Aldo Martínez | EL PERSONAJE

"Lo que hago lo aprendí mirando"

Cuando se habla del parodista más completo del Carnaval, todo el mundo sabe quién es. En el camino, revolucionó la música tropical. Y sigue preguntando cosas para saber más.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Si salís pensando en que vas a ganar siempre no disfrutás". (Foto: Marcelo Bonjour)

LEONEL GARCÍA

En Carnaval, Aldo Martínez (54) no puede ganar más premios. Ya los tiene todos: cuatro veces Mejor Figura de Parodistas con cuatro conjuntos distintos (Momosapiens, 2000; Zíngaros, 2005; Nazarenos, 2008; Los Muchachos, 2009), Figura Máxima del Carnaval 1997 con Valentinos, Figura del Desfile 2008 con Nazarenos e incluso dos veces mención a la Mejor Puesta en Escena de Parodistas con Zíngaros, en 2014 y 2015. Él, considerado como "el parodista más completo", también logró en 1992, con los Dundee’s, la distinción a la Mejor Figura de Humoristas. Pero también lo nombraron, en 2015, Figura de Oro del Carnaval. Y eso, dice, significa que por reglamento no puede recibir más premios individuales. Literal.

"Me preguntan qué voy a hacer. ¡Y voy a seguir! Le voy a devolver al Carnaval todo lo que me dio", dice Aldo en el club de bochas Nueva Palmira, búnker de parodistas Nazarenos. Él es el único componente del conjunto presente a las 19.15, acompañado por algunos parroquianos madrugadores. No trabaja para los premios, asegura, pero los sabe "mimos al alma". Se apronta para un fin de semana de 17 tablados donde será tanto el expresidente argentino Juan Domingo Perón en el exilio (él, que hace casi veinte años fue Evita) como Alberto Granado, compinche juvenil del Che Guevara.

Este es su Carnaval número 35. Mucho ha pasado desde la infancia en Nuevo París, entre el colegio y liceo San Francisco de Asís, el tablado de Liverpool, los ensayos de las murgas Araca La Cana y La Soberana, la simpatía por Los Gabys, el histrionismo que venía desde la cuna y el gusto por el folclore... Lucero del Alba, el grupo que formaba con un amigo y dos compañeros, fue su primera experiencia artística, influenciada por Quilla Huasi, Los Chalchaleros, Los Fronterizos y Alfredo Zitarrosa. Ya un poco era el alma de las fiestas en las jornadas de primavera del liceo, en las guitarreadas y en los sketches. Así llegó al Carnaval en 1982 en Los Charoles, los parodistas del barrio, junto a un amigo y compañero de liceo, Ariel "Pinocho" Sosa. Ambos duraron ahí un año y en 1983 ya estaban en Los Walkers, agrupación que metió una cuña en la rivalidad Gabys-Klapers. Cuando Pinocho fundó los Zíngaros en 1995, Aldo estaba con él. Esa vieja amistad, además de la potente aparcería artística, supo de rupturas y reconciliaciones. Hoy ambos nombres pesados de la categoría están nuevamente distanciados. "Ambos sabemos por qué", cierra.

Tropical.

"Yo comencé muy de abajo en el Carnaval. Siempre tuve papeles muy chicos, salpicados. Bailaba porque me encantaba, cantaba porque era lo mío y actuaba de puro rostro que era". En su categoría, vale ser bueno cantando, bailando o actuando. Pero Aldo se destacaba, y mucho, en las tres cosas. Ya en los años 80 comenzaron a referirse a él como "el parodista más completo". Al principio le daba calor, hoy es otro mimo. "Yo lo hacía natural. Nunca fui a aprender nada. Todo lo que hago lo aprendí mirando. O preguntando. El baile era natural, yo aprendía las coreografías de John Travolta en Fiebre de Sábado a la Noche". No ha dejado de moverse, pese a los 54 años, pese a que tiene un menisco partido sin operar.

El canto terminó siendo su principal fuente laboral. En 1987, su buen hacer lo llevó de los tablados en febrero a la música tropical —género que no le llamaba mucho la atención— todo el año. Los dueños de Sonora Palacio querían hacer algo distinto. Aldo le propuso a Roberto Abal, el otro cantante, hacer unos pasitos de baile en una de las canciones. "Me llevé un tema a casa y le hice una pequeña coreografía. Impactó. Y me dijeron de hacer lo mismo en todas las canciones". Pero si incluir las coreografías en las orquestas tropicales no hubiera sido suficiente, había más aportes de Aldo a la causa cumbiera. "La otra idea mía fue el vestuario. Hasta entonces las orquestas vestían traje y corbata. Y dije de hacer algo diferente: meter una estética de parodistas. Me dieron bolilla y comenzamos a usar trajes de satén, brillantina".

Aldo sobrevivió a 30 años de trabajar la noche considerándola, justamente, como "un trabajo". Asegura que nunca tomó alcohol ni drogas. Agradece a la educación de sus padres por ello. Vivió tanto la etapa de la "cumbia terraja" y estigmatizada como la del boom del "pop latino". Esta última la encontró al frente de Montana y La Pandilla. Hoy, definitivamente inclinado en la cumbia romántica y componiendo el 90% de su material, está consolidado como solista y actúa principalmente en el Interior, con un promedio de ocho shows por fin de semana.

