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Por amor al Carnaval

Tres murgas volvieron este año a los tablados. Hacen un esfuerzo a pulmón para que el público disfrute de este antiguo arte popular.

Los integrantes de La Gran Siete preparándose para el primer tablado.
Los integrantes de La Gran Siete preparándose para el primer tablado.
Teo Varela y otro de los fundadores de La Gran Siete haciendo mostrador.
Teo Varela y otro de los fundadores de La Gran Siete haciendo mostrador.
La Mojigata es pionera en sumar integrantes femeninos a la murga.
La Mojigata es pionera en sumar integrantes femeninos a la murga.
La Línea Maginot da los últimos ajustes en el ómnibus rumbo al tablado.
La Línea Maginot da los últimos ajustes en el ómnibus rumbo al tablado.
La Línea Maginot saluda antes de salir en el club barrial Nueva Troya.
La Línea Maginot saluda antes de salir en el club barrial Nueva Troya.
La Gran Siete en la nueva formación que presenta para este Carnaval.
La Gran Siete en la nueva formación que presenta para este Carnaval.
La Gran Siete ensaya en los fondos del local del sindicato de molineros.
La Gran Siete ensaya en los fondos del local del sindicato de molineros.
La Mojigata se lanza con un cuplé provocador acerca de las encuestas.
La Mojigata se lanza con un cuplé provocador acerca de las encuestas.

Dicen que en el minuto fatal la murga desentonó. Fue una noche de febrero de 1982, durante la presentación en el Teatro de Verano. Y dicen que la figura inquieta y de galera que llevaba la batuta frente al conjunto se quebró. Los que estaban cerca vieron las lágrimas rodando por las mejillas pintadas. Y que lloró hasta que entonaron la retirada. Dicen que ese fue el momento en el que Mario Benítez decidió que nunca más saldría La Línea Maginot. Y que ahí nació la estrofa de ese himno al Carnaval que es Brindis por Pierrot, creado por Jaime Roos e inmortalizado por el Canario Luna.

Las lágrimas de Mario Benítez no eran mera flojera. Un boxeador curtido, acostumbrado a fintear y bailar "con la más fea", no llora porque sí. Ese año se habían preparado con todo, iban por el premio, La Línea Maginot se llevaría por fin la palma del campeón que tanto había buscado, afinando el coro, ensayando horas y horas en las instalaciones del Basáñez. Y todo para nada, en un minuto el coro había perdido el tono y las esperanzas se habían estrellado.

Por eso cuando 34 años más tarde vino Marco González, aquel joven profesor de música con alma de murguero a pedirle "el título" para resucitar a La Línea Maginot, Mario Benítez se lo quedó mirando un rato, cavilando, como si volviera a medir a un rival sobre el cuadrilátero. Poco antes le habían venido a hablar amigos en común, el mismo Hugo Navia con quien había compartido la propiedad del nombre de la murga. Durante todos esos años le habían llovido ofertas para comprarle el nombre, o alquilárselo por una temporada. Nunca había aflojado.

Por fin asintió y dio su conformidad. Poco después le palmeó el hombro con la mano pesada y se explicó. "Vos me caíste bien porque viniste de frente", le dijo.

Benítez fue a verlos a algunos ensayos y le gustó lo que escuchaba. Los años apenas se le traslucen en el rostro redondo de ñata torcida y ojos achinados. Los andares algo encorvados del boxeador o la piña "cariñosa" con la que saluda al utilero lo descubren enseguida.

Pero eso sí, cuando un par de días antes de la presentación en el Teatro de Verano los acompaña en el ómnibus al primer tablado prefiere quedarse solo y a oscuras dentro del coche.

"La Línea Maginot fue la primera murga que salió de la Unión, yo soy de Maroñas pero hace años que soy hincha", dice González, el hombre que tomó la batuta del conjunto y lo "resucitó" para el Carnaval 2017.

