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Cadena para salvar a Salto

En los últimos diez días la presencia constante de personas que acuden a donar abrigo y comida para los inundados de Salto pintan al Uruguay solidario.

Pañales, mantas y frazadas son los ítems demandados por la casa de Salto
Pañales, mantas y frazadas son los ítems demandados por la casa de Salto
Las donaciones superaron todas las expectativas durante la última semana
Las donaciones superaron todas las expectativas durante la última semana
Varios camiones ya han partido hacia Salto con la carga de donaciones.
Varios camiones ya han partido hacia Salto con la carga de donaciones.
La llegada de donativos a la oficina salteña es constante en la semana.
La llegada de donativos a la oficina salteña es constante en la semana.
Personas mayores conforman la mayoría de las que se acercan al local.
Personas mayores conforman la mayoría de las que se acercan al local.
Contenedores reciclados como vivienda que se usaron en Dolores.
Contenedores reciclados como vivienda que se usaron en Dolores.

La pequeña oficina de la Intendencia de Salto en Montevideo está abarrotada. Desde hace días no paran de llegar donaciones. El caudal aumenta casi al mismo nivel que el del río Uruguay, cuyos números son escalofriantes. En el fin de semana previo al peor momento de las inundaciones en Salto el promedio estaba en los 30.000 metros cúbicos por segundo. Las aguas de Brasil y en una menor proporción de Argentina no paran de alimentar al río de los pájaros pintados. Salto sufre. Pero en Montevideo una procesión silenciosa no para de llegar hasta las puertas de la Casa de Salto, en Juan Manuel Blanes y San Salvador.

Un matrimonio de veteranos baja de un coche y carga con un par de bolsas abultadas. Para racionalizar las donaciones la oficina pidió a la población que solo lleve mantas, frazadas, pañales y en materia de alimentos únicamente cocoa, azúcar y leche en polvo. La pareja de veteranos se retira a paso vacilante, pero a los cinco minutos arriban otras tres mujeres de avanzada edad, una de ellas con bastón. Cada una carga una bolsa, son mantas de abrigo. Como la mayoría de los que llegan hasta la calle Blanes rehuyen las miradas y prefieren el más absoluto anonimato. Eso ocurre también con personas de gran notoriedad, incluso internacional, que han puesto preservar su identidad como condición.

El que trascendió en distintos medios fue el delantero salteño Edinson Cavani, pero no fue el único jugador de talla internacional que despachó un voluminoso envío a su tierra natal, por más que exigió que no se divulgara su nombre.

"La solidaridad del pueblo uruguayo es algo que conmueve", dice Wilson De los Santos, el jefe de la Oficina de la Intendencia de Salto en Montevideo. Es un hombre alto y corpulento, de cabellos plateados, que no para de coordinar por teléfono con la red de voluntarios que atraviesa medio país. Se lo nota algo extenuado, pero no puede dejar de sonreír cuando se repite el mismo espectáculo silencioso de la calle al interior de la estrecha oficina.

Un alud solidario.

Aunque la cantidad de montevideanos que llega cada día es impresionante, las donaciones también vienen desde alejados puntos del interior para terminar en la oficina montevideana, que en los hechos funciona como el enlace principal para conducir los cargamentos a Salto.

"Estamos más que cubiertos, aunque ahora insistimos con las mantas de abrigo porque sabemos que el número de autoevacuados va a multiplicarse", explica De los Santos.

Las muestras de apoyo no paran de llegar, incluso de otros organismos del Estado que prestan respaldo en cuestiones de infraestructura y logística, como son los casos de las intendencias de Montevideo y Canelones. La red solidaria abarca numerosas instituciones, una de las principales es la asociación de transportistas de carga de Salto, que mediante un acuerdo con la comuna salteña se hace cargo del traslado de las donaciones.

Los mecanismos de ayuda están por demás aceitados, incluso los centros de acopio ya que el ritmo constante de entregas supera rápidamente las dimensiones de la pequeña oficina departamental. "Esta es la sexta inundación de este período, algo tuvimos que aprender", dice De los Santos.

Pese al número de desastres de este tipo que ha sufrido el departamento, este amenaza con ser el peor. Hasta el miércoles la marca mayor la tienen las inundaciones de 1959, cuando la cota del río Uruguay llegó a los 19 metros. El segundo peor registro ocurrió entre diciembre de 2015 y enero de 2016, cuando el río alcanzó los 16,53 metros. Sin embargo las alarmas comenzaron a sonar cuando las aguas empezaron a superar rápidamente los 15 metros. El pico de esta semana llevó la cota a la mayor histórica (1959), cuando debido a la creciente que se viene produciendo en el Sur de Brasil el caudal del río Uruguay alcanzó los 19 metros. Pese a esta situación, las condiciones meteorológicas fueron buenas esta semana, sin lluvias, con cielo despejado y temperaturas que promediaron los 15°C.

