ADRIANA DA SILVA | EL PERSONAJE

"Actuando soy todo lo que no soy en la vida"

Estudió abogacía pero se hizo actriz. Cursó secretariado y se volcó a la comunicación. Hizo de todo, perdió todo y comenzó de nuevo. Y le dio para explorar su costado sexy.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Los docentes trabajan mucho el tema de la sensibilidad (Foto: Fernando Ponzetto)

Las bocinas suenan cuatro pisos más abajo, por calle Mercedes. Una sonriente Adriana Da Silva (46) invita a pasar al balcón. La mujer-actriz, los miércoles en la comedia Radojka en el Teatro Nogaró de Punta del Este, está descansando; la mujer-madre, presente en las fotos y en los juguetes de Julieta (12) y Clara (7) visibles en el living, también. La mujer-comunicadora, aún recordada por su pasaje de quince años en Buen Día Uruguay, está en cada sonrisa, ademán y recuerdo. No faltarán menciones a su reciente rol en Doña Flor y sus dos maridos, donde apeló a su inexplorado costado de mujer-sexy. Una vez termine la entrevista se pondrá a pintar la casa: "Voy a ser la mujer-bricolage". Todo en un mismo envase de apenas metro y medio de altura.

"Nunca tuve trauma con ser chiquita, ¡jamás quise ser modelo!", se ríe. "Eso sí, cuando estaba en televisión, junto a algún cocinero, me tenía que subir a un bloque. Conduje eventos subida a una tarima. Todo lo asociado a mi altura son cosas divertidas. Lo único que me estresaba era subir al ómnibus y no llegar al pasamanos, ¡siempre terminaba del brazo de alguien!".

En el living también hay un afiche de la obra La casamentera (2009), dirigida por Álvaro Ahunchain. Él fue su marido por 16 años, es su exmarido desde hace tres y hoy su director en Radojka. ¿Qué será más difícil: ir a Punta a trabajar o recibir indicaciones de tu ex? "¡Ninguna de las dos!", se ríe de nuevo. "Siempre trabajé muy bien con Álvaro. Siempre vamos juntos con Victoria (Rodríguez, la otra protagonista) y él para ahorrar nafta y peaje. Tengo buena relación. Debe ser por nuestra edad que asumimos que las cosas tienen que ser así, cuando hay dos hijas, que hay que priorizar la salud mental de ellas y la nuestra. Cuando hay una separación es que las cosas no están bien. Y pasada una primera etapa donde hay bronca, algo de revancha, se procesa y... trabajamos bárbaro juntos".

En el Este, once años atrás hacía una maratón en el mismo Nogaró: terminaba un unipersonal en la Sala Sagasti y corría entre los slots del Hotel Casino para ponerse la peluca y el vestuario de La jaula de las locas, donde entraba para el segundo acto. Siempre actuando, corriendo, trabajando; siendo otra y ella misma a la vez.

Positiva.

"Lo mío es innato. Nací para entretener a la gente, para comunicarme con la gente. Es algo que me hace feliz". Tras aguantar solo un año en la Facultad de Derecho, Adriana entró a la Escuela Municipal de Arte Dramático en 1989. Para 1990 ya hacía obras para niños en El Tinglado. En 1992 actuó en su primer musical, género en el que ha destacado como pocas, en el Notariado: Cine, radio actualidad, de Ignacio Cardozo. Jorge Esmoris la reclutó para la Antimurga BCG y parodistas Momosapiens la tuvo en sus filas cuatro carnavales. En el Teatro Circular no solo actuó: también cortó boletos, acomodó público e hizo sonido. Mujer-multifunción.

Muy atrás había quedado una infancia feliz entre el barrio Peñarol y el campo de sus abuelos en Cerro Largo. Era la escuela 166 en invierno y baños en el arroyo (e historias de luces malas) en verano. Ya adolescente, cursando el liceo 23 de Sayago, formó el grupo de teatro callejero Con Perdón de los Presentes. Iban a las cinco de la tarde a la cooperativa Mesa 2 con una misión imposible: competir con las telenovelas. "La Comisión de Cultura de la Intendencia nos daba 16 pesos para pinturas, conseguíamos ropa usada y arrancábamos. Tocábamos timbre y le decíamos a los vecinos que en quince minutos había función en la esquina. Y ellos sacaban las sillas a la calle. Hacíamos El burgués gentilhombre de Molière, obras cortitas".

Si la actuación le ganó a la abogada que nunca fue, la comunicación pulverizó a la secretaria bilingüe que pensó ser. Apenas había cursado un mes en el José Pedro Varela "para conseguir trabajo" cuando la llamaron a trabajar como productora en Radio Carve. Comenzó una carrera en los medios que tuvo su pico de notoriedad entre 1998 y 2012 en el magazine Buen día Uruguay, por Canal 4.

"Ojalá pudiera ser oradora motivacional. Yo di clases de conducción en televisión en el Instituto FEC, a jóvenes de 20 años, y vi que muchos de ellos solo necesitan un empujón, un abrazo de confianza".

—¿Y vos crees que tenés ese don?

—Yo sí. Soy buena en eso de comunicar a la gente que no hay que aflojar, que hay que meterle, probar una y otra vez. A veces la gente se sume en sus depresiones personales y claudica. A veces vos entrás perdiendo tu propio partido. Yo hace tres años que estoy desempleada de los medios de comunicación, pero nunca me faltó el trabajo.

