HISTORIAS

A la caza de los monstruos

Hace 24 años que un inglés acampa junto al lagoNess de Escocia para tratar de descubrir a su mítica criatura: no es el único que está buscando seres de leyenda.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Recreación del legendario monstruo del lago Ness.

LUIS PRATS

Allá por 1991, un británico llamado Steve Feltham vendió su casa, dejó su trabajo y a su novia y se instaló junto al lago Ness de Escocia. El propósito era dedicar todo su tiempo a descubrir al mítico monstruo que, según la creencia de muchos, habita la zona.

Veinticuatro años más tarde Felthman sigue acampado en la orilla, mirando casi todo el día las tranquilas aguas, pero lo único que ha conseguido es aparecer en el Libro Guinness de los récords como la persona que más tiempo ha buscado a la legendaria bestia apodada Nessie. Y también ha cambiado de opinión: ahora no piensa que se trata de un dinosaurio que sobrevivió a la extinción masiva de sus congéneres sino que es simplemente un gran pez, según declaró a la prensa.

Las historias sobre extrañas criaturas abundan en el mundo, incluso en Uruguay, donde se supone que somos pocos y nos conocemos. La afición por estos fenómenos de la naturaleza dio origen a una pseudo ciencia, la criptozoología, e incluso animó a muchos a realizar sus propias búsquedas.

Los exploradores de lo desconocido jamás se encontraron con Nessie, con el Yeti o el Pie Grande. Mucho menos con una bella sirena y ni siquiera con el pequeño pero malvado Chupacabras. Sin embargo, una foto borrosa, un video discutible, alguna huella, les hizo pensar que se estaban acercando. Y siguen buscando.

Nadie como el buen Feltham, quien vive en una pequeña casa rodante junto al lago Ness. En su página web (www.nessiehunter.co.uk) se lo puede ver oteando las aguas, tocando el piano que apenas cabe en su vivienda, mostrando el certificado de su récord mundial, pero en ninguna foto aparece el ansiado Nessie, pese a que se trata del críptico —nombre que se da a estos animales legendarios— más famoso del mundo.

Vieja leyenda

El lago Ness, o Loch Ness en dialecto local, es un bello paraje de las Tierras Altas escocesas que hace siglos dio pie a numerosas leyendas. La de su monstruo se consolidó en la década de 1930, cuando se difundió la foto de un extraño animal de largo cuello asomando de sus aguas. Algunos lo identificaron con un plesiosaurio, sobreviviente al fallecimiento masivo de los dinosaurios hace 65 millones de años después. Después de todo, ¿por qué no pudieron salvarse algunos?, dicen los lugareños, obviando el detalle de que el lago se formó con las glaciaciones de hace unos 100. 000 años.

La supuesta presencia del monstruo genera a la región unos 25 millones de libras al año en concepto de turismo, por lo cual será difícil encontrar a un escocés que no crea en Nessie. Y eso que hace algunos años se probó que aquella foto había sido trucada.

Hace pocos días, The Times de Londres informó que Feltham se había dado por vencido en su cruzada. El interesado lo negó, aunque admitió que tal vez su objetivo no sea un dinosaurio sino un pez de gran tamaño, tal vez un bagre. Pero seguirá atento. ¿Cómo sobrevive? Hace manualidades con figuras de Nessie, que vende por 20 dólares (envío incluido). Eso sí, los muñequitos muestran al monstruo como un dinosaurio.

Felthman no fue el primero en buscar a Nessie. En 2003, la BBC financió una investigación científica que desplegó hasta 600 sonares con seguimiento por satélite para barrer el lago por completo. Nada apareció.

Mono gigante

Otra criatura mítica que se mantiene esquiva es el Yeti, o Abominable Hombre de las Nieves, a la que sitúan en el Himalaya o incluso en Siberia, así como su primo Pie Grande, nativo del Noroeste de Estados Unidos. En ambos casos, se trata de simios o humanoides de talle extra extra large, cubiertos de pelo. La principal señal de su supuesta existencia son sus huellas en la nieve, mucho mayores a las de un ser humano. Nunca se capturó a ninguno vivo, ni se encontraron restos creíbles.

En 1967, un tal Roger Pattinson filmó a Pie Grande en un bosque del Norte de California. El mono colosal se alejaba caminando tranquilamente, con paso decididamente humano, miró al camarógrafo y siguió su camino.

En 2012, Jeffret Meldrum, profesor de antropología y anatomía de la Universidad Estatal de Idaho, logró que el instituto le aprobara un proyecto para ir tras Pie Grande: un dirigible a control remoto equipado con cámaras de detección térmica que podrían encontrar esa gran masa peluda. No hubo más noticias sobre la idea, pero lo más probable es que el dirigible nunca haya levantado vuelo, porque Meldrum necesitaba 300.000 dólares para financiar el plan y apelaba a donantes privados.

