MARCELO SIGNORELLI

"Busco que todos quieran jugar por la Selección"

Su padre es periodista, él jugó al fútbol, pero hoy es el técnico del básquetbol celeste. Tiene un plan ambicioso y sueña con el Mundial de China 2019.

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Marcelo Signorelli, técnico de la Selección uruguaya de básquet. (Foto: Darwin Borrelli).

Todos los fines de semana de su infancia, Marcelo Signorelli los pasó en el Estadio Centenario, acompañando a su padre, Américo, el inventor de las entrevistas de vestuario en la radiofonía uruguaya. Pudo entonces ser futbolista o periodista, pero el deporte tiene sus propios caminos. Aquel niño que jugaba por los pasillos de la platea América, se sacaba fotos con los jugadores o ayudaba con los cables es hoy el director técnico de la Selección uruguaya de básquetbol.

Sin embargo, si alguien lo visita en su apartamento de Pocitos y no conoce su profesión, le costará adivinarla. La única pista es una revista de básquet sobre la mesa. Pero no hay fotos, banderines ni trofeos: todo el "museo" está, justamente, en la casa de Américo.

"Mi viejo era de ir muy temprano al estadio, el primero en llegar y el último en irse. De ahí creo que me inculcó la importancia de cumplir los horarios. Si hay algo que detesto es la impuntualidad. Él armaba todo en el vestuario con aquellos cables enormes, gruesos, que se enchufaban en el rincón del vestuario. Y yo iba atrás…", cuenta Signorelli (53).

Llegó a su especialidad casi por accidente. Jugaba al fútbol en el colegio Fátima, aunque reconoce que no era un habilidoso. A los nueve años lo hicieron socio del Neptuno. "Un día veo un cartel que decía: Se cita a aspirantes al minibásquet. Y me metí. Arranqué en mini B e hice todas las categorías. Y así nació mi amor por el básquet", recuerda Signorelli. Pasó por mini, cadetes, menores y juveniles, siempre con la misma generación. "Te puedo decir el equipo de memoria: yo de base, Grajales, Laserre, Piñeiro y Luis Silva. Como en esa época no se cambiaba de club, jugamos juntos todas las categorías", apunta.

Entrenador.

Marcelo llegó a primera y permaneció en el club hasta 1987. Después pasó por Las Bóvedas, Trouville y Unión, antes de retirarse en 1993. "Entonces empecé a hacer el curso de entrenador. No sabía si me iba a gustar dirigir pero quería seguir en el básquet", explica.

La sangre tira y se dedicó fugazmente al periodismo: estuvo en radio Imparcial y comentó partidos en Canal 4 junto a Mario Uberti. Pero Raúl Ballefín, un destacado periodista y técnico, le dio un consejo: "Las dos cosas, entrenador y periodista, no van. Elegí una u otra. Y decidí ser entrenador", dice. Aunque hasta hoy sigue comentando la NBA en Vera TV.

Fue asistente en Miramar y Peñarol con Ricardo Abracinskas. Como entrenador principal empezó en Juventud de Las Piedras, que estaba en Tercera de ascenso y lo subió a Segunda.

"Empecé a estudiar, a viajar y conocer otras competencias. Fui varias veces a la Universidad de Maryland. También a la Universidad de Arizona. Me gusta mucho el básquet universitario de Estados Unidos. Y me facilitaron mucho las cosas para estar allí como observador. Vas, golpeás, te abren la puerta, observás y anotás todo lo que ves. Fue una experiencia muy buena".

—Es común ver a los entrenadores gritar, agitarse, enojarse durante los partidos. ¿Ustedes llegan a sufrir en la cancha?

—Los técnicos de básquet tienen una participación mucho más activa que en otros deportes. Tenés que estar con todos los sentidos a full, porque pasan cosas en segundos que hay que responder. No es disfrutable el juego. Sí para verlo de afuera, pero no para dirigir.

—La televisión los pone como protagonistas cuando los muestra dando indicaciones durante los minutos de tiempo. ¿Eso los molesta?

—Un poco perdés la intimidad aunque se puede pedir que saquen el micrófono. No es muy bueno que te estén mostrando así, pero hay que aceptarlo porque forma parte del espectáculo.

La pelota naranja lo llevó a otras partes del mundo. Por ejemplo, a Italia. "Allá por el año 2000, un primo mío estaba sacando el pasaporte italiano y me metí a hacerlo, cuando había colas interminables para sacarlo. Y ahora toda mi familia es italiana", recuerda. Quizás no haya un nombre más italiano que Signorelli, pero él pudo hacer la gestión por su apellido materno, Rotondaro, ya que sus abuelos eran italianos. El documento le permitió dirigir en aquel país como entrenador nacional.

"Fue una experiencia enriquecedora desde todo punto de vista. A veces me arrepiento de haber vuelto, pero así son las cosas de la vida. Uno no puede estar allá y acá. Estás acá o allá", asegura.

También fue a México, llevado por un contratista, pero no le fue bien y se volvió al mes. Y hace poco entrenó a Correcaminos de Panamá, otra buena experiencia según la define.

En Uruguay dirigió a varios equipos, pero las cumbres de su carrera fueron los títulos de la Liga Nacional con Biguá en 2007-2008 y Hebraica en 2011-2012. Y ahora está al frente de la Selección.

Sus planes.

