NOMBRES DEL DOMINGO

Chazelle, un sueño que es realidad

Escribió La la land hace cinco años pero sentía que necesitaba vivir más para que fuera lo que pretendía. Y vaya si lo logró.

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Chazelle escribió y dirigió La La Land. Foto: Reuters

Damien Chazelle se ve más joven de lo que en realidad es. A sus 31 años, parece un chico en el inicio de su veintena. Sus rulos casi infantiles, que se agitan sobre su cabeza cuando gira para escuchar una pregunta, y esa manera de mirar y responder ávidamente con un escaso bigote debajo de la nariz, hacen aún más admirable su condición de genio precoz del cine.

Este director, guionista (también ha escrito filmes de terror como Calle Cloverfield 10) y músico (asumidamente frustrado) se encuentra mirando cómo el mundo de los festivales de cine, la industria y la crítica se pone a sus pies de La La Land: su más reciente filme, un musical que logró un récord de 14 nominaciones a los Oscar, que incluyen Mejor Director y Mejor Película. "Fue un poco una conmoción y un gran honor", dijo tras recibir la noticia.

Escritor de sus propios guiones, este cineasta estadounidense creó el libreto de La la land hace años. Antes incluso de conseguir notoriedad con Whiplash, su aplaudida película de 2014 con la que obtuvo cinco nominaciones al Oscar de ese año y que ganó en tres categorías, incluyendo la de Mejor Actor Secundario para J.K. Simmons.

Como el mismo Chazelle ha reconocido, Whiplash fue la historia de su vida, de su intento de estudiar jazz, su gran pasión, y de ser un baterista genial. Pero a diferencia del protagonista de Whiplash, reconoce, las cosas fueron distintas para él. "Sabía que no iba a ser un baterista lo suficiente bueno, y las películas llegaron antes", resume para comenzar a explicar cómo es que un chico como él se consagra como una de las figuras con mayor futuro en la escena actual del cine.

"Crecí queriendo hacer películas y la batería era más una cosa momentánea, y me mentí a fondo en eso, quizá demasiado, pero creo que siempre supe que no tenía lo requerido para ser baterista. Y preferí hacer películas sobre ese tipo de cosas que ser esa persona", dice este artista criado en el seno de una familia de profesores universitarios, con el idioma francés como parte del menú casero porque su padre tiene esa nacionalidad. "Pero, sin duda, la razón por la que la música se mantiene tan importante en mí, se debe a mi lado de baterista. Aún pienso de forma rítmica y amo ese lado del proceso, desarrollar la música mientras estoy trabajando el guion, editando, y así ver la musicalidad de la película incluso si no la hay. Amo ese tipo de filmación", afirma.

De hecho, desde sus inicios en cine, no hace mucho, Damien Chazelle pensaba en música: su primer largometraje, Guy and Madeline on a Park Bench ( 2009), es un musical jazzístico y triste, en blanco y negro, sobre un trompetista entre dos amores. Filmada de modo experimental y de muy bajo costo, la cinta fue un germen que creció y creció hasta dar brotes como en La la land.

"Cuando primero escribí el guion de La la land fue por 2010 o 2011, y era más o menos, a grandes rasgos, lo que se verá en la pantalla, pero no había hecho Whiplash. Hice Whiplash para ganar credibilidad, para poder hacer más cosas". También pienso: "Gracias a Dios, nadie me dejó hacer La la land en esa época", porque lo más probable es que lo hubiera arruinado o probablemente no hubiera dado con el casting correcto. O alguna otra cosa no habría tenido.

A pesar de sus 31 años, este joven cineasta es consciente de que dejar correr el tiempo es necesario para la vida y, sobre todo, para hacer buen arte. "Pude haberlo estropeado porque sé que en ese tiempo no había vivido lo suficiente en ciertas áreas para saber qué estaba diciendo de los personajes X, Y, Z. Una cosa que, sin duda, he aprendido de todo este proceso es que hay que aceptar que a veces no hay mal que por bien no venga. Y que la ciudad de Los Ángeles te hace una persona muy impaciente. Y yo soy una persona muy impaciente. Entonces, mucho del proceso de La la land, para que partiera, fue entender que yo debía crecer. Y eso fue por el bien mayor del proyecto. Gané ahí una pequeña cantidad de sabiduría".

