NOMBRES

El Cigala en su lado íntimo

Lejos de detenerse tras el fallecimiento de su mujer, el expositor del flamenco más internacional de España está más activo que nunca.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El cantaor se radicó en República Dominicana hace tres años. (Foto: Google)

Diego El Cigala se escucha cansado. Al otro lado del teléfono, en Melbourne, Australia, son las diez y media de la noche, y el cantaor gitano está en medio de la preparación de una serie de conciertos en Australia, Nueva Zelanda y España, con un show con el que viene dando la vuelta al mundo y que ha pasado por países como Estados Unidos, Japón, México y España.

Diego Ramón Jiménez Salazar (su verdadero nombre) está cansado: en el último año prácticamente no ha parado. Ni siquiera lo hizo el pasado 19 de agosto, cuando su mujer y mánager por 26 años, Amparo Fernández, murió en República Dominicana horas antes de que él diera un concierto en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, a causa de un cáncer que mantuvo en privado hasta cuando la enfermedad se hizo inevitablemente evidente.

Ese día, Diego El Cigala, de 47 años, se subió al escenario sin decir nada, e inició su repertorio con La canción de las simples cosas, de su disco Romance de la luna tucumana, de 2013: "Uno se despide/ insensiblemente/ de pequeñas cosas./ Lo mismo que un árbol/ en tiempos de otoño/ se queda sin hojas./ Al fin la tristeza/ es la muerte lenta / de las simples cosas./ Esas cosas simples/ que quedan doliendo/ en el corazón".

En su momento, el artista dijo en algunas entrevistas que siguió adelante con su compromiso porque ella así se lo hizo prometer: que no cancelara su gira, pasara lo que pasara. Escueto, con las palabras contadas, cuando se le pregunta por su familia dice: "Es lo más importante del mundo. Mis hijos, mis nietas. Lo más importante de mi vida". Y agrega: "Son mi duende", para resumir ese estado característico que en el flamenco invade y da fuerzas para convertir su voz en un arte.

Luego de la muerte de Amparo Fernández, algunos medios de comunicación se preguntaron cómo seguirían los días de El Cigala, ya que su mujer no sólo administraba su carrera, sino que además era su principal puntal en todas sus decisiones. Ella estaba a su lado cuando el cantante conoció al director español Fernando Trueba, quien a su vez le presentó al pianista de jazz cubano Bebo Valdés, que marcó un antes y un después en la carrera de El Cigala. Con él grabó en 2003 Lágrimas negras, un álbum en el que fusionó el flamenco con la música cubano-latinoamericana, que le hizo ganar un Grammy Latino y fue elegido por The New York Times como disco del año.

—¿Qué significó para usted Lágrimas negras?

—Me provoca muchísima emoción, porque gracias a ese disco conocí el mundo entero. Bebo Valdés fue lo mejor que me pudo pasar en mi carrera artística. Con Bebo conocí a mi superhéroe, alguien que me introdujo en otros aspectos musicales.

Lejos de haber interrumpido su carrera luego de la pérdida, El Cigala ha seguido con la intensidad de un cantaor para quien el flamenco es "un estado de ánimo", y que ha dicho varias veces: "Si no fuese un incomprendido no tendría gracia hacer todo esto".

Para El Cigala "el flamenco tiene mucha jondura y mucha verdad. No es música de cartón, sino música verdadera, muy de la tierra, muy del pueblo, muy pasional, con lo que eso conlleva", afirma al explicar qué es lo que lo mueve.

El artista ha dicho varias veces que es el miedo, también, un gran motor de su búsqueda musical, y el que lo ha hecho explorar incansablemente fuera de las fronteras del flamenco clásico. Ha contado que sintió miedo, por ejemplo, cuando presentó su disco Cigala & Tango en Buenos Aires, ante una audiencia que no sabía cómo reaccionaría ante himnos como El día que me quieras o En esta tarde gris en versión flamenco. "Los miedos te mantienen alerta, para poder seguir buscando la música".

Lo cierto es que esos quiebres, esos atrevimientos —haber salido del flamenco tradicional para aventurarse en nuevas búsquedas musicales— le han permitido convertirse hoy en el expositor del flamenco más internacional de España, cuyo nombre se ha unido a la lista de otros grandes como Paco de Lucía, Camarón de la Isla y Tomatito.

Evocar la nostalgia.

Su último disco editado, Vuelve el flamenco, de 2014, marca un regreso del cantante a los ritmos que lo vieron nacer en Madrid, y un homenaje al guitarrista Paco de Lucía. Sin embargo, la gira que lo trae también a América Latian lo encuentra presentando Cigala y piano, un trabajo mucho más personal. "He querido buscar los temas que más me han gustado, los temas que me han hecho llorar de emoción".

Por ahora, no hay espacio para volver a República Dominicana, donde el cantante se radicó junto a su familia hace tres años en el balneario de Punta Cana y adoptó la nacionalidad de ese país.

"Allá estoy relajado. Es lo mejor del mundo", dice entre risas y con acento caribeño. "De España me fui porque me dio la gana, porque me apeteció. Aunque España para mí significa todo", afirma.

De fondo, desde Melbourne, además de su voz cansada, se escucha el ruido de sus pulseras y el choque de sus anillos: un desfile de oro y cascabeleo que lo acompaña por donde quiera que vaya. Sabida es la importancia que tienen las palmas para un cantaor de flamenco.

—¿Qué significan para usted sus manos?

—Son todo. Son la manera de gesticular y de hacer con mi música. Para mí es todo, cariño. Cuando estoy cantando gesticulo con las manos. Eso es lo que se llama interpretar. ¿Las pulseras y los anillos? Los llevo porque a los gitanos nos gusta mucho el oro. 

CANCIONES QUE SON MEDICINAS

Pocas horas después que su mujer falleció, Diego El Cigala se subió al escenario. "Las canciones fueron medicina. Preparamos una dedicatoria más las canciones que nos salieron del alma, con los temas que más le gustaban a mi compañera; las que llevaban un poco del aura de ella", declaró poco después al diario La Nación de Costa Rica. Ocho meses más tarde, siente que Amparo está con él en cada concierto.

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