"Este año, cuando recibí el llamado para dirigir a la Selección dije que pretendía un proceso largo. Y aprobaron mi proyecto. En resumidas cuentas, busco la masificación del básquet, un proceso de selecciones desde la U15 (menores de 15 años), pasando por la U17 hasta la U23 para llegar a la mayor, y un plan de detección de talentos y de jugadores altos en todo el Uruguay", explica.

Cree que el básquet ha perdido terreno ante otros deportes. "El hándbol y rugby, entre comillas, nos están sacando jugadores y jugadoras. El básquet siempre fue el segundo deporte en el país pero por eso y otras cosas esa posición está tambaleando. Ya no salen tantos jugadores y hay que volverlos a atraer al deporte". Además, advierte que "otros países han evolucionado más rápido que nosotros, sin duda".

"A las nuevas generaciones hay que juntarlas y trabajar con vistas al futuro. Que la U15 nutra a la U17 y así sucesivamente. Hay que capacitarlos, entrenarlos y ayudar a los entrenadores de los clubes para tratar de mejorarlos, porque ellos los tienen más tiempo. Tenemos un buen material joven para ir haciendo el recambio lógico que se viene en la Selección".

—A veces la Selección no ha contado con algunos de sus mejores jugadores. ¿Por qué ocurre eso?

—Los que faltan son por casos diferentes, algunos por edad, otros han renunciado y otros no pueden venir por sus compromisos personales. Hay que tratar de darle identidad a la Selección. Busco que todos tengan ganas de estar. Si no, vamos por mal camino.

—¿Algo parecido a la selección de fútbol?

—Si lo logramos sería un éxito rotundo. Me parece que ese es el camino.

El futuro.

Signorelli enfatiza que cada categoría necesita competir internacionalmente, por lo cual busca partidos para todas. Para el seleccionado mayor, las próximas citas son la Copa de las Américas en agosto de 2017 y las eliminatorias para el Mundial de China de 2019. Después vendrá el Preolímpico para Tokio 2020.

"El horizonte es el Mundial. Hay siete lugares para los equipos de las tres Américas y Estados Unidos va directo, por lo cual el abanico se abre un poco más. Si formamos un equipo competitivo podemos llegar", afirma. Uruguay no concurre a un mundial desde España 86.

—Cuando faltan cinco segundos, va perdiendo, pide minuto, toma la pizarra y les muestra una jugada a sus dirigidos, ¿son cosas pensadas en el momento o ya las preparan en los entrenamientos?

—Es totalmente relativo. Algunas situaciones hay que tenerlas entrenadas y todo el equipo las tiene que saber. Pero depende de un montón de factores. Si la jugada no sale, algo falló, el entrenador o los jugadores. Si la ejecutan bien, sale y ganás, quedás como un dios. Si no, sos el diablo.

—¿Recuerda alguna de esas situaciones en particular?

—Cuando estaba en Italia, dirigiendo al San Severo, me pidieron que dirigiera en un partido al Lucera, donde estaba mi amigo Edgardo Otatti. Era la última posesión, pedí tiempo. Planifiqué la última jugada y la definió él, dos uruguayos. Ganamos por un punto en la hora. También tengo perdidas pero no vale la pena contarlas…

Básquet y fútbol.

Cada tanto, Marcelo Signorelli se reúne con Óscar Tabárez para charlar de deportes. Incluso lo hacía antes de asumir como entrenador del equipo nacional de básquet. Del fútbol toma varios ejemplos: "Nos gustaría para nuestro deporte el respeto, la educación, el compromiso y el trabajo planificado que tiene el fútbol celeste para todas sus categorías".

También sueña con una infraestructura como el Complejo Celeste. "Necesitamos algo así para entrenar a nuestros equipos. Ahora, la Federación (de básquet) va a tener su lugar en Agraciada y Suárez, el gimnasio de la UGAB, que será su casa propia y eso es muy bueno", señala.

Comparando los dos deportes, asegura que en el básquet existe "mayor cultura táctica, más velocidad, pues hay que pensar en décimas de segundo". Como la cancha es mucho más chica, el ejercicio es más anaeróbico que aeróbico, aclara, "pero hay que pensar y ejecutar más rápido que en el fútbol".

El básquet no está tan encasillado como el fútbol en cuanto a estilos, dice. "Hay sí equipos que priorizan la defensa antes que la ofensiva, con defensa muy agresiva, o al revés. Podría decirse como técnico yo soy un término medio", asegura.

SUS COSAS.

Sus colores

Signorelli es hincha de Neptuno en básquet y de Peñarol en fútbol (siempre recuerda una foto que se tomó de niño, vestido de arquero, con Ladislao Mazurkiewicz). Sin embargo, Neptuno ya no compite y últimamente a Peñarol lo ve nada más que por televisión

Un jugador.

Entre los uruguayos, no duda en destacar a Horacio Tato López, su compañero en Neptuno. "No era completo, sino completísimo. Una adelantado para su época. Si jugara hoy estaría en la NBA, tranquilamente", asegura Signorelli. Al famoso Oscar Moglia lo conoció entrenando en Neptuno cuando él era chico.

Su pasatiempo.

"Me gusta la vida tranquila. Soy de salir poco, pero si lo hago, prefiero una buena cena o una buena película. El cine me fascina", afirma el entrenador. Entre los films que más recuerda, cita la producción irlandesa En el nombre del padre, con Daniel Day-Lewis. "Me impresionó mucho", dice.

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