Junto a Hugo Márquez, Damián Laforia y Gustavo Vodanovich pusieron en marcha el viejo sueño de traer otra vez a escena al grupo que lleva el nombre de la antigua línea fortificada de defensa que levantó Francia en las fronteras con Alemania e Italia en 1936 contra la amenaza incontenible de Adolf Hitler. Un homenaje al ministro de Defensa francés, André Maginot, quien murió antes de ver en pie la fortificación. La línea Maginot y su espejo del lado alemán, la línea Sigfrido, coparon día tras día los titulares de la prensa durante la Segunda Guerra Mundial. Ecos a los que las murgas siempre han estado atentas para alimentar sus cuplés punzantes y actuales.

Y en 2017 la idea que inspira el espectáculo de la murga parte de tomar la pregunta de una famosa comedia de Hollywood para traerla más acá: ¿Qué pasó ayer? "Fue al libretista, Martín "el Pollo" Perrone, al que se le ocurrió que fuera una murga que quedó en una azotea encerrada y al otro día no sabe qué pasó, estaba ensayando y bueno, viene un personaje que es un colocador de antenas y le dice: Muchachos está todo bien, pero están haciendo el ensayo general para el carnaval del 83. ¿Y qué? Que estamos en el 2017. Nooo, no puede ser y bueno ahí empiezan a pasar cosas", cuenta Marco.

La historia de la murga perdida en el tiempo da lugar al clásico popurrí en el que se suelen colar los principales títulos de la prensa del año transcurrido. En este caso una mezcla de sucesos ocurridos en aquel lejano 1983, a las puertas de la apertura democrática, cuando las murgas estaban bajo sospecha permanente.

Para dar con el tono de época recurrieron a Carlos Modernell, un histórico libretista de murgas que vive en el retiro a sus 86 años. "Se recopó con la idea porque hace muchos años que no escribe y le gustó mucho. No pudo terminar de escribir la retirada porque lo internaron, lo tuvieron que operar. Pero bueno, la retirada ya tiene la impronta de Carlos Modernell, que está buenísimo", dice Marco.

La murga se reúne y ensaya en un pequeño club de barrio, el Nueva Troya. Pocos saben la historia detrás de ese nombre, el mismo de la calle del Cerrito en la esquina del club. Una novela de Alejandro Dumas (padre), el creador de Los Tres Mosqueteros, publicada en 1850 que narraba la historia de la lejana Montevideo o la Nueva Troya, acerca de los pormenores de la Guerra Grande que enfrentó a Fructuoso Rivera con las tropas argentinas al mando de Juan Manuel de Rosas.

Apenas una pausa.

Para otros conjuntos el regreso es bastante más cercano. Para La Gran Siete (foto de portada) fue apenas una pausa de un año sin subir a los tablados. "La idea siempre era volver, paramos porque no logramos contar con la gente que estábamos esperando", explica Teo Varela, uno de los fundadores.

La figura de Guillermo Lamolle, director, arreglador y letrista del grupo no está en esta edición de La Gran Siete. Lamolle era un poco el alma máter, un científico especializado en cien cias biológicas con larga pasión murguera. Otro científico tomó su lugar, Agustín Laguarda, licenciado en física que actualmente cursa un posgrado en Ingeniería de la Energía.

La mayoría de los integrantes del conjunto salen desde 1997 con escasas interrupciones o idas y venidas. "Ya jugamos de memoria", bromean.

Para este año La Gran Siete buscó un flanco distinto desde el que abrir fuego. Uno es el político, que rematan con el cuplé del "Justificador", que es capaz de encontrar explicaciones a las situaciones más incómodas por las que ha pasado el gobierno. Pero tal vez los puntos más osados del espectáculo son los de La boda de Sergio Puglia —que dan pie para la crítica contra la censura de lo "políticamente correcto" — y una vuelta de tuerca a la tragedia del Chapecoense, donde juegan con el humor negro. El espectáculo lleva un significativo juego de palabras como título: "Amoral-Carnaval".

