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El perdedor que vivió para ganar

La muerte de Lemmy Kilmister determina el final de Motörhead.

Lemmy Kilmister. Foto: Reuters

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BELÉN FOURMENTmié dic 30 2015 05:00

No había que ser fanático de su música para saber quién era Lemmy Kilmister, y para quererlo. El hombre, con su oscura cabellera larga, su particular bigote, sus chalecos de jean y su ropa siempre negra, con las dos verrugas que tenía sobre su mejilla, se había transformado en un ícono del rock.

Y así será recordado, como un símbolo, como un emblema. El lunes por la noche, el fundador y cantante de la banda Motörhead falleció en Los Angeles. Tenía 70 años (los había cumplido el 24) y apenas dos días antes de morir le habían diagnosticado cáncer terminal. La noticia de su deceso corrió por las redes sociales el Día de los Inocentes, y por un rato fue mejor creer que se trataba de una broma de mal gusto.

“No hay manera sencilla de decir esto”, era la primera línea del comunicado que la banda publicó a modo de anuncio. Lemmy murió por un cáncer “extremadamente agresivo”, y con su fallecimiento terminó la historia de Motörhead, una de las bandas más populares de heavy metal del planeta.

El baterista Mikkey Dee cumplió con la formalidad de decirle a la prensa que el grupo no iba a seguir adelante, manifestando lo que cualquier fanático del rock ya sabía: que Lemmy era Motörhead, y que sin él no queda nada más.

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Kilmister había nacido en Inglaterra y tenía 30 años cuando inició el periplo con Motörhead. Siempre estuvo al frente, cuando la agrupación tuvo que soportar las iniciales pésimas críticas y cuando llegaron los momentos de máxima popularidad y fama.

Siempre, soportando cambios de integración (la que más se recuerda era con Eddie Clarke en guitarra y Phil Taylor, quien murió en noviembre, en batería) y en el funcionamiento de la industria, siguió adelante con el proyecto que ocupó más de la mitad de su vida.

Sin tapujos, sin prejuicios, sin vergüenza, no hizo más que llevar adelante la bandera de un género que lo tiene en lo más alto del podio, y que con él pierde un enorme referente.

“Tengo que demostrar que no estoy para la pavada. Esto no es ningún hobby. Esto es una batalla. Y a mí me gusta ganar”, decía Lemmy, que además de ser todo un símbolo desde lo estético era un hábil declarante y vivía bajo las máximas de un rockstar. “Mi vida social transcurre en bares, por eso dejar de tomar no es una opción”, comentaba con soltura.

“Lemmy, sos una de las principales razones por las que esta banda existe”, escribió Metallica en su cuenta de Twitter ayer. Y esa fue una de las tantas muestras que sirven para medir el peso de este hombre.

En 2011, Motörhead pasó con toda su potencia y velocidad por el Teatro de Verano, y para quienes vieron a Lemmy en vivo, para quienes lo escucharon cantar y tocar el bajo, ese recuerdo será imborrable. “El mundo es tuyo”, se leía esa noche sobre el escenario. Y el mundo fue de Lemmy, que como rezó históricamente el lema de su banda, nació para perder y vivió para ganar.

El paso de Motörhead por Uruguay

En 2011, la banda tocó en el Teatro de Verano ante una multitud, y varios recuerdos quedan de esa visita. Por ejemplo, está este video registrado por una fan afuera del hotel donde los músicos se hospedaban.

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Además, Valvular TV, el canal uruguayo de metal, registró la llegada de Motörhead al Aeropuerto de Carrasco en la previa de ese show.

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Y el programa de La Tele Cámara Testigo hizo un informe en esa oportunidad sobre la llegada del grupo al país, y la repercusión que eso tuvo entre sus más fieles seguidores.

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