washington abdala i Cabeza de Turco

Burdas frases hechas

Somos máquinas de repetir "lugares comunes" cuando abrimos la boca.

Hablamos plagados de frases que vienen quien sabe de dónde, las verbalizamos con pose docta y dando por sentado que son sabiduría pura. Y desde imbecilidades propias de gente ignorante —que no abrió un libro ni para ver lo que es un índice— hasta sentencias descontextualizadas de muertos ilustres, todo va a parar al maldito "lugar común" de la repetición cotidiana, cargada de conceptos pueriles que inundan nuestra realidad. Y dale que va, chin pun, chin pun, total la cultura no está de moda.

En fin, de todo se puede oír en esta vida, y quien te aconseja (amigo o pariente) se siente con la autoridad de hablar como dictando sentencia parecido a un juez de La Haya. Porque, además, si algo tenemos los uruguayos es que somos "chusmas y meteretes", condiciones connaturales a nuestra forma de ser. Nos gusta saber la vida del vecino, la del amigo del vecino y la de la suegra del vecino. Somos así, lamento si no le gusta al lector y se considera inocente de este pecado. Acá, la mayoría de los uruguayos somos chusmas. Punto. Lo que sucede es que la combinación de lo "chusma" con el "lugar común" arroja un resultado delirante que forma parte de nuestra idiosincrasia. Un asuntito fuerte, digamos.

¿Se acuerdan del sketch de "las vecinas" de Imilce Viñas y Laura Sánchez? No creo que el país haya cambiado mucho. Ellas retrataban la síntesis perfecta de cómo somos. Casi jugando, con la naturalidad de la charla barrial, con el descarnado sentido de criticar todo, de todos, y a todos… somos así, aunque no nos guste reconocernos en eso. Y está lleno de pueblos que no poseen ese talante, donde por ejemplo gente que habita en un mismo piso de un edificio de apartamentos no conoce al que duerme a cinco metros. Acá conocemos a todos los del edificio, desde el novio de la recién divorciada hasta la amante del portero. En el barrio sabemos todo de todos. ¿O no es así?

Vuelvo al "lugar común" porque ese asuntillo me saca el sueño. Siempre habrá una frase popular que acompaña lo que se vive. "Hay un roto para un descosido", o sea, agarrate lo que puedas que como sos un paria no tenés opciones. Mortal sentido de la decadencia. O los políticos cuando afirman con rostros pétreos: "Hagamos todo por la unidad". Y "todo" es para dividir y reinar. Y la "unidad" es la nada. Lo que pretendo significar es que esas frases hechas son solo consuelo de tontos ("consuelo de tontos", otra frase hecha) o con leve aroma a verosimilitud. Nada serio, ni contundente. Es más, cada frase estúpida que repetimos tiene la contraria igual de estúpida, pero por alguna razón (el contexto histórico) hay algunas que van sobreviviendo. ¡Y las repetimos a cara de perro!

Pongan atención y verán que en cualquier conversación, la que quieran, con quien quieran, si dura más de pocos minutos se cuelan frases hechas y banalidades de manera inevitable. Ni qué hablar de las conversaciones de ascensor, de salas de espera o de corredor. Allí, no hay manera de no repetir imbecilidades a borbotones. Son lugares que atontan, creo. Es mejor pasar por gurú meditando en esos lados y no abrir la boca. O que piensen que sos antipático —por lo reservado— antes que repetir semejantes sandeces.

Es cierto, no es lo mismo decir que "dos más dos es cuatro" que afirmar que "la república es el mejor sistema de gobierno hasta ahora inventado". Siempre hay algún desconfiado que sale con un domingo siete (otra frase hecha). Para eso nada mejor que usar a individuos como Aristóteles, Platón o mi abuelo Aristófanes (total los chicos de hoy no captan la diferencia y creerán que es un "genio") para aplicarlos como legitimadores de la idea. Si lo dice fulano de tal…

Si fuéramos un país al que la inteligencia le importara una pizquita a alguien, habría que proscribir los lugares comunes y las frases hechas en las escuelas. Así se lograría que los niños razonaran bajo un paraguas propio y no por detrás de consignas charlatanas, baratas y burdas. Los motivaríamos a pensar, a pensarse y entender que no se puede repetir cualquier burrada que anda por allí. Serían más libres al final del camino. Claro, no es moco de pavo semejante desafío. ("Moco de pavo" otra frase maldita. ¡Joder!)

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