Otra leyenda, más reciente, habla del chupacabras, un monstruito verde y de filosos dientes encaprichado con atacar al ganado. La historia surgió hace unos 25 años en Puerto Rico, donde aparecieron algunas cabras muertas y desangradas tras extraños ataques. Luego, el campo de acción del chupacabras se extendió a Estados Unidos, México y América del Sur, incluso a Uruguay. La muerte imprevista de vacas u ovejas pasó a ser atribuida a esta criatura, salvando de la acusación a otros sospechosos más probables, como coyotes o perros. No es necesario aclarar que todas las pesquisas sobre el chupacabras fracasaron.

En Internet suelen circular fotos o videos con supuestos cadáveres de chupacabras y otros engendros. Dejando de lado los montajes de bromistas, se trata de simples animales muertos, muchas veces en tal estado que son repugnantes sin necesidad de haber sido en vida un ser legendario.

Por ejemplo, son comunes los supuestos restos de sirenas que el mar deposita en la orilla, ya despojados de su mítica belleza. Si bien Ulises se ató al mástil de su barco para no caer rendido ante su canto, en la antigüedad muchos suspiraron buscando esas damas con cola de pez. Hace dos años, el municipio de la localidad israelí Kiryat Yam ofreció un millón de dólares a quien encontrara una sirena, tras el estupor provocado por la filmación de unos jóvenes, que a lo lejos creyeron ver una cuando se zambullía en el mar. Pero todo era parte de un truco publicitario para promover un falso documental sobre las sirenas.

Lobizones.

La bestia uruguaya fabulosa más tradicional es el lobizón, que corre con una ventaja para no ser descubierto: salvo las noches de luna llena, se presenta como una persona cualquiera, con la única particularidad de ser séptimo hijo varón. En realidad, es una leyenda común en muchas partes del mundo que, como se sabe, ha llegado varias veces al cine.

Nadie ha reportado ningún hombre lobo últimamente, aunque el cronista recuerda una historia relatada por un tío memorioso, que tenía una familia vecina compuesta por siete varones. Una noche de luna, el tío fue seguido por un perrazo oscuro. Para espantarlo, le lanzó una piedra y le acertó en la cabeza. Al otro día, el hijo menor del vecino apareció con una herida en la frente. Así lo contaba el tío. Tan cierto como la búsqueda de Nessie en Escocia.

Desde la orilla del Lago Ness

"Me he propuesto dos objetivos: primero, detectar a Nessie, y segundo, llevar todos los avistamientos a la consideración pública". Así se presenta Steve Feltham en su blog. Desde 1991 está en esa tarea, pero sin éxito. "Decir que soy un hombre paciente sería un eufemismo", declaró en 2008 a The Guardian. "Este tema me ha fascinado desde 1970, cuando tenía siete años".

El simio gigantesco

Miles de kilómetros los separan, pero el Yeti y Pie Grande se parecen mucho. El primero vive supuestamente en el Himalaya o en Siberia. El famoso alpinista italiano Reinhold Messner afirma haberse topado una vez con el Yeti, pero lo identificó como un gran oso pardo. Pie Grande es originario del Noroeste de Estados Unidos. Pese a que nunca se encontró ninguno vivo o muerto, son comunes las convenciones para discutir su existencia, ya sea por creyentes o por quienes lucran con él.

De la fábula a la ciencia

La primera noticia sobre una extraña criatura en el lago Ness de Escocia viene del siglo VI, a partir de un presunto encuentro con un monje. La leyenda se agigantó en el siglo XX, de la mano de los tabloides británicos, siempre dispuestos a lanzar titulares escandalosos. La foto del cirujano R. K. Wilson en 1934 pareció la "prueba" clave, aunque años después se admitió que la imagen había sido trucada. En 1972, un grupo de investigadores de la Academia de Ciencias Aplicadas de Boston utilizó un equipo de sonar y dio con algo inusualmente grande bajo la superficie del lago, pero sus conclusiones no pasaron de eso. Las aguas son muy oscuras por la presencia de turba, por lo cual la tecnología de la época no podía llegar más allá. En 1987 se organizó una expedición de 20 barcos equipados con cámaras y material electrónico de detección ultraperfeccionado para rastrear el lago. Todo fue en vano. En este 2015, Google habilitó imágenes del lago en 360 grados, por si Nessie se decide a aparecer. Hasta ahora no lo hizo.

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