Aprendizaje.

"Yo soy un producto del Carnaval", resalta. Y ahí tuvo un gran mojón en 1992. Fue en Dundees, algo paradójico para un parodista de alma. Fue en la humorada CruceROU como Haroldo, un grumete tarambana que originalmente iba a ser mudo. "Y yo me preocupaba, ¿cómo iba a hacer reír? Yo tenía un gorro de visera con manitos que se movían con una tanza. Se me ocurrió usarlo y un día lo llevo al ensayo. Hugo Blandamuro, que hacía la puesta en escena, lo vio, le gustó y decidió darme letra". Terminó siendo la figura de la categoría.

Su primer papel protagónico de peso fue en 1997, en Valentinos. Para hacer de Evita debió aprendió a hablar, caminar y gesticular como una mujer. Lo hizo tan bien que fue galardonado como Figura Máxima del Carnaval. En ese entonces, Miguel "Pendota" Meneses, otra leyenda viviente del parodismo, hizo de Perón. Hoy, como ayer Pendota, Aldo es Perón. Y para él la ley de los ojos, aprender mirando, es fundamental.

"Soy muy perfeccionista y autocrítico. Siempre me gustó mirar y aprender de los grandes. A Pendota lo miraba desde gurí, me fascinaba su desdoblamiento. La esencia del parodismo era hacer reír y emocionar. Y él lo hacía". Además de leer libros, ver películas e informarse del personaje que le toque interpretar (sea Alfredo Zitarrosa, Homero Simpson, Carlos Solé o Clara García de Zúñiga), Aldo pregunta mucho. Y tuvo la suerte de encontrar gente generosa en sus conocimientos como Meneses. "En el 97, su Perón era fabuloso. Yo me lo encontré hace poco en un festival de (parodistas) Aristophanes, le dije que iba a hacer ese papel y me habló un poquito como él. ¡Me lo llevé al baño, le di una frase que tenía y le pedí para grabarlo con el celular! Y me fui estudiando esa voz. Yo estudio y pido consejos".

Ahora el que aconseja a las nuevas generaciones es él. "Me da calor que me pregunten pero es algo lindo, es sentir que estoy dejando algo. A mí me gusta enseñar, volcar lo que he aprendido. Pero yo considero que sigo aprendiendo en Carnaval. Al Carnaval lo tomo como un constante aprendizaje". Su familia —su mujer Susan y sus hijos Karen (27) y Fabricio (18)— es su cable a tierra. "Pero son muy críticos de lo que hago. ¡Mi señora es tremenda! Ella me siguió toda la carrera, se da cuenta cuándo estoy mal, y a mí me sirve todo lo que me dice".

Al Carnaval, la fiesta y las polémicas, las alegrías y las broncas, las caras pintadas y el tan mentado "pedregullo", prefiere verlo como una pasión. "Al ambiente del Carnaval lo hacés vos. Hay una competencia y quiero ganarla, pero yo lo veo como un disfrute, como la posibilidad de expresarte en lo tuyo durante 40 días. Cada vez que salgo, para mí es una fiesta. Encaro la competencia como cualquiera, pero tenés que saber que no todos los años vas a ganar. Si salís pensando en que vas a ganar siempre ya no disfrutás. Hay que entender que otra gente puede también hacer las cosas bien".

—Y en el ambiente, ¿todo el mundo piensa como vos?

—No (tajante). Hay gente muy fanática, siempre con "gano yo", "me robaron"... Y no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Pasión y competencia, pero también caja de sorpresas y reto. Todo eso ha sido el Carnaval para el parodista más completo. "Todos mis personajes han sido como hijos, los adoro, me ha costado componerlos. Y prefiero dejar que fluyan. Por eso digo que sigo aprendiendo. Cada personaje es un aprendizaje y dejo que venga a mí. El desafío es que un conjunto me llame y me diga: Aldo, te trajimos para que hagas esto. Confiamos en vos".

SUS COSAS.

Un personaje.

Su papel de Evita, en Valentinos y en 1997, está primero a la hora del balance. "Fue un antes y un después en mi carrera". Su primer papel protagónico le significó ganar el premio de Máxima Figura del Carnaval 1997. Los personajes femeninos le han sentado bien: Delmira Agustini, Frida Kahlo, la gitana Esmeralda...

Un disco.

De gustos musicale eclécticos, su corazón guarda un lugar especial para La misa criolla, de Ariel Ramírez (1965). "Siempre lo tengo presente, es impresionante, un trabajo divino, fabuloso". Sus inicios musicales fueron en el folclore. De los suyos destaca el primero que grabó con Sonora Palacio y Alto voltaje (2003), con La Pandilla.

Un referente.

Miguel "Pendota" Meneses, otra leyenda viviente del Carnaval, es una figura de referencia para él, sobre todo en lo actoral. "Yo le pregunté muchas cosas y él siempre fue muy generoso conmigo". También le fascinaba el histroinismo de Mario Fossati y las voces de Miguel Villalba (hoy su director en Nazarenos) y Daniel Sastre.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)