el personaje I DANIEL LASCA

"Además de futbolistas, exportamos músicos"

Heredó la profesión de su padre y se formó en Cuba. Hoy, el primer violín de la Ossodre y la Filarmónica destaca la cantidad de concertistas que surgen pese a las pocas oportunidades.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Daniel Lasca, concertino de la Ossodre y la Filarmónica de Montevideo (Foto: Marcelo Bonjour)

LUIS PRATS

Quien visite a Daniel Lasca (65) en su casa se topará de entrada con su profesión: en pleno living hay un atril con partituras. Después verá cuadros, libros y discos, señas de sus inquietudes culturales. Solo falta que se presente el anfitrión, acompañado por el apéndice de su cuerpo, el violín.Primer violín de la Orquesta Sinfónica del Sodre (Ossodre) y de la Filarmónica de Montevideo, fundador además del Cuarteto de Cuerdas Sur, Lasca es un nombre mayor en la música nacional actual. También es un decidido defensor de la profesión: alguna vez, en pleno teatro, el público escuchó de su parte la lectura de una proclama antes que los sonidos de su instrumento. Y no deja de ser un soñador de la música, dispuesto a reunir a los colegas "repatriados" para formar una orquesta sinfónica con fama internacional.

Como concertino, es decir, primer violín, tiene responsabilidades especiales. Es el interlocutor entre el director y la orquesta, el encargado de afinar el cuerpo de músicos antes de cada ensayo o concierto. Suele tener algún solo. Incluso desarrolla una labor didáctica, pues debe dar pautas a sus compañeros para unificar criterios de sonoridad.

"En una orquesta, todos los arcos de los instrumentos de viento se mueven prácticamente en un mismo sentido. Para alguien que mira de afuera parece natural, pero no es así, porque hay diferentes digitaciones. El encargado de que vayan en la misma dirección es el concertino", explica, mientras muestra partituras con anotaciones que indican hacia dónde van los arcos.

Herencia.

El violín es una herencia familiar. Su padre, Moisés, fue un destacado violinista que después se pasó a la viola. "A los siete años comencé a estudiar y mucho antes de empezar sabía lo que era la música sinfónica. Mi padre me llevaba a los ensayos en el viejo Estudio Auditorio del Sodre. Recuerdo que me bancaba todos los ensayos. Y me encantaba", cuenta, aunque admite que sus hijos no siguieron el mismo camino.

Su primer profesor fue Israel Chorberg, que formó parte de una generación de grandes violinistas uruguayos. Luego pasó estudiar con el maestro ruso Ilya Fidlon. En 1969, Cuba necesitaba músicos, porque muchos habían dejado el país tras la revolución, y convocó a los que desearan instalarse allí. Su padre, de izquierda, aceptó enseguida y se fue con toda la familia. Daniel continuó su formación en la isla, hasta que obtuvo una beca en la Unión Soviética, cuando era La Meca de los instrumentos de cuerda y el piano.

"Estaban los mejores profesores del mundo. Los soviéticos ganaban todos los concursos internacionales de violín, cello, piano", señala. La formación implicaba una amplia variedad de asignaturas: piano complementario, armonía, historia de la música e incluso marxismo.

—¿Es más difícil el violín que otros instrumentos?

—De manera muy sectaria, diría que sí. Tocar realmente bien un instrumento, cualquiera sea, es muy difícil. Pero en un violín, además, es complicado empezar a sacarle sonido. Sin saber música, tocás una tecla del piano y suena. Te doy un violín para que le saques un sonido más o menos audible y no vas a poder. Aparte, el intérprete de instrumentos de cuerda tiene en cada mano un instrumento diferente. En una el violín y en la otra el arco, que tienen dos técnicas, dos motricidades totalmente diferentes.

—¿Qué representa para usted su violín?

—El violín es parte de mi cuerpo. Mi mujer dice que es un apéndice mío… Hace 40 años que lo tengo. No es solo tener un buen instrumento, sino mantenerlo. Porque son generalmente antiguos, muy sensibles, frágiles. Y cuanto más antiguo, mejor. Un instrumento recién fabricado no se sabe si va a ser muy bueno hasta dentro de 20 o 30 años. La madera se asienta, las vibraciones se van acomodando... Es un proceso muy largo.

—Lo cuidará celosamente…

—Mantenerlo es muy caro. Cualquier reparación sale carísima. Si se puede reparar, porque hay determinadas piezas dentro del violín, que si se rompen, chau, nunca más va a sonar como sonaba. En los viajes siempre va junto a mí, nunca me despego de él.

Exportación.

Una vez, Moisés Lasca sacó la cuenta de los músicos uruguayos destacados que trabajaban en el exterior y le dio para formar dos orquestas sinfónicas. Pretendió reunirlos cuando fue director artístico de la Filarmónica, a comienzos de la década de 1990. No tuvo presupuesto para llevar adelante la idea, pero su hijo no la abandonó. "A pesar de ser chiquitos, además de futbolistas producimos buenos músicos y los exportamos", comenta Daniel.

