VIAJES

Aruba, feliz combinación de arena, mar y mucho sol

En el corazón del Caribe, es el destino ideal para disfrutar de unas vacaciones: playas de postalsin Photoshop, sorprendente gastronomía, algo de aventura y un ritmo que garantiza el relax..

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La belleza y el color de Aruba.

Paredes de colores, gigantografías con tragos de frutas frescas, ploteos de aguas verdes, barquitos y palmeras, y un camino alfombrado en el que se puede leer: wind, sand, welcome, welkom, bem-vindo, bienvenido. Parece la entrada de un salón de fiestas infantiles pero es el aeropuerto Queen Beatrix. La estela que dicta Welcome to happiness y la brisa caliente al cruzar la puerta terminan de indicar la llegada a Oranjestad, la capital de Aruba.

"Bon bini", saluda sonriente Yasmine, una de las representantes del Departamento de Turismo de la pequeña isla caribeña. Su bienvenida tiene un tono portugués pero en realidad es en papiamento, la lengua oficial, una mezcla de cinco idiomas difícil de descifrar.

Ubicada en el corazón del mar Caribe, Aruba es una isla de apenas 181 kilómetros cuadrados y se encuentra a 24 kilómetros al norte de Venezuela. Es una de las Antillas Menores y forma parte del grupo de islas conocidas como ABC (Aruba, Bonaire y Curaçao). Desde 1986 es un país autónomo de la corona holandesa; el gobierno holandés solo se ocupa de su defensa y relaciones exteriores. Hoy cuenta con 110.000 habitantes que representan más de 96 nacionalidades y recibe más de un millón de turistas al año.

El sol está asegurado en Aruba: la isla goza de un clima único con temperaturas que promedian los 28° C, es libre de huracanes (algo que sufren otros destinos del Caribe), la brisa es constante y, como mucho, tolera un ratito de lluvia cada varias semanas. Todo amante de la playa sabe que este último dato vale oro. Por eso, es común que quien viaje a este destino una vez, vuelva a visitarlo con la certeza de que las nubes no van arruinar su descanso.

Naturaleza por dos.

En el Parque Nacional Arirok, el paisaje combina la naturaleza árida con los cáctus, los árboles fofoti y divi-divi —el más famoso del lugar— peinados por los vientos de un lado, y un panorama rocoso, el cielo brillante y el mar azul profundo rompiendo contra la tierra por el otro. Se trata de una reserva que ocupa alrededor del 20% de la isla y que es un lindo paseo para alternar con la vida de playa.

En la costa norte, a mitad de camino, se encuentran las ruinas de Bushiribana, el antiguo horno de piedra natural donde se procesaba el oro de las minas de la isla a lo largo de casi todo el siglo XIX. Hoy no hay más que muros rotos, alguna ventana y lagartijas de color verde y turquesa que se escabullen por las piedras. A unos pocos metros está el mar, aunque para alcanzarlo haya que sortear una suerte de totems de piedras meticulosamente apiladas de a siete. "Dice la leyenda que hay que poner un billete entre la sexta y la séptima piedra e irse a caminar pidiendo un deseo. Si al volver el dinero ya no está, entonces el sueño se cumple", explica Albert, uno de los guías.

Un poco más adelante hay un puente natural de coral, ideal para sacar fotos y sentarse a contemplar el horizonte. Además, el parque aloja a la Capilla Alto Vista (una reconstrucción del templo más antiguo de la isla), al icónico Faro California —que ofrece una vista panorámica de la costa oeste con sus playas de arena blanca—, a la gran cueva Guadirikiri con pinturas rupestres (y murciélagos), y al cerro Jamanota, de origen volcánico y el más alto de Aruba, mide 188 metros.

El mar. ¡Sólo el mar!

La arena de las playas arubianas es fina, suave y blanca. Y el mar..., es difícil pensar que existan aguas más cristalinas. Parecen piletas climatizadas por su tono entre verde y turquesa, su temperatura perfecta, su movimiento suave y por los pececitos que te hacen cosquillas. Las playas más visitadas, al oeste, son Eagle Beach y Palm Beach, rodeadas por los complejos hoteleros (pero de acceso gratuito para todos) que ofrecen sombrillas de paja y reposeras a sus huéspedes.

Palm Beach cuenta con distintos muelles desde donde parten embarcaciones con turistas; en cada uno de ellos, además, se encuentran bares para disfrutar de una bebida helada y una buena comida. Los más entusiastas pueden realizar también alguna de las actividades acuáticas que se ofrecen, como vela, motos de agua, buceo y jetlev. Esta última es la novedad y te permite volar sobre el mar a través de la propulsión de un motor que se sujeta como si fuera una mochila.

De todas estas experiencias, la imperdible es la visita al naufragado Antilla, un barco carguero alemán de 130 metros de largo, al cual se llega en catamarán. Dicen que fue hundido a propósito por su capitán, en 1945, en plena la Segunda Guerra Mundial, acorralado por los holandeses.

Hoy las ruinas acuáticas, que están a escasos 18 metros, pueden apreciarse con solo asomar la cabeza por debajo del agua con un snorkel. El espectáculo es mágico: no sólo porque la embarcación hundida tiene un halo de misterio sino, especialmente, por los peces de todos los colores y tamaños, los corales y esponjas anaranjadas que lo rodean.

Hay unanimidad en señalar a Baby Beach como la mejor playa. Ubicada al sureste de la isla, sin hoteles alrededor, se encuentra esta extensión de arena en forma de media luna donde reina la calma, unas cuantas palmeras y otros tantos divi-divi. Y otra vez el agua magnífica con la particularidad de ser poco profunda. Pero no todo es romanticismo y tranquilidad en Aruba. Para los que esperan adrenalina y aventura, la costa este, mucho más ventosa y con un mar fuerte y audaz, permite realizar deportes como kitesurf y windsurf. 

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