URBANISMO

Calles son memorias

La historia de Montevideo es también la del constante cambio de nombre de sus vías de tránsito, una vieja costumbre que la Comisión asesora del Nomenclátor lucha por revertir.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La calle Luisa Domínguez recuerda a una pionera en el estudio femenino (Foto: Fernando Ponzetto)

LUIS PRATS

Peatones y choferes pasaron y pasan por estas calles, sin saberlo: Del Piquete, de la Iglesia, Traviesa, Mediodía, Cololó, Médanos, de la Prensa y Orillas del Plata. Algún día, quizás, transiten por Manuel Flores Mora, Vivián Trías, José Pedro Cardoso, Dalton Rosas Riolfo, Fermín Sorhueta, Héctor Rivadavia Gómez, Fausto Batignani, Ciudad de Pinerolo, Atahualpa del Cioppo, Sócrates, Platón o Carlos Partelli.

Las del primer grupo cambiaron de nombre hace mucho tiempo, por lo que su recuerdo se fue junto a la memoria de quienes así las conocieron. Las del segundo están esperando una resolución y una chapa que las convierta oficialmente en vías de tránsito de Montevideo.

Si se agregan caminos, plazas y espacios públicos, en la capital del país hay más de 4.000 sitios que llevan algún nombre en homenaje y recuerdo de figuras, acontecimientos, accidentes geográficos y hasta animales o plantas. Aunque, en realidad, la primera función de estas denominaciones es situar, atribuir un lugar a quien reside allí y orientar al visitante.

En esa perspectiva, modificar el nombre de una calle representa ir contra la memoria de la ciudad, según el criterio que desde hace años utiliza la Comisión de Nomenclatura de Montevideo. La historiadora María Emilia Pérez Santarcieri, que la integra desde hace 25 años y la preside desde hace 20, afirma que los cambios "también afectan la coherencia de las designaciones. Y hasta a la gente que vive allí. Por ejemplo, quienes reciben correspondencia desde el exterior".

Antes de esta postura, sin embargo, existió entre las autoridades montevideana una verdadera compulsión por modificar los nombres de las vías de tránsito, atendiendo reclamos de vecinos o el viento político del momento.

El origen.

Las primeras designaciones fueron dispuestas por el Cabildo en 1730, cuando Montevideo era poco más que un caserío. Se trataba de un nomenclátor lugareño, porque se fijaba en las señales de ubicación (De la Iglesia, del Puerto), tal como suele ocurrir cuando alguien llega a un balneario pequeño, pregunta por alguna dirección y le dicen: "Siga por la calle del quiosco".

"El único nombre propio era Callo, un francés que estuvo entre los primeros pobladores y cuyo apellido probablemente llamó la atención", comenta Pérez Santarcieri.

Aquellos nombres originales eran: de la Fuente (actual Cerrito), de la Cruz (de Mayo), Real (Rincón), de la Carrera (Sarandí), del Piquete (Buenos Aires), de Callo (Zabala), Traviesa (Misiones); del Puerto chico (Treinta y Tres), de la Iglesia (Ituzaingó), del Medio (Juan Carlos Gómez) y Entera (Bartolomé Mitre).

Para 1778, la plaza colonial había crecido en forma modesta, pero suficiente a juicio del Cabildo como para tener nuevas calles y rebautizar las viejas, apelando al santoral. Callo pasó a ser San Francisco, Traviesa se convirtió en San Felipe, del Puerto Chico en San Joaquín, de la Iglesia en San Juan, del Medio en San Fernando, Entera en San Telmo, de la Frontera en San Miguel, de la Fuente en San Luis, del Piquete en San Sebastián… Y se agregaron San José (hoy Guaraní), Santo Tomás (Maciel), San Vicente (Pérez Castellano), San Benito (Colón), San Agustín (Alzáibar), Santiago (Solís) y San Diego (Washington).

Lamas.

En plena Guerra Grande (1843), el jefe político de Montevideo, Andrés Lamas, aprobó un nuevo nomenclátor, que en buena medida se mantiene.

"Es interesante comprobar cómo, cuando el país estuvo estremecido por hechos de violencia también se hicieron cosas. Por ejemplo, en 1904, durante la guerra civil, se puso la piedra fundamental de la Facultad de Medicina", comenta la historiadora. Agrega que Lamas era "muy culto y brillante", pero su figura quedó ensombrecida por los tratados con Brasil de 1851.

"Su nomenclatura es un viaje por la historia —señala—. Primero los indígenas, luego Colón y los descubridores, después Reconquista y Brecha por las invasiones inglesas, las batallas artiguistas, los Treinta y Tres Orientales, ríos del país y los departamentos, más un único nombre extranjero, pero de mucho prestigio, Washington", agrega.

El primer cambio se registró en 1901, cuando Patagones pasó a ser Juan Lindolfo Cuestas, homenaje en vida al entonces presidente (un caso singular, acaso único). Luego Cerro se cambió por Bartolomé Mitre, Cámaras pasó a ser Juan Carlos Gómez, Julio Herrera y Obes borró a Daymán y así continuó....