Adriana sabe lo que dice. La luz que le ilumina la cara cuando habla de sus hijas y de su padre Clodomiro, un peón de estancia que vino a Montevideo a trabajar en un frigorífico y hoy tiene 82 años, se le va cuando habla de su mamá Julieta, fallecida de forma inesperada hace más de dos décadas. "Mi madre entró en una sociedad médica sana y salió muerta. Así nomás. Fue triste e inexplicable. Recién lo procesé con los años". A su hija mayor le puso el nombre de la abuela que no conoció; la menor, Clara, se llama así por la tía y madrina de Adriana, que asumió el rol de su hermana y vive con ellas. Y además, estuvo el duro final de año de 2012.

Fue entonces cuando en una sola semana la despidieron de Buen día Uruguay y se separó de Ahunchain. "Perdí todo, me quedé en cero. Pasé el momento como pude y luego me vino un bajón. Me afectó la salud, sufrí hipertensión. Fui a ver a un médico en una emergencia y le dije que no quería levantarme, ir a trabajar. Vos sos jefa de familia, no estás en posición de rechazar ningún trabajo, me dijo". Algo tan simple como eso fue como un clic. "Resolví estar positiva como una actitud de vida. Y cuando eso pasa siempre te llaman para trabajar. En ese primer año, en 2013, actué en cinco obras. No paré". Y no se ha detenido hasta ahora.

Aunque reconoce sin problemas que le gustaría volver, por la tele —en la que debutó en 1997 en Queremos la tarde, por Canal 5— no hizo duelo. A diferencia del teatro, donde fue la desenfadada Jacqueline de La jaula de las locas, la sufrida Sally Bowles de Cabaret o la exuberante Doña Flor de Doña Flor y sus dos maridos, aquí obtuvo gran notoriedad popular siendo ella. "Fui el personaje que ven mis vecinos en el supermercado, fresco, descontracturado. ¡Y me di el gusto de que Mario Benedetti siempre pedía que lo entrevistara yo!".

Explorarse.

Doña Flor..., cuya reposición está prevista este año, la obligó a una búsqueda interior e inédita. "Ella me obligó a explorar mi costado sensual como nunca. Y descubrí que lo tenía, solo que nunca lo vendí, no sé si por pudor, por no creérmela, por la uruguayez... Pero en esta obra era necesario porque hay erotismo, hay desnudos, incluso uno mío... Lo exploré en una edad límite para una mujer: era algo interior, algo relacionado a la seguridad. Si a esta altura una mujer de mi generación no logró ese tipo de seguridades es porque no lo trabajó, no lo exploró o porque está trancada. Y yo me pude destrancar".

Doña Flor... mostró a una nueva Adriana Da Silva y no solo por el destranque interior: se había hecho una liposucción en las piernas y un implante mamario. "No fue por la obra sino por un tema de edad, de haber sido madre dos veces, por un tema profesional. Yo soy de la idea de que un actor se tiene que cuidar, y si hay actores que engordan para una obra, si una actriz se tiene que desnudar en una escena, tiene que estar en condiciones. Yo me tengo que cuidar porque yo estoy completamente abocada a la profesión".

—¿Y qué es lo que te gusta más de tu profesión, de actuar?

—Que no soy yo. Que soy todo lo que no soy en la vida. Soy la reina que no soy, la mujer alta que no soy, la sensual a morir que no soy. Muestro que de un segundo a otro puedo pasar de ser una prostituta de cabaret a una mujer que llora una pérdida. En mi vida, en cambio, soy tierra pura, una madre, una ama de casa que puede maquillarse y salir a hacer una nota divertida. Y en el teatro soy quien yo quiera.

La mujer-tierra sonríe. Cuatro pisos abajo, Montevideo sigue su concierto de bocinas.

EJECUTIVOS Y POLÍTICOS

A sus trabajos en teatro, televisión y carnaval, Adriana Da Silva le suma su labor con empresas y particulares. Ha realizado actings para varias compañías, como bancos, para ayudar a que los empleados encuentren soluciones para distintos problemas. "Eso me exigió meterme en ámbitos que no son los míos. El arte dramático te permite improvisar".

Además de eso, ha sido coach de todo tipo de personas que requieren tener dominios orales y presentarse ante el público. "Muchos dicen que no saben cómo comunicar, que si se les cae el power point se estresan mal. Mi trabajo es buscar los puntos de confianza de esa persona, desarrollar su potencial. Todos pasamos nervios y nos estresamos, tenemos que saber cuáles son nuestros puntos altos y no quedarnos en blanco". Para esta tarea ha sido contratada por ejecutivos y también por políticos cuya identidad guarda bajo siete candados.

Hoy sin pareja, por su rol en Doña Flor... le han llegado un montón de mensajes privados "de figuras insospechadas" que no nombra ni detalla. "En el escenario puedo estar semidesnuda y pintada como una puerta, pero luego tengo que llegar a casa a cocinar una cajita de congelados. Soy lo más normal del mundo".

SUS COSAS

Su disco

"¡Cualquiera de Caetano Veloso!" Cualquiera no, Adriana, elegí uno. "Uno... bueno, Circulado". Ese es el disco de 1991 del genial músico brasileño, a quien ella pudo entrevistar para Buen día, Uruguay luego de una actuación en el Solís. "Tiene las canciones que más disfruté".

Su objeto material

Adriana piensa un rato y nombra a su televisor: un plasma de 42 pulgadas en su dormitorio. "Vivo enganchada a la tele. Te miro de todo: series, documentales, telenovelas". Del otro lado de la pantalla y a tres años de su salida de Buen día Uruguay, actualmente ha "hay un proyecto" para hacer algo en Canal 12. Pero no larga prenda.

Su libro

No duda: Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta. Le fascina el personaje de Catalina Guzmán. "¡Ella sí que fue violentada!", dice sobre la heroína. Adriana ha trabajado mucho el tema de la violencia de género. Ha participado en campañas gráficas y dirigió Diez maneras de ser un hombre.

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