CRÍTICA

La Filarmónica: tributo galponero

Adhiriéndose a los festejos de los 65 años de El Galpón, la Filarmónica ofreció en dicha sala un concierto cuya temática fue muy variada: fue desde la música nacional pasando por el impresionismo para finalizar en el postromanticismo. Curiosamente se inició el concierto con dos obras de compositores uruguayos.

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JULIO CÉSAR HUERTASmié sep 10 2014

En primer lugar se ejecutó el Andante para cuarteto de cuerdas, op.5, de León Ribeiro, y luego el Final del Preludio, Minué y Final op.9, de Carlos Estrada. Este año, el 11 de abril, se cumplieron 160 años del nacimiento del compositor Ribeiro. Tal vez la inclusión de esta obra en el programa haya sido para subsanar el imperdonable olvido en el que se tenía a este autor. El Andante no es de sus obras la más representativa, pues es un movimiento del Cuarteto de cuerdas y como bien lo dice su título, es una obra de cámara y no sinfónica. La interpretación que ofreció Martín García fue correcta pero le faltó profundidad al enfoque. Hubiera sido preferible que siendo Ribeiro el primer sinfonista uruguayo, se hubiera ejecutado alguna de sus cuatro sinfonías que aún permanecen guardadas en el Museo Romántico, esperando que algún director se interese en divulgarlas.

Con respecto a la pieza de Estrada, también ocurrió lo mismo. Se ejecutó el final de una obra más compacta pudiéndose haber elegido otra de mayor envergadura o interpretándose ésta en forma completa. La versión que brindó Martín García fue más convincente que la anterior, pues contó con que la Filarmónica la había preparado con el maestro Fukumura para el concierto del 15 de julio pasado, con motivo de los 55 años de su fundación.

Uno de los puntos más sobresalientes de este concierto fue la participación como solista de la arpista francesa Mélissa Kenny en la Danza Sagrada y Danza Profana de Debussy. Nuevamente esta artista deslumbró por la bellísima sonoridad que extrae de su instrumento, mostrando una infinita gama de matices, con una digitación segura y cómoda y una pedalización imperceptible y eficaz. Pero por encima de todo esto su refinada musicalidad hizo que las danzas de Debussy transmitieran esa exquisita fluidez sensual que caracteriza al autor. El acompañamiento de la orquesta fue discreto.

Para finalizar, en la segunda parte, se escucharon la Pavana op.50 de Fauré y la Obertura Fantasía de Romeo y Julieta de Tchaikovsky. Las versiones que ofreció Martín García fueron con respecto a la ejecución aceptables, pero carecieron de la expresividad que estos compositores requieren en sus obras. Es posible que a este joven director uruguayo le falte más oficio e involucrarse más con el espíritu de los autores y las obras elegidas.

ORQUESTA FILARMÓNICA DE MONTEVIDEO

Director: Martín García. Solista: Mélissa Kenny (arpa). Sala: El Galpón, 5 de septiembre.

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