El letrista Adrián Salina dice que su intención fue la de poner en evidencia la forma en que lo políticamente correcto está diezmando las bases del humor murguero. "Eso de no poner más un homosexual en el escenario, por ejemplo, bueno, nosotros optamos por ponerlo y demostrar que se puede hacer, jugar con eso. Y para eso mi filtro es —porque yo tampoco soy homofóbico—, si cualquier chiste que escribía para el cuplé de Puglia yo no lo haría sobre una pareja de hombre-mujer, y todos los chistes que hicimos yo los haría en una pareja hombre-mujer", asegura el letrista.

En este caso la crítica parece ir más hacia ciertas orientaciones de representantes del gobierno y hacia las murgas que toman al pie de la letra esos planteos. "Lo que más nos rechina cuando vemos Carnaval es la solemnidad, es una ingenuidad pensar que el Carnaval es otra cosa que lo que es", apunta Salina.

Baile de opiniones.

La Mojigata estuvo cuatro años fuera de los escenarios. Con la impronta de "murga joven" que sigue siendo un poco su marca en el orillo, el grupo volvió porque "se morían de ganas de salir", según sus integrantes.

Entre las características que distinguen a La Mojigata del resto de los conjuntos se cuenta la cuota femenina. Laura Almada y Leti Leiva suman sus voces al coro y renuevan la apuesta de este grupo que tuvo su primera presentación en 2001.

Murga en estado de asamblea permanente, se rigen por una suerte de comisión directiva que se reconocen entre sí como una "barra de amigos".

"La primera pregunta que nos hicimos es: ¿qué cosas no querés que se vuelvan a repetir en una murga? Y ahí surgió esa idea de meter las encuestas, que se está usando en forma muy general, sobre todo lo vemos en los informativos. Al mismo tiempo nos seducía mucho la idea de contrastar lo público con lo privado. Y así discutiendo, salió la idea disparadora de contraponer las encuestas como lo privado, y el voto en las elecciones como lo público. Eso nos pareció un buen hilo conductor para el espectáculo", explica Joaquín Macedo, uno de los integrantes de la "barra de amigos".

El leit motiv del espectáculo es la sospecha de que los resultados de las encuestas son manipulados "a gusto del consumidor"; eso sobrevuela todo el cuplé. La pérdida de los valores, otro lugar común que toma la murga para meter el bisturí crítico, da lugar a uno de los momentos altos de la presentación. El grupo pudo pasar ya por el Teatro de Verano, cuyas instalaciones fueron colmadas por el público para asistir a su espectáculo.

Sin embargo, si bien para la murga la participación en el concurso oficial es esencial, ama los tablados. Y al mismo tiempo los echa en falta.

"El Carnaval necesita de los escenarios barriales. El artista de Carnaval necesita de los tablados, están bien los megaescenarios y todo lo demás, pero los tablados son necesarios. Hay que valorar lo que genera una comisión barrial con un tablado en su barrio, genera algo muy genuino", defiende Macedo.

La agrupación prefirió este año tomar por un camino ligeramente distinto al de sus colegas. Desarrollan varios temas pero a partir de ese único hilo conductor, en vez de echar mano al clásico popurrí.

Como resultado de ello la presentación más completa, que fue la exhibida en el escenario del Ramón Collazo, sonó compacta y arrancó fuertes aplausos del público, fenómeno al que este grupo parece estar acostumbrado. De hecho, algunos de sus seguidores más fieles terminaron por formar parte del nuevo ensamble, como es el caso de Mateo Magnone, que luego de años de ver la murga desde la platea subió por fin al tablado.

Cada año estos grupos de treinta y pico de artistas populares afinan sus gargantas y se juntan para cantar. Pintarse la cara, vestir el disfraz de arlequín, chocar los platillos o hacer sonar el redoblante, crear una ilusión compacta que hace soñar al público por una hora. Y la invitación de cada febrero de los amantes del Carnaval: "Miren al pierrot callejero/ de la noche fiel compañero...".

"A marcha camión/ a grappa y limón".

