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Cuando alardear es un bumeran

Más que generar emociones positivas en los demás, el contar en redes sociales sobre nuestro último logro o adquisición puede producir molestia e indiferencia.

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Detrás de la promoción en Facebook suele haber una baja autoestima.

"Ha llegado el día de devolverles el favor a todos los que me prestaron su auto, ya que desde ayer soy la orgullosa dueña de mi propio auto!!! Quiero agradecer públicamente a Marcela, Felipe y Paulina, y a todos los demás que me sacaron de más de un apuro. No saben lo agradecida que estoy, me siento genial", leyó Felipe en su muro de Facebook.

El joven, que prefiere no dar su apellido, fue etiquetado en el mensaje que también llevaba tres fotos del automóvil. Cuando él lo vio, ya sumaba 80 "me gusta". Y lo que le provocó el mensaje no fue positivo. "Una persona más segura les muestra a sus amigos cercanos una foto, no lo publica en las redes sociales", dice Felipe. Cree que más que agradecer, la intención de su amiga era alardear: "No tuve un sentimiento muy agradable al ver el mensaje".

En las redes sociales abundan mensajes de autopromoción como este. Presumir sobre nuevas adquisiciones, un mejor cargo en el trabajo o la cantidad de kilos que se ha bajado en el gimnasio es algo común entre los usuarios.

En el otro extremo están quienes publican las desgracias que los afligen. "Deseando que el tiempo vuele... para que esto se acabe pronto", "Este ha sido el peor año", son algunos ejemplos.

Es probable que quienes se autopromueven o comunican sus pesares se sientan bien al hacerlo. Pero no sucede lo mismo con el que recibe el mensaje. Así lo establece un estudio sobre el tema de City University London. "Encontramos que los esfuerzos por parecer más interesante son contraproducentes. La autopromoción no cambió la percepción de los lectores sobre el éxito del que se alardea ni modificó su interés en conocerlos más. En cambio, disminuyó su agrado y aumentó la percepción de que el que escribía era un fanfarrón", dice Irene Scopelliti, investigadora de la Escuela Cass de Negocios del City University London.

La investigación, publicada en la revista Psychological Science, pidió a un grupo de voluntarios que describiera las emociones que sentían cuando alardeaba sobre un éxito, y que adivinara las emociones de las personas que recibirían su mensaje. A otro grupo se le pidió que describiera cómo se sentía cuando escuchaba un comentario de autopromoción. "En nuestro estudio vimos que los que presumían sobreestimaron las reacciones de orgullo y felicidad de sus receptores, y subestimaron el grado de molestia o sentimientos negativos de sus destinatarios", explica Scopelliti. Es decir, los que alardeaban se mostraron muy optimistas acerca de lo que sentían sus receptores.

Además, el estudio demostró que ambas partes (auto-promotores y beneficiarios) tienen problemas para imaginar cómo se sentirían si sus papeles se invirtieran. "Pensar en comó los demás van a tomar nuestras novedades puede ayudarnos a darnos cuenta de que ellos pueden estar menos contentos de lo que pensábamos al saber sobre nuestro último logro. Al mismo tiempo, cuando estamos frente a la autopromoción ajena, podemos tratar de ser más tolerantes y generosos y reforzar nuestra tolerancia", escribió Scopetti sobre su estudio.

Ventilar la vida.

Las redes sociales, como Facebook y Twitter, han permitido que la gente se exprese y muestre sus sentimientos más fácilmente. "Hay personas para las cuales es muy importante mostrar lo que les está pasando y ventilar su vida. Asumen que a la otra persona le va a importar y, en esa atribución, se sienten queridos y reconocidos", explica el psicólogo Raúl Carvajal.

Estas personas tienen características de "emocionalmente dependientes", explica su colega Sandra Troncoso. "Necesitan del refuerzo de los demás, le dan una alta ponderación a lo que opinen, dejando el control de su bienestar en los otros".

Cuando la experiencia es positiva, muchos pueden darle un like por compromiso, explica Carvajal. Pero cuando, por el contrario, la experiencia es negativa se genera indiferencia o molestia: uno quiere estar en el lugar del que logra cosas, no en el del que sufre.

"Dime de qué te jactas y te diré de qué adoleces", es el dicho que recuerda el psicólogo Carvajal. Detrás de la autopromoción o la victimización puede haber una baja autoestima y, en unos pocos casos, una personalidad narcisista.

Para la psicóloga Troncoso, el incentivo de los que comparten esta información es "la retroalimentación, el comentario esperado y el refuerzo verbal que genera satisfacción inmediata, pero pasajera". 

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