EL PERSONAJE i Berch Rupenian

"Acá el gran jurado es la gente, que te elige"

Hombre de radio, lo perdió todo y volvió a empezar. Armenio, entusiasta y autodidacta, su voz hoy suena en Urbana FM yEl Espectador. Y conserva las mismas ganas del primer día.

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"Siempre me gustaron los números, hubiera sido contador", dice Berch Rupenian. Foto: Ariel Colmegna

DANIELA BLUTH

Es muy difícil llegar al éxito y mucho más difícil mantenerse..., pero lo recontra más difícil es volver. Y nosotros volvimos después de una etapa dura con un éxito bárbaro", dice Berch Rupenian (69). Sereno y sonriente, su voz de radio se impone sin necesidad de un micrófono en su oficina en la calle Paraguay casi Uruguay, donde las paredes están repletas de fotos, afiches y recortes de prensa, pero son apenas una muestra de todos los recuerdos que este hombre de radio tenía en el local de Independencia, a pocas cuadras de allí, sobre la avenida Paysandú, la emisora donde se formó y creció durante más de cuatro décadas.

Berch habla desde su experiencia. Y lo hace en plural. Si sus comienzos fueron a instancias de su padre, Antonio, sastre de profesión y aficionado a la radio, los grandes logros los alcanzó de la mano de su hermano menor, Aram, fallecido en 2013. Pero también habla de un regreso, buscado y valorado como cada salida al aire. Esa es la contrapartida que rescata después de varios años difíciles en los que él y su familia pasaron mal, perdieron todas sus radios y los hermanos estuvieron presos por defraudación tributaria. Del período más oscuro prefiere no dar detalles. "Pasamos momentos duros, pero ya fueron, tenés que superar esas etapas porque no hay otra". Sin mirar atrás, sigue afirmando que ellos tenían razón. "Si todo lo que nos pasó hubiera sido verdad, el público no te acepta más. Acá hay un gran jurado que es la audiencia, el que te ve en televisión o escucha en radio, que te acepta o no te acepta. No hay imposición, no hay ley... es la gente la que elige".

Los Rupenian estuvieron tres años fuera del aire. Volvieron en 2011 con Concierto Punta, la 95.1, y un contrato por diez años para musicalizar el verano, como durante 22 temporadas lo hicieron en la clásica Concierto 94.7. Otro gran desafío llegó en 2014, cuando los nuevos dueños de Radio El Espectador convocaron a Berch para formar Concierto/Urbana FM y sumar su propuesta musical a la frecuencia 92.5, donde tradicionalmente sonaba la electrónica. "En ese momento la FM repetía la programación de la AM con poca audiencia y cero venta", recuerda. Allí, en las tardecitas, instaló Después de hora, un programa nacido en Concierto que mezclaba noticias y música, ahora en dupla con Alicia Garateguy. Y a fines de 2015, en el marco de una reestructura, recibió una nueva propuesta: llevar Después de hora a la AM. "Urbana tenía prestigio sin tener éxito comercial. Y la unión con Concierto fue muy buena. Ahora, a diferencia de lo que ocurre en la mañana, Urbana se repite en El Espectador", reflexiona orgulloso y ya con agenda llena.

—¿Puede disfrutar Punta del Este?

—Yo lamentablemente no. Ahora estoy nervioso por cómo viene la temporada, las notas, los clientes, los eventos..., cómo sale la radio. El verano es trabajo, zafra. Nos han tocado años muy difíciles, de mucha actividades, de rearmar todo el esquema. Eso no es fácil, pero lo que rescato es el afecto de la gente. Si la gente no te quiere no lográs imponerte ni con dinero, ni con presiones.

La apuesta.

Desde el vamos, la familia siempre estuvo. Estuvo allá en 1957 cuando su padre compró radio Independencia para que su audición armenia pudiera perdurar. Estuvo cuando en los 90 su hermano se empeñó en adquirir un ómnibus de dos pisos inglés para que circulara por Punta del Este con las banderas y la música de Concierto FM. Y está ahora también, con su madre María, a poco de cumplir 90, que todas las tardes va hasta la oficina a hacer algo de papeleo y mucho de apoyo moral. "Ella me orienta y la consulto en muchas cosas porque tiene sabiduría y está muy bien de cabeza. Siempre es bueno tener el consejo de alguien que te quiere".

Así, radio y familia forman para Berch una unidad indivisible. Todavía recuerda sus primeras locuciones, de niño y subido a unos cajones de bebidas para alcanzar el micrófono. A los 15 años, ya era profesional. "En aquella época no había cursos, no había universidades, era experiencia pura y la conducción de papá, que también era autodidacta. Él fue mi guía".