"¿Querés ver lo que es Carnaval? Esto es", dice Teo Varela y se acoda en el mostrador de la cantina del club. El encargado le sirve una grappa con limón y al momento se le suma otro integrante de La Gran Siete. Ya tienen los trajes y están maquillados, en unos minutos subirán al ómnibus que los llevará al primero de los tablados de esa noche. "Ahora usamos ómnibus, pero cuando íbamos en camión era bárbaro", recuerda con nostalgia el murguero. Los tiempos han cambiado. Hay menos tablados, hay varios "megaescenarios" y ya no se usa el camión para ir de gira noche tras noche. Ahora contratan buses de turismo, amplios y con aire acondicionado, asientos reclinables y lugar para todos. Las tradiciones se renuevan y se ponen más a tono con los tiempos que corren.

El regreso de Edú "Pitufo" Lombardo a los tablados en 2017.

No solo hay grupos que vuelven, también hay personajes que regresan a los escenarios. El caso más notorio es el de Edú "Pitufo" Lombardo, una de las figuras que incorporó la murga Don Timoteo para este año, junto a Marcel Keroglian y "Pinocho" Routin. Este conjunto, que se preparó para arrasar en el concurso oficial con las mencionadas figuras, lleva a "Pitufo" como director musical. Estaba hace diez años alejado de los tablados, desde que en 2007 inició una carrera como solista luego de un pasado como murguero en varias de las agrupaciones más importantes. Pasó por la mítica Falta y Resto, por La Gran Muñeca, Contrafarsa y Asaltantes Con Patente. Pero también formó parte de grupos históricos de la música popular uruguaya como Los Que Iban Cantando. En 2009 publicó su trabajo Rocanroll a dos orillas, grabado en Montevideo y Buenos Aires. En su carrera como solista "Pitufo" ha compartido escenario con grandes estrellas, tales como Joan Manuel Serrat, Lenine, Mercedes Sosa y León Gieco. El músico dijo que con su reincorporación a la murga siente que se le ha cumplido un sueño y que el solo hecho de hacerlo ya es un premio.

CÓMO SE FINANCIAN.

Lo que cuesta una murga

Sacar una murga al tablado es muy costoso. En eso coinciden todos los carnavaleros. Las formas de financiamiento para los conjuntos son diversas: desde el porcentaje sobre las ventas de entradas en los escenarios populares, hasta los premios del concurso oficial, y sobre todo los auspiciantes privados. Vestuario, maquillaje, catering, transporte, técnicos de sonido y luces, los insumos a los que deben hacer frente son caros. Los montos por "sacar una murga" van desde medio millón al millón y medio de pesos, según estimaciones hechas por los propios murguistas consultados. Cada grupo ha encontrado su camino para solventar esta aventura. En el caso de La Gran Siete las fuentes de financiamiento son principalmente tres: un fondo creado a partir de premios anteriores, los porcentajes sobre venta de entradas en tablados y algunos auspiciantes. "Nos financiamos con trabajo, básicamente", explica uno de los integrantes. La participación en festivales es otra línea de ingresos importantes, aunque como este año se adelantaron las fechas el grupo quedó rezagado en esta modalidad. En el caso de La Línea Maginot las finanzas provienen tanto de tablados como de los pocos auspiciantes que pudieron conseguir. El camino elegido por La Mojigata es el más original, ya que echaron mano al denominado crowfunding, una forma de microfinanciamiento a partir de pequeñas contribuciones individuales a cambio de merchandishing como remeras o pósters. "Este año nos encontramos con una realidad bastante jodida, que no habíamos encontrado nunca. Lo que nos ofrecían los auspiciantes no nos alcanzaba, hacía inviable todo esto", explicó Joaquín Macedo. La pausa de cuatro años los encontró poco preparados para una temporada caracterizada por los recortes económicos a todo nivel. Uno de los fieles seguidores de La Mojigata fue el que llevó la idea del crowfunding. "Al principio teníamos un poco de miedo, pero después empezamos a ver que funcionaba. Y la verdad que nos fue bárbaro, nos está yendo bárbaro, yo no tengo palabras para agradecer el apoyo de la gente, el apoyo es increíble", recordó Macedo. El conjunto organiza además festivales, por fuera del circuito de tablados, los "MojiFest" para sus fans.

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