El crítico David Walsh ha reunido su trabajo en un valioso libro

Una inteligente mirada sobre el cine desde la izquierda política

Es posible que el nombre de David Walsh no le diga mucho al consumidor masivo de cine "mainstream". Es una lástima, porque se trata de alguien al que vale la pena leer.

Una corrosiva metáfora política sobre su gran film: "Sombras del mal" de Welles. Foto: archivo El País

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GUILLERMO ZAPIOLA25 ene 2014

En Estados Unidos, por lo menos, ahora es posible leerlo en libro: Walsh acaba de publicar The Sky Between the Leaves, una antología de críticas, ensayos y entrevistas de cine. A quien domine el inglés pero no pueda acceder hasta el libro le queda, de todos modos, la posibilidad de llegar a los escritos de Walsh en la página World Socialist Web Site (www.wsws.org), vehículo de expresión del movimiento trotskysta.

La política es obviamente uno de los intereses prioritarios de Walsh, pero no funciona en él como una anteojera para desechar un cine valioso con el que discrepa, ni para aceptar mediocridades con cuyas intenciones pueda estar de acuerdo. Trotsky siempre discrepó con la cuadradez stalinista en materia de arte, y Walsh ha aprendido de él.

Su libro reúne críticas de films individuales, desde Las reglas del juego (1992) de Robert Altman hasta Riff-Raff (1991) de Ken Loach, desde La lección de piano (1993) de Jane Campion hasta Sombras del mal/Sed de mal (1958) de Orson Welles, desde La delgada línea roja (1998) de Terrence Malick hasta Un plan simple (1998) de Sam Raimi, desde ¿Dónde estás hermano? (2000) de los hermanos Coen hasta Apocalypse Now (1979) de Francis Ford Coppola y un largo etcétera. También incluye coberturas de festivales, entrevistas con cineastas (el iraní Abbas Kiarostami, el británico Mike Leigh, el chino Jia Zhangke) y críticos (Andrew Sarris, Robin Wood), y algunos ensayos más extensos sobre temas y personalidades del cine (las listas negras, Elia Kazan, Roman Polanski).

El procedimiento habitual de Walsh cuando comenta una película consiste en partir de ella pero ampliar el panorama hasta ubicar ese título en concreto en la trayectoria de su realizador, y en el contexto histórico, político y social que lo rodean. De ese modo, la crítica de Las reglas del juego, por ejemplo, se convierte realmente en un examen de la carrera de Robert Altman; la de Pollock (2000)de Ed Harris se extiende hasta una reflexión sobre arte y política en la Nueva York de los años cuarenta y cincuenta; y la de Pandillas de Nueva York (2002) de Martin Scorsese ofrece un panorama de la cultura norteamericana de mediados del siglo XIX que resulta un placer leer, aunque se discrepe con su juicio específico sobre la película misma.

Es reconfortante encontrar a un crítico de izquierdas, o a un crítico a secas, que señale correctamente que la mejor época de Hollywood, y hasta la más progresista en términos políticos, fueron los años cuarenta (Chaplin, Welles, Ford, Wyler) y cincuenta (lo mejor de Hitchcock, Hawks, Sirk, Preminger, Minnelli), pese al estorbo de la "caza de brujas" que, Walsh lo anota acertadamente, fue cuestionada metafóricamente por Nicholas Ray, Robert Aldrich, Allan Dwan y algunos otros.

No hay porqué estar siempre de acuerdo con Walsh, y a veces se entienden los motivos. Es comprensible el fastidio que le causa la persona Elia Kazan, pero hay que objetarle que afecte el juicio estético sobre algunas de sus películas más valiosas (Un rostro en la muchedumbre, 1957; América América, 1963). La perspectiva sociopolítica dista de agotar la valoración de una película como La pasión de Cristo (2004) de Mel Gibson, que requeriría una mejor comprensión de la teología católica de la Eucaristía (Walsh debería leer más a menudo la Biblia, de todos modos: en la página 20, comentando Naked de Mike Leigh, se pregunta si el "Johnny" de la película es una referencia a Juan el Bautista; el propio párrafo, que menciona al libro del Apocalipsis y alude al fin del mundo, tendría que haberlo orientado hacia otro Juan: el Evangelista, el visionario de Éfeso). Reparos secundarios, si se quiere. El libro es excelente, y se aprende leyéndolo, aún en la discrepancia. Alguien debería traducirlo al castellano y traerlo más cerca.

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