De allí, la idea de Uruguay for Export, un ciclo de conciertos que Lasca está organizando junto a Gervasio Tarragona, un clarinetista de primer nivel, hoy en una de las principales orquestas de Japón. "Vamos a juntar uruguayos que están afuera y hace mucho que no tocan acá, con los que estamos en Uruguay, más músicos extranjeros. Va a ser algo único, realmente", se entusiasma. El festival se inaugurará el miércoles 13 de abril en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional, seguirá en Fray Bentos (Teatro Young, el viernes 15) y Punta del Este (Hotel Jean Clevers, el sábado 16), para cerrarse el domingo 17 en la sala Delmira Agustini del Teatro Solís.

El tema del mercado laboral para los músicos le preocupa: hay quienes no tienen en el país la posibilidad de desarrollar sus carreras, en tanto cada vez existen más oportunidades para irse al exterior, señala.

—Usted está en dos orquestas. ¿Cómo se las arregla?

—Muchos músicos están en la Ossodre y la Filarmónica, o en alguna de ellas y la Banda Sinfónica. Pero no queremos trabajar en dos orquestas. Fue un invento que surgió durante la dictadura porque la situación económica no daba y el sueldo en una sola orquesta no alcanzaba. Se arregló para que pudiéramos tocar en dos. No hay nada escrito pero es una cuestión de hecho. Ensayamos de mañana en el Sodre y al mediodía en la Filarmónica. Estamos peleando sueldos dignos que permitan trabajar en una sola orquesta, que es como debería ser.

—¿Eso no les genera problemas?

—Generalmente se nos echa la culpa de tener multiempleo, pero no hay otra. También nos echan en cara que el músico cuando gana un concurso y pasa a ser estable, ya no estudia, no se supera más. Es mentira eso. Es un argumento que usan quienes no quieren hacer concursos. Hoy en el Sodre, más de la mitad son músicos contratados por un año. Es el modelo que quieren y contra el que peleamos. La orquesta nacional, la principal del país, necesita que sus músicos tengan estabilidad laboral. Si una orquesta está bien dirigida, con programaciones exigentes e interesantes, y no necesitás ir corriendo de un ensayo a otro, a tocar un repertorio totalmente distinto, el rendimiento del músico va a ser muy diferente.

Me imagino que un músico no hace su carrera para luego aspirar solo a un empleo público estable…

—Esta es una carrera que dura muchos años, desde los siete hasta que tenés 20, 22, cuando estás en condiciones de concursar. Con enormes sacrificios, enormes inversiones, porque uno debe comprar el instrumento y mantenerlo, también pagar clases individuales o para ir a estudiar afuera. Después de todo eso, vas a concursar y te dicen que es solo por un año... Al año hay que volver a concursar. Y si al que está de director artístico le caíste mal, puede decir que no le gusta como tocás y te liquidó. En esta profesión es todo muy subjetivo. Es muy injusto y eso produce que nuestros jóvenes se vayan a concursar a orquestas de otros países, donde van a tener estabilidad laboral. Es la parte amarga del oficio, y me causó muchos problemas y roces, porque yo no me callo las cosas, se las digo en la cara. Les he leído una proclama con dos mil personas en el Auditorio planteando todo eso...

Historia de un violín.

El violín de Diego Lasca tiene una historia peculiar. Se lo compró su padre al abogado y ensayista Carlos Real de Azúa y se lo envió a Moscú poco antes de su concierto de graduación a través del pianista Luis Batlle Ibáñez (hermano del expresidente Jorge Batlle), cuando fue jurado en un certamen. Hasta entonces, Lasca usaba violines alquilados a un módico precio por el conservatorio pese a tratarse de verdaderas joyas (contaban hasta con diez Stradivarius). El instrumento fue fabricado por un luthier alemán, Fritz Huffenreuter. A fines del siglo XIX, el hombre se dedicaba a falsificar instrumentos y los vendía como auténticos. Hasta que un día hizo un Stradivarius, lo vendió a un concertino importante y terminó preso. Cuando salió en libertad se tuvo que ir de Alemania. Llegó a Buenos Aires, ya luego del 900, y volvió a fabricar instrumentos. "Los hacía muy buenos, con materiales que obtenía en Europa a través de sus contactos, por lo cual resulta difícil explicar por qué falsificaba", comenta Lasca. El suyo fue hecho con la madera de un órgano alemán del siglo XVI. Siguiendo su hábito, Huffenreuter le puso la etiqueta de la casa italiana Pressenda, una de las más afamadas de Cremona.

SUS COSAS.

Dos libros.

Lasca se confiesa gran lector. Entre los muchos títulos que pueblan su biblioteca, elige Vida y destino, del ruso Vasili Grossman. "Se ha dicho que es La guerra y la paz del siglo XX", comenta. Entre los latinoamericanos, destaca La novela de mi vida, del cubano Leonardo Padula.

Dos músicos.

"Toda la música me gusta. No distingo clásica u otra, solamente que sea buena o mala", afirma el concertino de la Ossodre y la Filarmónica. Entre sus preferidos, están Vinicius de Moraes y Toquinho, la dupla brasileña que conquistó al mundo con sus canciones. Además de violín, Lasca toca el piano, aunque él dice que lo hace mal.

Una ciudad.

Elige sin dudar: La Habana. "Allí pasé mi adolescencia y la sigo sintiendo, después de Montevideo, como mi casa", afirma. Volvió casi tres décadas después con una mezcla de nostalgia y tristeza. "Era la misma ciudad que había dejado. Y aun deteriorada, me sigue atrapando", dice.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)