COMPORTAMIENTO

La adicción a las compras ahora también es online

Gastar y gastar por Internet tiene los rasgos de una adicción: es irrefrenable, reiterativo y perjudicial. Es más común en mujeres y la web puede despertar la conducta entre quienes tiene predisposición.

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Muchas veces se trata de una compra donde creen que hay ahorro, dicen los expertos.

Internet puede ser muy adictivo. La gente se engancha con las apuestas online, con los romances online, con la pornografía online, con los videojuegos online y cada vez más con las compras online. Comprar online es fácil, es rápido, es cómodo. Es el camino del futuro". Terrence Shulman, autor de Vidas sobrecargadas, almas vacías: El robo compulsivo, el gasto y la acumulación y a cargo de un centro para tratar las adicciones que fundó en Detroit, Estados Unidos, que lleva su nombre, sabe de lo que habla. Él mismo sufrió de adicciones y hoy aconseja a quienes las padecen cómo deshacerse de ellas. Sobre todo las relacionadas al gasto compulsivo. Si bien la adicción a las compras online es algo más reciente, Shulman sí cree que es muy similar a la que se desencadena en los comercios. Es descontrolada, implica pérdida de tiempo, de dinero, de energía, se la esconde de los demás y es difícil de detener. Salvo, dice, por una excepción.

"Internet permite que sea mucho más fácil ocultarla. Si compras online es mucho más fácil hacerlo en cualquier momento del día. Los adictos a las compras online reciben lo que compran en sus propios hogares, a menudo, cuando su familia no está. Tienden a ser personas aisladas, quieren estar solos y compran solos la mayor parte del tiempo. Son impacientes e impulsivos. Están pensando constantemente en qué compra harán, para la que requieren un simple clic en su computador o teléfono. Quienes acuden a las tiendas, en cambio, necesitan de más planificación".

El aumento de las subastas online, de las ventas contrarreloj, la proliferación de los sitios con ofertas que duran un día, la síntesis de promociones que llegan al correo electrónico desde diversos portales sin que uno se haya inscrito para recibirlas y la factibilidad de pago con tarjetas de crédito, han transformado a los sitios del e-commerce (o de comercio electrónico) en espacios cada vez más populares entre los cibernautas. Los expertos coinciden en que este escenario ha captado más la atención de mujeres que de hombres.

"Es lógico —dice Shulman—. Las mujeres compran más que los hombres en las tiendas. Toman las decisiones de compra en un hogar, manejan el presupuesto para su familia y hacen las compras para los niños y la casa. El hombre, por lo general, compra solo de vez en cuando y, cuando lo hace, es para adquirir un artículo caro y no desarrolla mucho interés por los descuentos".

En la región, por ejemplo, Daniel Halpern, de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile, ha estudiado el tema y observado comportamientos en el mismo sentido.

"El hombre es mucho más analítico y racional que la mujer. Busca de forma más sistemática información sobre los productos antes de tomar la decisión de compra y lee, con mayor frecuencia, experiencias de otros usuarios antes de realizar una compra. La mujer, en cambio, es mucho más emocional. Ve algo que le llama la atención por el precio o por la oferta o por los cupones de descuento y es mucho más proclive a comprar a raíz de esa oportunidad".

Conductas.

La compra online no está calificada como una adicción en el DSM-5 —el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría— pero los expertos coinciden en que tiene todas las características de la ludopatía, una patología que está definida como una adicción conductual.

A diferencia de la química (a las drogas o al alcohol), la conductual es la adicción a un comportamiento. Se pesquisa en función al interés, a la frecuencia, a la cantidad de tiempo y de dinero que se invierte en llevarla a cabo. Puede, dicen los expertos, interferir gravemente en el funcionamiento de un sujeto, pues, con el tiempo, la emoción de concretar una compra online es más importante que las obligaciones financieras, la familia, la pareja e, incluso, que el trabajo. "Tanto en la ludopatía como en la adicción a las compras online hay una pérdida de dinero irrefrenable, hay muy poca tolerancia a la frustración y se desarrolla una fijación y una obsesión. El juego y las compras vienen a ser el centro de la vida. Cuando alguna esfera de la vida se ve afectada por las compras, se puede sospechar de una adicción", dice el psicólogo experto en el tema Pablo Curivil.

