WASHINGTON ABDALA I CABEZA DE TURCO

Somos antisemitas

Tuvo que morir un judío de manera demencial a manos de un antisemita para que nos diéramos cuenta de lo autoritaria que es la sociedad uruguaya con algunas de sus comunidades.

Hace algún tiempo, Radar hizo un estudio que reveló el grado de rechazo hacia los judíos como un asunto relevante, quizás el más agudo de los muchos enojos que parecen tener los uruguayos para con algunas minorías. El dato pasó más o menos desapercibido. Alain Mizrahi hizo una encuesta seria, fogoneó el tema con sentido republicano y no obtuvo nada. Ante la pregunta: "¿Le molestaría mucho, algo o nada que un integrante de los siguientes grupos formara parte de su familia?". Un 8% confesó que le "molestaría mucho" tener a un judío en su familia y 11% respondió que le "molestaría algo". En el caso de los peruanos, los porcentajes respectivos fueron 6% y 9%, los chinos 7% y 8%, armenios 5% y 9%, y negros 4% y 7%. Y convengamos que las verdaderas expresiones de odio sobre racismo no se manifiestan de manera abierta. Igual, con esa cifra hay más de 300.000 uruguayos que no se bancan a los judíos. El número es aún mayor, lo sabemos todos. Para mí eso incuba antisemitismo.

Varios de los que denunciamos este asunto venimos poniendo el grito en el cielo hace tiempo, pero somos tomados como alarmistas, amigos de los judíos y algunas expresiones procaces que denotan que la denuncia se prueba sola.

No me puedo quejar de la política internacional del gobierno en los asuntos en los que Israel es protagonista. La era Mujica, cargada de prejuicios, dejó sus regalitos y parte de ese enfoque es lo que hoy está presente en Uruguay.

Tengo el máximo de comprensión hacia un preso de Guantánamo pero no creo que pueda afirmar libremente en Uruguay que se tiene admiración por Al Qaeda y nadie le haga un llamado de atención. No se puede incurrir en esa locura porque eso está a un paso de declamar que se admira a Hitler (que algunos la tienen pero saben que no la pueden verbalizar). Hablo de delitos.

Hannah Arendt para explicar la locura nazi recurrió a la expresión de "la banalidad del mal". Lo que pretendía afirmar es que llega un punto en que los que mataban no parecían sentir lo que estaban haciendo, porque lo justificaban por órdenes superiores o simplemente entendían que producían daños menores fruto de una causa mayor. Así, lograron ir anestesiándose y sacaron lo peor de ellos mismos sin demasiado estrés. Payasos asesinos.

Arendt descubrió algo que todos sabemos que pasa y que no habíamos reparado, porque cuando vemos discriminación, mezquindad, manoseo o bullying hacia un judío todos tendríamos que levantar la voz. Y en el Uruguay del presente, semi-plancha, cargado de ni ni, pletórico de fragmentación social, sumido en un no proyecto educativo como país, lo lógico es que el prejuicio y la moral desciendan y con ellos el antisemitismo emerja como una de las eternas locuras de una sociedad decadente. Odiar a los judíos es odiarse a sí mismo, pero no se entiende esa locura. Los que odian creen que de esa forma liberan amarras para culpabilizar al otro de dolores propios. El judío vuelve —eternamente— a ser flanco de miradas críticas, de escupitajos orales y hasta de la extinción de sus vidas. Sí, acá en el bendito Uruguay que a todos no incluía y nos cuidaba. El mismo que tiene a los afrodescendientes en el último lugar de la inserción social y donde matan mujeres a ritmo de tambor batiente y no pasa una perinola. ¿Somos tan buenitos entonces?

Solo pediría que no nos llenáramos más la boca con lo que no somos. Esta es una sociedad cruel que se vende como estupenda y en la que sus gobernantes sostienen que somos un crisol de integración e inclusividad. Falso. Ya no más. Y a nosotros nos toca vivir este presente. Eso es lo que hay que modificar urgentemente. El resto es pura cháchara baladí que no arroja nada y que solo sirve para vivir en la mentira eterna. Muchachos: no nos engañemos más, somos bastante jodidos acá y lo mejor para empezar a cambiar es reconocerlo. La sanata ya no se la cree nadie.

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