Repeticiones

El nomenclátor también se llenó de contradicciones y situaciones extrañas cuando los emprendedores inmobiliarios empezaron a crear barrios para rematar solares y ellos mismos dieron designación a sus vías de tránsito. Por eso, en varios puntos de la ciudad se repetían las calles Artigas, Garibaldi o Rivera. Además, pensando en atraer clientela en determinados sectores, se usaron nombres como Apóstoles o Masonería.

Vale la pena repasar algunas denominaciones de comienzos del siglo XX por todo Montevideo: Camino Hipódromo (hoy Julio María Sosa), Cololó (José Scoseria), Calle de la Prensa (José Vázquez Ledesma), Orillas del Plata (Galicia), Salsipuedes (Juan Paullier), Timbó (Emilio Frugoni), Médanos (Javier Barrios Amorín), Caiguá (Eduardo Acevedo), Estanzuela (Gonzalo Ramírez), Samuel Lafone (José Luis Zorrilla de San Martín), Mediodía (Itapúa), Samayúa (Julio Herrera y Reissig), Río de la Plata (Juan María Pérez), General Artigas (Tomás Diago)...

Pese a tantas modificaciones, todavía son pocos los nombres de mujer, lo cual la Comisión de Nomenclatura trata de remediar con las primeras graduadas de todas las profesiones o con las maestras varelianas. Por ejemplo, Luisa Domínguerz, la primera mujer que cursó el bachillerato, tiene su calle en Brazo Oriental. También se comenzó a recordar a especies de la fauna y la flora nacional.

Entre quienes esperan su chapa en alguna vía de tránsito hay políticos de actuación reciente, filósofos griegos, figuras de la cultura nacional. E incluso el primer campeón mundial del deporte uruguayo, una propuesta de la propia Pérez Santarcieri: se trata del esgrimista Nicolás Revello, consagrado en 1908.

Homenaje en vida

La calle Patagones pasó a ser Juan Lindolfo Cuestas en 1901. No solo se trató del primer cambio de nombre de una vía de tránsito, sino que se dio el singular caso de que la persona que recibió el homenaje estaba viva: en aquel momento era presidente constitucional de la República.

De Callo a Zabala

Un vecino francés de apellido Callo (se pronuncia Caló) fue la primera persona cuyo nombre quedó asociado a una calle (1730). No duró mucho, porque ya en 1778 se lo cambió por San Francisco. Y desde 1843 es Zabala, por Bruno Mauricio, el militar español que fundó Montevideo.

Recuerdo de una pionera

Luisa Domínguez, una calle de Brazo Oriental, recuerda a una pionera: fue la primera mujer que cursó el bachillerato. El 29 de julio de 1879 rindió, con éxito, el examen de Filosofía, luego que el Consejo Universitario, por mayoría, aceptara su pedido. El hecho, por lo inusual, fue noticia en los diarios.

Con tono tanguero

Una incorporación reciente al nomenclátor es Carlitos Roldán, una calle de La Comercial que recuerda al cantor de tangos. Se llamaba en realidad Carlos Belarmino Porcal, nació en 1913 en ese barrio montevideano y falleció en 1973. Un ejemplo de la presencia de la cultura en la ciudad.

MARÍA EMILIA PÉREZ SANTARCIERI

"Todos quieren que su calle cruce 18 de Julio"

Los pedidos para denominar calles son constantes ante Comisión de Nomenclatura, afirma su presidenta, María Emilia Pérez Santarcieri.

Solamente se aceptan los cambios cuando la calle es discontinua, es decir, se interrumpe en alguna esquina y reaparece algunas cuadras más allá. "Hasta las ambulancias tienen problemas a veces para ubicar las direcciones", añade.

"Todos quieren que su calle cruce 18 de Julio. Pero los nombres nuevos van a la periferia de la ciudad. Algunos lo toman casi como un agravio, aunque el valor de las zonas es algo que va cambiando con el tiempo", señala. Y también observa: "A veces la gente que pide no se toma el trabajo de ver si la calle ya existe..."

La comisión, de siete miembros, se reúne semanalmente en la Intendencia. "Es una comisión honoraria de veras, sin pases libres ni compensaciones", aclara su presidenta. Funciona desde 1952 y por allí pasaron historiadores y figuras de prestigio como Juan Pivel Devoto, Washington Reyes Abadie, Aníbal Barrios Pintos, Antonio Mena Segarra, Julio Pereira Flores y Ricardo Goldaracena.

El proceso de análisis sigue en el Centro Comunal respectivo. De allí va a la Junta Departamental y luego lo manda al intendente. "Hasta ahora nos han hecho caso con las recomendaciones, aunque a veces el proceso se hace lento", indica.

Es necesario esperar diez años de la muerte de la persona para ponerle su nombre a una calle (cinco años en casos excepcionales), una norma que viene de hace mucho tiempo.

Otra tarea de la comisión es dar nombre completo a las calles, lo cual a menudo exige un pormenorizado estudio, porque en algún momento la costumbre era denominarlas apenas con el apellido, lo cual origina dudas y confusiones.

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