CINE

La pesadilla de Orwell con un héroe moderno

Estaba visto que a Oliver Stone le iba a interesar la historia de Edward Snowden, el contratista de la seguridad estadounidense que alertó al mundo —con pruebas muy concretas— sobre la existencia de una red de vigilancia mundial de parte del gobierno de Estados Unidos.

Joseph- Gordon- Levitt como un Snowden convincente y de una sola pieza. Foto: Difusión

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FERNÁN CISNERO08 dic 2016

Desde 2001, o sea desde el año de los atentados a las Torres Gemelas, Stone, quien siempre fue un director con ganas de dejar claras sus ideas, dedicó una parte de su carrera a analizar la realidad nacional e internacional en sus películas.

Lo hizo con menos fiereza de la previsible en W, su biopic sobre el presidente George W. Bush; destacando las tragedias personales en World Trade Center o retomando viejas ideas sin tanta fuerza en Wall Street 2. Paralelamente fue el cronista del progresismo latinoamericano moderno (Mi amigo Hugo, su tour regional de South of the border) o tradicional (Comandante sobre Castro).

En Snowden habla de otra cosa: se trata de explicar el mundo hiperconectado y vulnerable al que nos hemos expuesto con confianza ciega desde la última revolución tecnológica. Denuncia una conspiración espantosa.

La película está armada como un largo flashback a partir de la entrevista que Snowden (Joseph Gordon-Levitt, bien) le dio a la documentalista Laura Poitras (Melissa Leo) y al periodista Glenn Greenwald (Zachary Quinto) y que había quedado registrada en el documental Citizenfour de Poitras que ganó el Oscar de 2015.

Con eso, Stone arma la historia de Snowden desde que es un héroe convencido a un héroe a la fuerza. Llena los huecos que dejaba aquel documental con convencionalismos de Hollywood.

Así vemos a un Snowden en una suerte de academia Hogwarts de espías y luego en alguno de sus destinos llenos de pantallas en los que convive con una novia izquierdista (Shailene Woodley) y con la creciente sensación de que lo que hace en el trabajo no está nada bien.

Stone no deja duda —desde los planos a la utilización de la banda sonora y a la falta de matices en la construcción del personaje— de que considera a Snowden un héroe moderno. Y que es parte de una tradición de la Inteligencia estadounidense (representada por Nicholas Cage como un viejo analista rodeado de viejas máquinas de espionaje) que supo honrar a su país pero ya no se dedica a eso. Ahora está en manos de siniestros personajes orwellianos (esa pantalla con el amenazante jefe y mentor de Snowden) que, de alguna manera, obligaron al leal muchacho a dar ese estrepitoso paso al costado.

Stone presenta el tema central con una suerte de infografía que cierra en un ojo y que deja clara una realidad a la que nos exponemos aún sin saberlo (es probable que tape la cámara de su laptop después de ver la película).

Como director, Stone es rutinario (es un Brian de Palma sin cinefilia y menos talento) y la película se desarrolla en un terreno clásico.

Una buena idea es la inclusión del verdadero Snowden al final de la película saludado por una ovación. Es para recordarnos que lo que acabamos de ver es muy real. Y si ese era el objetivo de Snowden, entonces Stone debe darse por satisfecho. Presentó su ponencia de una manera bien clara.

Snowden [***]

Estados Unidos, 2016. Título original: Snowden. Director: Oliver Stone. Guión: Kieran Fitzgerald y Oliver Stone sobre libros de Anatoly Kucherena y Luke Harding. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Edición: Alex Marquez y Lee Percy. Música: Craig Armstrong y Adam Peters. Con: Joseph Gordon-Levitt, Shailene Woodley, Melissa Leo, Zachary Quinto, Rhys Ifans. Duración: 134 minutos. Estreno: 8 de diciembre.

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