CHRIS NAMÚS

"Ya se fueron los amigos del campeón"

La boxeadora uruguaya más conocida cuenta su trayecto de la fama juvenil a esta madurez del presente, sin miedo a las piñas pero soportando los golpes que trae la fama.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Chris Namús ante de su entrenamiento (Foto: Fernando Ponzetto)

LUIS PRATS

Alguna vez, Chris Namús llevó con orgullo a casa los recuerdos de sus peleas —sangre en la nariz, un ojo negro— aunque su madre pusiera el grito en el cielo. Hoy está más atenta a los riesgos a la profesión. De la misma manera, dejó atrás a "los amigos del campeón", esos que trae la fama.

La más conocida boxeadora uruguaya ya está de vuelta del asombro y las críticas, del triunfo y la derrota, sin cicatrices en el rostro aunque con una coraza interna. Y, por esas paradojas del deporte, fue una caída la que le permitió levantar su carrera: pese a que perdió el desafío por cinco títulos mundiales frente a la colombiana naturalizada noruega Cecilia Braekhus en febrero pasado, la buena actuación le permitió relanzar su nombre y aspirar a nuevos combates en el exterior.

Chris (por Christian, un nombre supuestamente masculino que responde al entusiasmo de su madre por la actriz argentina Christian Bach, figura de las telenovelas mexicanas) y Namús (por un bisabuelo sirio libanés que recaló en estas tierras) nació en La Teja hace 28 años. Y el lugar de origen tuvo mucho que ver en la elección del oficio.

De niña quiso ser de todo, desde cajera de panadería y astronauta hasta médico forense. Hizo sexto de Medicina y cuando iba a empezar la facultad apareció el boxeo.

"Yo lo practicaba desde los 16, por hacer un deporte. Estaba entre el boxeo y el rugby. Como aquí no había boxeo femenino, me costó muchísimo encontrar un gimnasio, me rechazaban por ser mujer. En Los Ñatos, la Asociación de Boxeadores del Uruguay, el entrenador me dijo: Tenés que traer tanta plata para la matrícula, tanto para la cuota, ropa para entrenar, elementos para bañarte. Al otro día aparecí con todo lo que me había pedido y se me rió en la cara. Me confesó que me lo había dicho por decir. Habían ido algunas chicas a preguntar pero luego nadie volvía… Y la remató con que yo tenía cara de gurisa buena y que no era lo mío".

A Chris se le vino el mundo abajo, porque estaba muy motivada. "Por favor, vine desde La Teja", le suplicó. "¿Sos de La Teja?", se sorprendió el técnico, Antonio Canedo. Resultó ser vecino e incluso conocía a Amanda, la abuela de la joven.

"Me dejaron porque era nieta de Amandita. Y así empecé", relata, con un torrente de palabras que no cesará durante la charla, mientras espera la hora del entrenamiento en Defensor Sporting.

Si bien tenía el apoyo de los abuelos, seguidores del pugilismo, sus padres ya pusieron otra cara. La condición para aceptar fue que no peleara. "Obviamente, no cumplí", se ríe. Entrenaba contra varones, pero no encontraba rivales femeninos para los combates. Así, como aficionada hizo una sola pelea. Pasar al profesionalismo era la única forma de seguir en actividad. No le fue mal: a la sexta presentación combatió por el título mundial juvenil y lo conquistó. Después lo defendió exitosamente cinco veces. Y se hizo una cara famosa en el Uruguay.

Riesgos.

Unas cuantas peleas más tarde, ese rostro no tiene marcas. Al iniciar su carrera sufrió una fisura en la nariz. Se soldó con un ligero sobrehueso que, a su juicio, evitó que quedara ñata como tantos colegas. Sin embargo, nunca pensó en eso: "Siempre fui muy inconsciente con respecto a las consecuencias de hacer boxeo. Recibí golpes feos, tuve la nariz sangrando u ojos negros, y no me daba ni miedo ni angustia. Llevaba orgullosa esa marca, aunque mi madre se quería morir".

Ahora está más atenta a las secuelas, pero asegura que en el boxeo femenino los riesgos son menores: las mujeres no pegan tan fuerte como los hombres, se hacen menos peleas a menor cantidad de rounds y existen muchos controles. "Todos los años nos hacen tomografías, vamos a neurólogos, siquiatras, oftalmólogos. Después de cada pelea nos hacemos de nuevo estudios. Tampoco pienso en una carrera extensa. Soy profesional desde los 19 años y tengo 25 peleas. No son tantas. La idea es hacer dos años más y luego colgar los guantes", asegura.

