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Artísticos debates

Cuando la creatividad se convierte en tema de discusión más allá de su ámbito habitual: plagios, fraudes, falsas autorías y exposiciones de impactante contenido fuera de museos.

Gladys Camaño y la Sinfonía Cero de Beethoven (Foto: Ariel Colmegna)
Gladys Camaño y la Sinfonía Cero de Beethoven (Foto: Ariel Colmegna)
Rosana ganó un pleito a autores uruguayos.
Rosana ganó un pleito a autores uruguayos.
Un falso poema de Borges ya es famoso
Un falso poema de Borges ya es famoso
El Guernica de Picasso fue falsificado para el cine.
El Guernica de Picasso fue falsificado para el cine.
Las muestras con cadáveres humanos son muy controvertidas.
Las muestras con cadáveres humanos son muy controvertidas.

LUIS PRATS

Nadie discutirá el Guernica de Picasso, la Novena Sinfonía de Beethoven o Cien años de soledad, de García Márquez, pero el universo de las artes es demasiado ancho como para que no se despierten polémicas a cada rato. Empezando por la clásica "¿Esto es arte?", cuando una obra escapa de los moldes tradicionales.

El siguiente asunto a discutir es la autoría del arte. Las falsificaciones de pintores famosos constituyen un gran negocio. A veces son tan buenas que sólo un especialista puede descubrirlas y sus autores pueden ser considerados, a su modo, artistas. Fue el caso del holandés Han van Meegeren. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial casi lo ahorcan por colaborar con los nazis, a los que supuestamente vendió piezas del patrimonio cultural nacional. Tuvo que confesar que los cuadros de grandes pintores que había traficado eran solo producto de su talento. Y lo demostró, pintándolos de nuevo.

Los músicos (y sus agentes) están siempre vigilantes ante el plagio. En Uruguay fue muy sonado el pleito de Roberto Da Silva y Alberto Triunfo contra la cantante española Rosana porque su canción Soñaré era supuestamente una copia del tema no oficial del Mundialito de 1980, Uruguay, te queremos ver campeón. La Justicia uruguaya, sin embargo, le dio la razón a Rosana.

Ni siquiera los más celebrados se salvan. La casa editora de Chuck Berry demandó a los Beatles en 1969 afirmando que Come Together había copiado la letra y la música de You Cant Catch Me. John Lennon reconoció estar familiarizado con la canción de Berry y todo terminó en un acuerdo extrajudicial.Michael Jackson tuvo que indemnizar al cantante camerunés Manu Dibango, que demostró que la canción Wanna Be Starting Somethin era muy parecida a su Soul Makossa, escrita en 1972. Y un juez de Estados Unidos sentenció que Loca, de la colombiana Shakira, se inspiraba en un tema del dominicano Ramón Arias Vásquez.

Falsos.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida /En la próxima trataría de cometer más errores/ No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más/ Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Estos versos afligidos del otoño de una vida (terminan con la confesión del protagonista de que tiene 85 años y se está muriendo) fueron atribuidos alguna vez a Jorge Luis Borges, bajo el título Instantes. Otras veces pasó a llamarse Momentos, pero siempre bajo su supuesta firma. Se publicaron en la prensa, se estamparon en pósters, circularon por Internet, algún incauto los comentó con deleite, pero no tienen nada que ver con el estilo ni las preocupaciones del admirado escritor argentino.

Ya se sabe que muchos comparten en Facebook cualquier cosa que les suene inspiradora, y más si viene acompañada por la foto de algún famoso, pero esta confusión o engaño nació mucho antes que la red social. Se asegura que el propio Borges escuchó la versión con sorpresa.

El autor sería en realidad un humorista estadounidense, Don Harold, escrita en prosa y no en verso en la revista College Humor allá por 1935, cuando Borges era joven. Pero quizás esto también sea falso y la pluma original haya sido confundida nuevamente.

También le pasó a Gabriel García Márquez con un texto que empezaba así: "Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo…"

Era una supuesta carta de despedida de Gabo a sus amigos en 1997, al enterarse de que padecía cáncer. La publicó el periodista peruano Mirko Lauer, que la había recibido de amigos en una reunión diplomática. El escritor colombiano, aún gozando de buena salud, negó cualquier vinculación y calificó el texto de "ridículo". No fue casual la mención a una marioneta de trapo, porque el autor parece haber sido un ventrílocuo mexicano, Johnny Welch, para que lo recitara uno de sus muñecos. Las líneas, con todo, cautivaron a alguien, que las compartió en Internet. Circularon de aquí para allá, y en ese teléfono descompuesto se le sumó la autoría de García Márquez antes de aparecer en la prensa.

Cuerpos.

