REY ARTURO

El eterno recurso de una leyenda

El director Guy Ritchie intenta renovar una leyenda.

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FERNÁN CISNERO18 may 2017

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De acuerdo al sitio especializado imdb.com, hay 144 películas que tienen al Rey Arturo —un personaje meramente literario que apareció por primera vez en el siglo IX— en su reparto, de las cuales una media docena están anunciadas para este año. Su presencia en el cine va desde Lancelot and Elaine, de 1909, a Rey Arturo: la leyenda de la espada, la película de Guy Ritchie que se estrena hoy en Uruguay.

Ritchie, siempre asociado a los tunantes de sus películas más personales de fines de la década de 1990 como Juegos, trampas y dos armas humeantes, y Cerdos y diamantes y responsable de las dos películas de Sherlock Holmes, era una elección extraña para este asunto de caballeros de la mesa redonda y un montón de magos y efectos especiales.

"Soy un inglés: crecí con el Rey Arturo y con Sherlock Holmes", le dijo Ritchie a la revista Empire. "Lo tengo dentro mío".

Ritchie, quien tomó como modelo la versión del tema que John Boorman hizo en Excalibur, tenía sus propias ideas. Eso incluía algunas referencias bíblicas (Moisés en una cuna sobre el río, Jesucristo en el desierto), cierto, pero también un montón de efectos especiales que acentúan el tono de fantasía de la historia.

"Mi sensación es que este género queda un poco sombrío si no tiene un componente fantástico", dijo Ritchie. "Creo que es difícil competir sin eso".

Para conseguirlo, aquí pone elefantes gigantes de piedra, extraños conjuros que atacan como pestes y un pulpo-hidra verdaderamente repulsivo. Muchas escenas no consiguen disimular su escenario de CGI (o sea de imágenes generadas por computadora), pero eso parece inevitable en el cine actual.

La idea original era convertir esto no solo en una saga sino en un universo, algo así como hace Marvel, pero en lugar de los superhéroes están los caballeros de la mesa redonda. Eso queda claro en la presentación de los per-sonajes y en dejar la puerta abierta a nuevos desafíos.

Sin embargo, el fracaso en la taquilla y el desdén casi unánime de la crítica pueden hacer que la historia vaya terminando por acá. En su primer fin de semana en Estados Unidos Rey Arturo: la leyenda de la espada recaudó 14,7 millones de dólares, muy por debajo de los 175 millones que costó, lo que deja un estimativo de 100 millones de dólares en pérdidas para Warner. Hay quienes acusan —en The Guardian, por ejemplo— a Game of Thrones de saciar al público disponible para películas sobre espadas, intrigas de palacio y animales fantásticos.

La anterior versión de esta historia, Rey Arturo de Antoine Fuqua con Clive Owen en el papel principal, fue también un fracaso de crítica y taquilla, lo que sin embargo no desalentó a Warner que siguió avanzando con el proyecto. Tampoco se consideró que los tropezones de Peter Pan, Tarzán e incluso de El agente de C.I.P.O.L. (justo de Ritchie) podrían estar diciendo que quizás haya franquicias con fecha de vencimiento.

El protagonista acá es Charlie Hunman, quien viene en ascenso (también está en The Lost City of Z, la nueva de James Gray, y en la remake de Papillon) pero su principal antecedente es Sons of Anarchy, una serie que mucha gente dice que está buenísima pero se ve poco. Esa carencia debía ser compensada con una figura de peso por lo que se sumó a Jude Law (un amigo de la casa: el Watson de Holmes) como el villano Vortigern, el rey que alineado con las fuerzas del mal despojó al padre de Arthur del trono y que encima pretende pasar todo hacia el lado oscuro. El enfrentamiento entre Arthur y Vortigern es el centro de Rey Arturo: la leyenda de la espada. Al muchachito lo ayudan una hechicera (Astrid Bergès-Frisbey) y un compinche fiel (Djimon Hounsou), el primer caballero negro. Uno de los malos es David Beckham, en un cameo que algunos encontrarán simpático y otros, innecesario.

Sin ser la octava maravilla del séptimo arte, Ritchie ha conseguido construir un cierto prestigio, en el que influye bastante la inercia de aquellas primeras películas. Siempre al borde del clisé, su cine (y el del Danny Boyle de Trainspotting) fundó una modernidad británica y llamativa de montaje ágil, fragmentación esteticista, primeros planos expresivos, cámara lenta y guión descontracturado. Esa imaginería visual y narrativa se hace notar en el cine de acción actual. Y la aprovecha en beneficio propio en esta Rey Arturo.

Su saga de Sherlock Holmes no está mal aunque es más efectista que importante. Era una actualización bien novedosa de una franquicia a la que el estilo de Ritchie le daba una identidad. Sus películas tienen esa capacidad visual que dan los abultados presupuestos, cierto, pero también cierto ojo de artista

Acá, Ritchie se hace notar en detalles. Una secuencia de montaje resume el devenir del personaje central de un Oliver Twist a algo así como uno de los Peaky Blinders y un rewind permite contar una escena de dos maneras. Esa mezcla de un recurso clásico con uno tan de los noventa es bien Ritchie, y también de lo más singular que hay en una historia que de original a esta altura tiene poco.

OTROS ARTUROS DEL CINE.

La Espada en la piedra - 1963.

La versión animada de Disney que fue un éxito en la década de 1960. El personaje principal es Wart, un niño con aspiraciones de caballero, que se cruza con elmago Merlín que le puede cumplir el sueño.

Excalibur - 1981.

Vista hoy tiene todos los excesos y los defectos que el director británico John Boorman no se preocupa en ocultar para contar una historia llena de magia, batallas y algo de sexo en un tono que le va muy bien a la historia.

Rey Arturo - 2004.

Clive Owen le pone algo de dignidad a esta repetida historia que el director Antoine Fuqua apenas puede aprovechar en un par de escenas de acción.

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