Sin embargo, resulta imposible no conmoverse con el relato del único nocaut que sufrió:

—Fue en el primer round de mi novena pelea, en el Palacio Peñarol contra una colombiana. Un nocaut fulminante, con pérdida de conocimiento. Con una de sus primeras manos quedé aturdida. Seguí con el piloto automático pero con la tercera o la cuarta mano que me entró neta quedé totalmente noqueada. Pero tuve la mala suerte de que me frenaron las cuerdas, por lo cual no caí. Quedé contra las cuerdas y justo en esa pelea el reglamento decía que si no tocaba la lona, no había cuenta de protección. Y no me contaron. Recibí más golpes. Cuando caí al piso, traté de levantarme y me fui hacia el otro lado. Ahí el juez la paró. Recién en el rincón empecé a tomar conciencia. Le estaba hablando a mi madre y ahí me di cuenta que la pelea había terminado.

—¿Y ella no te dijo "nunca más"?

—Ella siempre me dice nunca más... Pero también me dijo que siempre quería estar cerca del ring conmigo. Y justo me tocó en Alemania la última pelea y no pudo estar. Tuvo una angustia muy grande por no poder acompañarme, pero gracias a Dios terminé bien.

La fama.

Joven campeona del mundo, con figura de modelo y peleas por televisión, Namús conoció la fama casi instantánea. Luego vinieron las críticas, alguna derrota, también algún triunfo sacado de la galera por jurados complacientes con el consiguiente revuelo e incluso el escándalo por la filtración de un video íntimo. Entonces supo lo del duro aterrizaje.

"Era muy chica cuando empezó todo, tenía 19 años. Me hice conocida de la noche a la mañana, como en una película. La vida fue fluyendo y como todo en la vida, a veces nos va bien y otras nos va mal. Y pasaron cosas que por ser una persona pública se potenciaron", comenta.

"Si bien pasé cosas malas, estoy súper agradecida por las cosas buenas que me tocaron vivir por ser una persona conocida. En su momento, cuando me sucedieron esas cosas pasé muy mal, me angustié mucho, me deprimí, pero todo es cuestión de enfocarse, ver lo positivo y salir adelante", agrega.

Chris destaca el papel que jugaron su familia y los amigos íntimos "Ellos están siempre apoyando. No los amigos del campeón, esos que aparecen cuando a una le va bien y ya se fueron. Cuando sos chica y te avisan, no lo creés, pero cuando te toca vivirlo en carne propia te das cuenta que es así. Y entonces hay que saber diferenciarlos. Los amigos verdaderos los cuento con los dedos de una mano", enfatiza.

—¿El boxeo es como lo pinta el cine?

—La parte de las peleas no, eso es puro teatro. Pero sí cuando muestran la vida cotidiana de un boxeador, sus esfuerzos.

—¿Hay un submundo en tu deporte?

—Hay una regla no escrita que es la localía. Para ganarle a la dueña de casa hay que noquearla porque si no, aunque le des una paliza, los jurados no te dan la pelea. No está bien, pero luego de muchos años en el boxeo uno aprende a convivir con eso. A mí pasó de ganar y perder así. Aquella con la española Loli Muñoz, que me había ganado y me la dieron a mí, fue horrible. Me criticaron mucho aunque yo no tenía nada que ver. Lo único que pude hacer fue una carta pidiendo disculpas y reclamando una revancha lo antes posible. Pero otra vez en Argentina había ganado bien y me la hicieron perder.

Pese a todo, los problemas no la hicieron pensar en dejar el boxeo. En realidad, cuando desapareció del primer plano, hace unos tres años, se debió tanto a la escasez de propuestas como a un problema de hernia de disco. Ahora espera pelear en Argentina, estirar la carrera dos años y luego colgar los guantes.

"Dos años más y después no sé. Mamá quiero ser, seguro. Veré qué me depara el destino. Seguro dar clases o algo relacionado con el boxeo. Por suerte ahora hay muchos que entrenan boxeo, sobre todo mujeres, algo que era un tabú", asegura Chris. A sus espaldas, varias chicas en el entrenamiento parecen darle la razón.

SUS COSAS.

Un boxeador.

Sin dudar, Chris Namús elige a Muhammad Alí, el legendario campeón mundial peso pesado, como su pugilista favorito. "Todos los boxeadores lo admiramos", asegura. De los actuales, destaca a Floyd Mayweather. "Pero por la forma de pelear, no como persona, porque es horrible", aclara enseguida.

Un estadio.

El Luna Park de Buenos Aires fue durante décadas la meca sudamericana del boxeo. Chris se dio el gusto de pelear allí dos veces. "El debut fue inolvidable, porque de fondo actuaba Omar Narváez, figura argentina, y estaba repleto. Y yo le gané a la colombiana Nerys Rincón por nocaut en el segundo round", recuerda. Fue en mayo de 2010.

Una canción.

Le gusta todo tipo de música que sea alegre y movida, incluso para entrenar. Pero de todas las canciones su preferida, por razones obvias, es Compañera: la compuso y se la dedicó su novio, Mariano Bermúdez, solista de ritmos tropicales. "Si de tarde tú me faltas, compañera, triste sería mi canción", canta él en un pasaje.

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