Este lúcido joven, que ha construido con La la land un film que grandes directores de antaño como William Friedkin (El exorcista) han catalogado como la actual esperanza de Hollywood, reflexiona con un asombroso conocimiento de causa sobre lo que hace y cómo lo hace. Precoz, con apenas su tercera cinta como director, Damien Chazelle ya está a la altura de un maestro.

"Creo que este género, el musical, es desafiante. Hay una suerte de corriente experimental en los musicales, aunque en su época dorada fueron la forma de arte más populista y mainstream que existía. Amé esa energía y las ganas de romper las reglas con La la land —comenta, y sigue entusiasmado—. Y luego, bueno, eso fue lo primero que me atrajo del género. Pero a medida que me enamoré más y más de los musicales, encontré que eran películas más emocionales. No películas felices, pero sí las que más me hacían sentir triste o que me afectaban de cierta manera... porque los mejores musicales te hacen más vulnerable emocionalmente que otras películas más realistas".

Nostálgica, La la land es una cinta que mira al propio corazón del pasado del cine. Es verdad, está ambientada en el presente, pero resulta imposible no ligarla con melancolía con clásicos musicales; es decir, con otro tiempo y lugar. "Sí, sin duda es nostalgia. Lo cierto es que una de las cosas complejas del filme es que nació a partir del amor por esas películas antiguas. Pero la única razón de hacerla era encontrar una manera de rodar un musical, pero con cosas nuevas, para que al final el filme no fuera solo nostalgia o una pieza para el museo. ¿Existe una razón de peso para que exista un musical hoy? Por eso que tenía que estar ambientado en el presente. ¿Hay un espacio para el romance hoy? Porque vivimos en una era más fastidiada, y quizá eso significa que tengamos más razones para tener este tipo de romance".

Damien Chazelle articula sus ideas como si fueran una jam session, pura improvisación ordenada. A veces se atrasa o adelanta en las palabras que se atropellan en su boca. Como si tuviera un tutor interno, que le dijera dentro de su cabeza "Were you rushing or were you dragging?" (¿Te estabas apurando o como sin fuerza?), tal y cual repite el abusivo maestro Terence Fletcher en Whiplash al pobre aprendiz de músico del protagonista.

El próximo filme de Damien Chazelle no será un musical, sino que contará la vida de Neil A. Armstrong, el primer hombre en caminar sobre la Luna. "No es sobre un artista pero se enfoca en el sacrificio que requirieron sus logros y como se balancea eso con una vida personal", ha dicho. Lo que seguro tendrá es gran expectativa del público y la crítica. 

Una pareja que nació en el rodaje.

Aunque ellos no lo confirmaron las revistas del corazón coinciden en que Damien Chazelle y Olivia Hamilton se conocieron durante el rodaje de La la land en 2015, y allí nació el amor. Aunque Chazelle no suele protagonizar muchas notas por su vida privada, a mediados de enero su decisión de invitar a su exmujer Jasmine McGlade a la gala de los Globos de Oro acaparó titulares. Hamilton, lejos de molestarse, conversó animadamente con ella.

"El cine vive una crisis de identidad".

"Este género (el musical) permite disociar la realidad de la fantasía; es el que más acerca de todos los que componen el cine al deseo".

"Siempre es un buen momento para ser artista, para ser lo que quieres ser, para salir de tu zona de confort y soñar a lo grande sin que nadie te diga lo contrario"

Tengo la impresión de que la industria, por desgracia, parece decidida a borrar su pasado, a ignorarlo. La duda es siempre la misma: ¿intentás preservar lo que amas de verdad de un arte aun a riesgo de convertirlo en algo sólo para minorías o, al revés, modernizas tanto el cine hasta transformarlo en algo bastardo? ¿Dónde pones la balanza?".

"El propio cine vive ahora una crisis de identidad. Duda entre quedarse con lo mejor del pasado y arriesgarse a una nueva frontera fuera de las salas de cine que es incapaz de definir".

"Lo más relevante para mí de todo este proyecto tiene que ver conmigo y con tantos otros que, como yo, conformamos el material humano de Los Ángeles. Yo me vine a esta ciudad con la idea clara de convertirme en cineasta, en artista. Era el deseo lo que me movía y me mantenía en las larguísimas horas en la más absoluta soledad".

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