Hace cuatro años pasó por Montevideo la exposición Our Body con su reguero de controversias. Se trata de la muestra de cuerpos y órganos humanos reales, conservados mediante una técnica denominada plastinación, que mantiene su flexibilidad. De hecho, algunos de los cuerpos son presentados como si estuvieran realizando alguna actividad o ejercicio. Los expositores pretenden así mostrar los músculos, huesos y órganos, salvo la piel, con fines didácticos.

Con nombres que suelen incluir la palabra "cuerpo", se presentan generalmente en establecimientos comerciales y no en museos. A la discusión de si resulta ético exhibir lo que alguna vez fue la envoltura carnal de personas, se agrega otra: se denunció que los cadáveres de este tipo de iniciativas provenían de reos ejecutados en China, en vez de donaciones a la ciencia como se proclama.

En algunos sitios no se permitió la realización de la muestra. También se lanzaron campañas en Internet para prohibirla, en "defensa del derecho a la dignidad humana incluso después de la muerte". Otros, sin llegar tan lejos, van a la pregunta inicial: ¿esto se puede considerar arte?.

Falsos tolerados.

Existe otro tipo de falsificaciones, pero son toleradas e incluso vistas como necesarias. Cuando el cine quiere recrear la vida de algún pintor de gran fama, choca contra los derechos de imagen y reproducción de sus obras. Los herederos suelen poner tantas trabas o exigir compensaciones tan altas que se opta por hacer pintar cuadros "falsos" pero que siguen vagamente el estilo del protagonista.

Para el filme Basquiat (1996) se pretendió mostrar el Guernica de Picasso, pero era imposible conseguir el original y tampoco se quería una simple impresión en gigantografía. Se optó por copiar el cuadro con todo detalle en un lienzo, que por imposición de la familia Picasso fue destruido apenas finalizado el rodaje. Y todos contentos.

Rosana y el mundialito.

La Justicia uruguaya rechazó en primera y segunda instancia la demanda por plagio contra Rosana y su Soñaré. La presunta obra copiada, Uruguay, te queremos ver campeón, no fue considerada una creación original de sus autores sino que se basó en melodías preexistentes, se indicó.

Borges, ni un instante.

Todavía circula por ahí el poema Instantes, atribuido falsamente a Borges. Se afirma que el propio escritor argentino reaccionó con asombro cuando alguien se lo leyó. El autor sería un humorista estadounidense. Nadie sabe cómo empezó la confusión entre ellos y la obra de ambos.

Cadáveres expuestos.

Las exposiciones de cadáveres humanos conservados en material plástico recorrieron medio mundo, incluso Uruguay, sin dejar indiferentes. "Esta es una muestra sobre la vida y la salud, no sobre la muerte", afirmó el médico estadounidense Roy Glover, responsable de una de las muestras.

Ni la magia del cine.

Es tan caro y complicado mostrar obras de arte auténticas en las películas que los productores han optado por filmar obras vagamente parecidas. Una vez que se pretendió exhibir el Guernica, la familia Picasso autorizó la realización de una falsificación, que tuvo que ser destruida tras la filmación.

Una pista uruguaya.

Muchos melómanos piensan que Beethoven escribió más que nueve sinfonías, desde una supuesta "sinfonía cero" hasta una décima. El misterio tiene una pista uruguaya: un disco de 33 revoluciones que Gladys Camaño atesora en su casa de Montevideo. Pertenecía a su fallecido esposo, Manuel Batista, un apasionado por la música que reunió más de 700 volúmenes. Según la tapa, es la Sinfonía de Jena en Do Mayor N° 0 de Ludwig van Beethoven, ejecutada por la Orquesta de la Sociedad de Conciertos del Conservatorio de París, dirigida por Louis Saguer.

El disco, de producción nacional, no indica su fecha, pero ya estaba en la colección de Batista cuando se casó con Gladys, en 1963. Fue adquirido en la librería "Santa Claus" de Las Piedras.

La Orquesta del Conservatorio fue fundada en 1828 y alcanzó gran prestigio, aunque se disolvió por problemas económicos en 1967.

Desde la aparición de unas partituras en la ciudad alemana de Jena, en 1909, fue ampliamente aceptado que se trataba de la obra de un joven Beethoven, todavía bajo la influencia de Mozart. A fines de la década de 1950 comenzó a atribuirse esta sinfonía a Friedrich Witt, un músico alemán contemporáneo de Beethoven, con cierto parecido a la Sinfonía N° 97 de Haydn. También hay quien sostiene que Beethoven proyectó e incluso que comenzó a escribir una Décima Sinfonía. Un musicólogo británico, Barry Cooper, en 1989 ejecutó 14 minutos de esos presuntos borradores, pero los músicos que la escucharon concluyeron que no se trataba de una obra del genial compositor de Bonn.

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