programas que hacía y solo quería hacer contenidos que me inspiraran y que levantaran el ánimo o le dieran alegría a los demás" dice, y agrega: "Además, ya no quería seguir las instrucciones de otros, con las cuales no siempre estaba de acuerdo. Quería poder manejar una empresa con corazón, alma y humanidad".

Tal como explica en su página web, Creative Breed apunta a "crear contenido que convoca emocionalmente y que inspira a la gente a pensar, sentir y actuar".

La conexión con quienes la rodean siempre ha sido un valor para Cheryl Miller Houser. Fue su empatía, de hecho, lo que le permitió comenzar su carrera con un éxito. A los 19 años, mientras estudiaba Literatura Comparada en la Universidad de Brown, hizo la práctica en la filmación de Children of Darkness, un documental sobre niños con enfermedades mentales que fue nominado al Oscar en 1983. Así, de pasante pasó a ser uno de los pilares de la realización de la cinta.

"Como era mujer y joven, fui la que más sintonía tuvo con esos niños. El director era brillante, pero era un hombre que medía como 1,95 metros y creo que eso era intimidante para los pequeños, sobre todo porque algunas de las niñas habían sido abusadas sexualmente. Así que terminé siendo quien identificó a los niños que filmamos y quien hizo las entrevistas frente a las cámaras. Fue una experiencia extraordinaria".

Siguieron tres décadas de trabajo que la llevaron primero a desarrollar y producir largometrajes (entre ellos Spanking the Monkey, en 1994, que ganó el Premio del Público en el festival de Sundance). Luego se involucró en la producción de programas para canales de televisión como Discovery Channel, National Geographic y History Channel, entre otros, y de documentales de distinta índole, entre los que destaca Trust Me, que muestra la vida en un campamento interreligioso en una zona rural de Carolina del Norte tras los ataques del 11 de septiembre de 2001. Justo antes de lanzar Creative Breed, Cheryl estaba a cargo del departamento de producción de Atlas Media Corp.

—¿Por qué usted se demoró tanto en emprender?

—Por miedo. Siempre es más fácil saber que uno va a recibir un sueldo a fin de mes y que no hay que preocuparse de tener suficiente dinero para cubrir todos los gastos, o ser responsable de asegurarse de que la empresa funciona. Ahora que lo hice, me pregunto por qué me tomó tanto tiempo encontrar la valentía para hacerlo.

El tinte social que cruza la película puede tener que ver con la propia historia de Cheryl. Criada en Nueva York, creció con un padre "ciego ante los roles de género" y que siempre le dijo que podría "ser lo que quisiera, incluso presidenta de los Estados Unidos, si trabajaba duro para conseguir lo que se proponía". Su madre, agrega, también fue un modelo marcador, aunque tuvo con ella una relación más compleja. "Mi madre tuvo que dejar la universidad porque su padre era un apostador y perdió el dinero para su educación jugando. Entonces se involucró en la lucha por los derechos civiles, fue muy activa en la defensa de los derechos de las personas de color y en ayudar a los barrios pobres" cuenta Houser.

Más tarde la contrataron en la Fundación Ford, y luego trabajó para el gobierno de Jimmy Carter y pasaba cuatro días a la semana en Washington. "Fue un modelo increíble, pero viajaba mucho", dice. "Me sentía orgullosa de ella porque tenía una vida muy rica, pero también enojada porque no estaba más en la casa".

Madre de dos hombres y una mujer, Miller Houser siempre estuvo fuera largas horas. Durante años, no llegó a comer a la casa, y su marido, quien trabaja en Wall Street, se hacía cargo de los niños en las tardes. Pero había dos cosas en las que ella no transaba: cada vez que asumía un cargo nuevo especificaba que no viajaba y que iba a la oficina solo cuatro días a la semana, aunque siguiera conectada remotamente los viernes. "No estaba muy presente durante la semana, pero soy muy cercana a mis hijos. Y sé que soy un modelo importante para ellos y que les ayudo mucho", dice. 

Mujeres que se plantan e inspiran.

"Aprendí mucho de esos niños. Me inspiró su determinación y dedicación. Su afán de vivir la vida en sus propios términos en vez de seguir el camino convencional o lo que sus padres o la sociedad esperan de ellos. Me inspiraron por su coraje en entregarse a la construcción de algo difícil y riesgoso a una edad muy temprana", dice Cheryl Miller Houser a propósito de su documental. Y agrega: "Yo recién había lanzado mi compañía y, como ellos, muchas veces me sentí fuera de mi zona de confort. Y como ellos, crecí al hacerlo. Con esta película, que fue el primer gran proyecto de Creative Breed, casi nos quedamos sin fondos. Terminamos con 200 horas de filmación y no tenía idea de si sería capaz de hacer una película coherente con seis historias diferentes. Pero persistí, al igual que ellos".

En Generation Startup solo dos de los protagonistas son mujeres. Pero son mujeres potentes, determinadas a contribuir a generar cambios en la sociedad. Está Kate, una joven programadora que consigue crear una red de mentores para mujeres en tecnología llamada Women Rising. Y está Dextina, la ingeniera afroamericana, quien conmueve por su sentido del sacrificio. "Dextina luchó tanto para estar donde está, y se nota en la cinta que se siente fuera de lugar en el mundo en que está. No se siente en su hogar en este ambiente en que la mayoría de las personas son blancas y hombres; no puede ser completamente auténtica, pero es muy inspiradora porque tiene la postura de decir: Tengo que quedarme aquí para poder progresar y que haya más personas como yo aquí", señala Miller Houser.

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