Con alrededor de 6.500 evacuados, algo así como dos terceras partes de ellos autoevacuados, la situación de Salto es la peor del país, seguido muy de cerca por Paysandú. Estos números han obligado a mantener abiertas las puertas de la oficina salteña en la capital para continuar recibiendo ropa de abrigo.

El frío, la humedad, la presencia constante del agua convirtieron a Salto en un infierno líquido. Los casos de gripe se han venido multiplicando en los últimos días, algunos agravados por las precarias condiciones de supervivencia fuera del hogar. Alrededor de un millar de carpas se montaron en la zona ribereña por parte de aquellos pobladores de la zona que no quieren apartarse de sus casas, ni siquiera de esa amplia área. Las autoridades del Sistema Nacional de Emergencias dispusieron el traslado de cerca de una decena de contenedores acondicionados para vivienda que primero prestaron servicio tras el tornado de 2016 en Dolores.

También las empresas están prestando una valiosa ayuda, tal el caso de una firma de Rocha —que pidió también mantener el anonimato— y envió un contenedor con cuchetas, mantas, azúcar, cocoa y leche en polvo.

Mientras tanto no cesan de llegar los donantes a la casa de la calle Blanes. Los funcionarios de la oficina corren cuando ven entrar personas cargadas con bolsas. La mayoría de los donativos son mantas y frazadas, pero algunos elementos insólitos hacen sonreír a los empleados de la oficina, como una pila de revistas que un hombre deja junto a las bolsas con abrigo.

Los cargamentos parten en camiones que llegan a Montevideo para descargar frutas y hortalizas en el Mercado Modelo. Antes de poner proa hacia sus pagos, los camioneros enfilan hacia el Barrio Sur para recoger nuevos envíos. La caja de los camiones se llenan rápidamente de decenas y decenas de bolsas y cajas de cartón con víveres. La cadena de distribución sigue en Salto, pero ya desde las dependencias del gobierno departamental que hará llegar los donativos a los diferentes refugios.

El tiempo transcurre lento para los evacuados. Quienes encaran las peores condiciones son las personas que levantaron carpas precarias en las orillas del río. Las bajas temperaturas existentes por las noches hacen de la supervivencia un acto plagado de peligros, sobre todo de orden sanitario. Aún mucho después de que las aguas del río se retiren y dejen al descubierto las casas que estuvieron tapadas queda un largo trecho para regresar al hogar. Las viviendas más humildes perdieron prácticamente todo, las de material quedaron severamente afectadas. Antes de volver a establecerse los pobladores deberán llevar a cabo un proceso de desinfección y limpieza. Pero todo esto no ocurrirá nunca antes de fines de este mes. Las huellas de la vida de refugiados permanecerán en muchos. Pero también el recuerdo de la cadena solidaria que cruzó todo el país.

Durante veinte días el milagro se fue replicando hora tras hora.

Hay algunas escenas que son imborrables. Don Wilson De Los Santos se emociona al recordar a una pareja de invidentes que había llegado el día anterior.

"Un cieguito y su mujer, los dos muy humildes, entraron y nos dijeron: Acá traemos nuestra mantita. Y yo los miraba y me quedé pensando, ¿tendrán plata para el ómnibus? Pero bueno, ellos se sintieron contentos por haber contribuido y eso es lo más importante", contó don Wilson antes de despedirse.

INUNDACIONES EN SALTO.

"Tuvimos que devolver toda una partida de medicamentos".

La consigna tiene que ser, por fuerza, muy clara. Sólo se aceptarán donaciones previamente especificadas: mantas, frazadas, pañales, azúcar, leche en polvo y cocoa. "Hace poco tuvimos que mandar de vuelta toda una partida de medicamentos que querían dejarnos", explica Wilson De los Santos, jefe de la oficina departamental en la capital. La distribución de dichos medicamentos implicaría una logística con la que no cuenta la Intendencia. "¿Cómo verificamos que efectivamente sean entregados a quien los necesita?", apunta el funcionario. Por esa razón el gobierno nacional dispuso una directiva muy precisa: será el Ministerio de Salud el encargado de distribuir medicamentos. De hecho, una unidad móvil enviada por la Secretaría de Estado recorre todas las zonas de refugiados en forma constante, la unidad cuenta con un vacunatorio contra la gripe, que por estos días es uno de los brotes más persistentes. Pero salvo en el millar de carpas que espontáneamente levantaron en la ribera del río, las ayudas, la alimentación y el abrigo llegan puntualmente. Entre los acampantes hay descontento porque sostienen que a ellos las donaciones tardan. Muchos esperan que sobre fines de este mes la pesadilla llegue a su fin.

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