Los comienzos en Independencia no fueron fáciles. Corrían vientos de éxito para Sarandí, Oriental, Espectador, Carve y Montecarlo, pero la CX 50 ocupaba una posición totalmente desfavorable del dial. "Estaba en un extremo, ¡no existía!". La llegada de los 60, la revolución de la radio a transistores y, sobre todo, el éxito de la Spika, cambiaron la pisada. "Con una vueltita rápida llegabas al extremo y eso nos ayudó muchísimo". Además, los Rupenian supieron ver "un nicho" en el mercado de las AM: los jóvenes no tenían una radio para escuchar. "No era un público apetecible, como lo es ahora". La explosión de Los Beatles fue la frutilla que coronó la torta. "Empezamos con música en español, con el Club del Clan, pero en el 64 cuando Los Beatles empezaron a pegar decidimos seguir esa línea y nos transformamos en una especie de líderes", recuerda Berch, que por esa época conducía Impactos. Eso sí, la audición armenia, que cada día se emitía de 13 a 15 horas, no se suspendía por nada. "Era una locura, pero también era la base de la radio".

El éxito de Independencia lo llevó a abandonar la carrera de Ciencias Económicas, su otra vocación. "Siempre me gustaron los números, hubiera sido contador. En ese momento ya tenía claro que quería sacarme el gusto de recibirme, pero que no iba a ejercer. Mi mundo era la radio. En 1978 colgué los guantes". Por esos años empezaron los viajes. Y no solo traía discos, también ideas y contactos. Aram se dedicaba a la parte comercial, Berch al contenido artístico. Londres y sus disquerías se volvieron parte de la rutina. "Nos transformamos en la radio con la mejor música, logramos estar al día y nadie nos imponía nada". Así, fue la primera radio de América del Sur en pasar la historia de Los Beatles de la BBC de Londres con traducción al castellano y la primera en Latinoamérica en emitir American Top 40, que reunía los mayores éxitos de la semana en Estados Unidos. "Esa vez yo no podía viajar así que fue mi hermano... ¡en su luna de miel!". Su cuñada aún (se) lo recuerda.

En 1984, el gobierno militar concedió varias ondas de FM. Una de ellas fue para el periodista Daniel Branáa y los Rupenian se hicieron cargo de la gestión. Las AM empezaron a sufrir, no podían competir con la calidad del sonido de las nuevas señales. Independencia no fue la excepción; se reconvirtió con la ayuda del fútbol y las noticias. Berch y Aram también. "Fue barajar y dar de nuevo".

La diferencia.

Las fotos de las notas sobre Concierto FM, con su logo rojo inconfundible, le dan color al despacho de Berch. Allí, enmarcados, están el debut de la emisora en el Este, la llegada de un double-decker primero y un taxi inglés después, los hits de cada temporada. "Aparecieron siete u ocho radios nuevas, ¿cómo te distinguías? Vimos que había que buscar un diferencial... y ahí apareció Punta del Este". La primera escala fueron los paradores. Berch y Aram les ofrecieron musicalizar la playa. Instalaron equipos, colocaron banderas y tapizaron los autos con calcomanías. El tiempo trajo los ómnibus, el taxi, una veintena de cabinas telefónicas. "Son todos elementos de marketing. Lo que Concierto hizo para el turismo en Punta del Este fue muy importante, hay gente que lo valora, otra no".

El fenómeno de Concierto FM se potenció con el éxito de Verano del..., el programa estival de Canal 12 que Berch musicalizaba. "Hacíamos una dupla bárbara, Concierto y Teledoce, ¡no había con qué dale!". La clave era, sobre todas las cosas, la elección del tema. Berch viajaba cada octubre y se "internaba" en las disquerías durante al menos ocho horas. ¿La consigna? Encontrar una canción nueva de un artista desconocido en Uruguay. Así surgieron Cara, Viva la Mamma, Cant take my eyes off you y Tropique, entre tantas otras.

Aunque no toca ningún instrumento ni tiene pasta de disc-jockey, en el camino Berch aprendió de equipos, transmisores, consolas y micrófonos. "De eso le puedo discutir a cualquiera", asegura. Se define como un hombre de radio, donde vibra hoy igual que la primera vez. "El día que no lo disfrute más no lo hago más. Pero yo tengo un privilegio, siempre trabajé de lo que más me gusta".

SUS COSAS.

Una ciudad.

"Para mí Londres es la mejor ciudad del mundo", dice sin titubear. "Viajar te abre la cabeza, ves otros mundos, otras culturas... para mi fue vital". En la elección tiene que ver la magia de la capital inglesa, pero también la influencia que Los Beatles ejercieron sobre él. "Cambiaron todo, hay un antes y un después de ellos".

Su relax.

El tiempo no sobra en la agenda de Berch Rupenian. En zafra, termina con el último programa de radio a las diez de la noche. Hubo una época en que su "escape" era jugar al frontón. Hoy, lo sustituyó por una buena caminata matinal, en general por su barrio, Carrasco, donde improvisa la ruta. También le gusta mirar televisión, sobre todo series y periodísticos argentinos.

La herencia.

Antonio Rupenian, padre de Berch, llegó a Uruguay huyendo del genocidio armenio en 1925, "con una mano adelante y otra atrás" y el oficio de sastre aprendido en la travesía en barco. Diez años después fundó la audición armenia y se volvió líder natural de su comunidad. La plaza Armenia, en la rambla y 26 de marzo, fue uno de sus mayores logros.

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