Coincide el psiquiatra especialista en adicciones del Centro Nevería Gianni Canepa de Chile, quien enfatiza que esa inflexibilidad de la conducta establece la diferencia entre un comprador excesivo y un adicto. "Cuando un comprador excesivo es confrontado por su familia o se da cuenta de que está gastando más plata de la que tiene, se autorregula. Alguien adicto a las compras lo sigue haciendo, incluso consciente de que se está haciendo daño", afirma.

Según ambos expertos, es difícil determinar cuándo se está incurriendo en una adicción conductual porque, a diferencia de lo que ocurre con las drogas —que son ilegales, castigadas—, todos naturalmente compran. O todos en algún momento tienen que comprar. Y cada vez es más común hacerlo online. Como las latinoamericanas. Cada vez compran más y cada vez lo hacen más por Internet.

Entre las razones del aumento en el consumo femenino online están la llegada de las cuponeras online y la alta gama de productos y servicios dirigidos a ellas.

La estadounidense experta en retail Patricia Huddleston, autora de Consumer Behavior: Women and Shopping (Comportamiento del consumidor: mujer y shopping), dice que en Internet las compradoras pueden elegir cuándo les es más conveniente comprar. "Además el envío es, a menudo, de forma gratuita, incluso tratándose de una compra mínima", dice. "La web ofrece una selección casi ilimitada de productos donde es posible comprar de tiendas a miles de kilómetros de distancia. Las compradoras pueden comparar fácilmente los precios, asegurándose de que están recibiendo la mejor oferta", agrega.

Muchas veces la adicción a las compras online no está antecedida por la adicción a las compras en las tiendas porque, dicen los expertos, las características de Internet, en ciertos casos, han "despertado" esta adicción en quienes tienen un perfil propenso a desarrollarla. En la web las tiendas "virtuales" están abiertas las 24 horas del día, los siete días a la semana, y no exigen un intercambio físico real de dinero.

No hay una frecuencia preestablecida de compra para hablar de adicción. Entre sus pacientes, Gianni Canepa recuerda a uno que ocasionalmente compraba, pero cuando lo hacía, el acto era descontrolado. Este paciente, muy empeñado en comprarse unas zapatillas de trekking, cuando encontró un modelo que le gustó, compró dieciséis pares. Para él. Para su mujer. Uno para cada hijo. Y varios otros por si el suyo se rompía o le pasaba algo, en caso de que después fuera difícil conseguirlos. "Mi sensación es que cada vez habrá más pacientes solo adictos a las compras por Internet, porque es un contexto único. Internet y las nuevas tecnologías es algo que viene y que está creciendo", dice Canepa.

Los expertos dicen que muchas veces se trata de una decisión de compra gatillada por la sensación de ahorro. Lo ha observado la psicóloga Daniela Carrasco. "El concepto de ahorro no es el mismo de antes. Ya no se (guarda) el dinero. Hoy está implantada la idea de consuma ahorrando. Entonces es un ahorro concebido como el que se logra tras consumir un producto a un precio más bajo que el normal. Consumir barato". 

Adquiría más y más cosas de color azul.

Entre los testimonios de adictos siempre hay un hilo común. "Todos usan sus adicciones para evitar o hacer frente a la ansiedad, al estrés, a la soledad, al aburrimiento, a la depresión, a la ira, al vacío, a la falta de satisfacción, como recompensa", dice la experta estadounidense Terrence Shulman.

Lo vio el psicólogo Pablo Curivil en su consulta. A los 35 años, Andrea, abogada, casada y con dos hijos, empezó a comprar todo de color azul. Carteras, vestidos, chaquetas, zapatos. Su obsesión por vestirse así no pasó inadvertida. Tampoco sus comportamientos obsesivos. Los créditos que pedía al banco. Los préstamos, en dinero, que prometía devolver. Y cuando Andrea empezó a comprar por Internet, su espectro de consumo se amplió. Todo siguió siendo azul, pero además de ropa, zapatos y accesorios, empezó a comprar también electrodomésticos, perfumes y tres tablas de surf, que adquirió sin haber practicado este deporte antes. Ni siquiera lo hizo cuando las tuvo. Ni las tablas ni los otros productos los compró por necesidad. Pero en el momento, el solo hecho de adquirirlos, la hacía sentir bien. Esa sensación, sin embargo, después de un rato, se acababa. Y ella debía repetirla. Cuando llegó decía: "Siento culpa", "me siento mal por haber gastado toda esa plata", recuerda el psicólogo Curivil. Y para empezar a trabajar en su recuperación, decidió bloquear Internet.

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