Villaverde y Elola hablan de la experiencia de ir 3 años a la cárcel de Canelones

"Desde adentro": todo lo que no se ve

Mañana se estrena el documental uruguayo "Desde adentro", que sigue durante tres años la vida de un grupo de reclusos de la Cárcel de Canelones. El País dialogó con sus realizadores: Andrea Villaverde y Vasco Elola.

Andrea Villaverde y Vasco Elola son pareja en la vida real. Inés Guimaraens.

Medina, una de las principales voces del documental. Archivo El País.

Gonzalo Palermo

En 2003, Villaverde, por entonces periodista de radio El Espectador, entrevistó a un recluso de la Cárcel de Canelones tras un motín. El propio interno se puso en contacto con ella dos años después para informarle sobre el Proyecto de Rehabilitación Voluntaria y Villaverde siguió el tema durante 18 meses, estrechando su vínculo con la población carcelaria y originando la idea de ir más allá. "Yo nunca había entrado a una cárcel. Me impactó mucho el empuje que ellos tenían para reinventarse, y me quedó rumiando la necesidad de hacer algo con eso", responde ella. Fue entonces cuando decidió dejar su trabajo en la radio para abocarse al documental. "Andrea llegó un día a casa y me dijo: renuncié a la radio, quiero hacer este documental, ¿vos lo querés hacer conmigo?", cuenta Vasco Elola, director de la película y pareja de Villaverde desde hace 25 años, quien junto al productor Mario Jacob y los editores Manuel Rilla y Fernando Epstein completa el equipo de trabajo de Desde adentro.

En diciembre de 2006 empezaron a filmar en una cárcel de más de 800 internos. "Cuando entra la cámara, en la cárcel ya me conocían; estaban acostumbrados a que yo entrara. No solamente la gente que estaba trabajando sino todos los que estaban mirando desde atrás de las rejas", recuerda Villaverde. Según Elola, fue clave, a la hora de establecer un vínculo de confianza con los presos, que fuera justamente una mujer quien encabezara el proyecto.

Desde adentro se construye y funciona en base a una mutua colaboración: los presos que encuentran en los realizadores un nexo con el exterior y estos últimos que a su vez encuentran en los primeros una historia para contar. Catuca y Medina, coordinadores del Proyecto de Rehabilitación Voluntaria, fueron las dos voces que se perfilaron naturalmente como las principales. De esta manera, el documental está sujeto a sus dos miradas, sus idas y vueltas, sus estados de ánimo y hasta sus contradicciones a lo largo del tiempo. "No estamos mostrando `la cárcel tal cual es`; estamos mostrando una realidad, que es la realidad que estas personas permitieron y quisieron mostrar", explica Villaverde, y Elola agrega: "Medina tenía una formación más política, podía sintetizar determinadas cosas, y Catuca, en su forma de ser y de expresarse, tenía ese interés que despierta en la gente. Y además, Catuca, por haber liderado algunos movimientos de la cárcel, tenía un respeto muy grande por parte de los presos".

Historias.

En varios pasajes de la película se muestran fragmentos de reportajes de informativos: mientras el periodista de Subrayado afirma en 2005 que "el motín empezó cuando los reclusos incendiaron el módulo", Catuca, dos años después, responde que "aquello no fue un motín; fue un incendio accidental". Una muestra evidente de que la intención de los realizadores es explicar justamente los hechos desde adentro y como parte de la vida carcelaria, no como eventos aislados comprimidos en tres minutos. No como la realidad sino como una versión. "El que vaya a ver una crónica periodística de una cárcel se va a ir decepcionado", asegura Elola.

Desde adentro pone el acento en la rehabilitación -con el Proyecto como eje- más que en las penas. Tanto que en un documental sobre presos nunca se habla directamente de los crímenes. "Nos pareció que si empezábamos a categorizarlos de esa manera íbamos a caer en un error con respecto a lo que estábamos tratando de decir, porque empiezan las chapas: `fulano hizo tal cosa`, `mengano hizo tal otra`. Y en definitiva ahí adentro se trata en realidad de cuestionarse si la cárcel es un lugar adecuado, como está entendida hoy, para que realmente sea un beneficio para la seguridad pública. Normalmente se sostiene que la cárcel es una solución para la seguridad, y de las pocas cosas que nosotros podemos decir es que la cárcel es un problema para la seguridad, no una solución", asegura el director. "Nosotros no estamos diciendo que si alguien comete un crimen no vaya preso", interviene Villaverde. "Lo que estamos diciendo es: `hagamos algo con esa persona` y no `depositémosla en un lugar y bajemos la cortina como si no estuviera`. Porque esa persona está ahí y va a salir en algún momento".

Discusión.

Durante los tres años de rodaje que llevó la película la discusión sobre la inseguridad en Uruguay se agudizó. El estreno llega en tiempos donde los jóvenes infractores, las penas más severas y la población carcelaria son temas candentes. Desde adentro funciona como un insumo más -de enfoque profundo en comparación con una nota televisiva- para el diálogo. Elola es consciente de esto. "¡Yo quiero que nos discutan! ¿Cómo va a reaccionar alguien que acaba de recibir cuatro balazos o que lo robaron cinco veces en la panadería? El problema es que si la gente no discute desde otro ángulo va a seguir agravándose la tendencia de que hay que aumentar las penas, reducir la edad de imputabilidad y tratar a la gente peor adentro de la cárcel".

"La película puede dar una aproximación a cómo se vive dentro de una cárcel y a cómo piensan y sienten personas que desde afuera las ves venir y cruzás la calle", concluye Villaverde.

Un rodaje lleno de desafíos

"Tenemos 60 horas de material y fuimos casi 50 veces a la cárcel. Nos imponíamos no grabar más de una hora por visita", explica el director. "Fue intenso en lo que se llevó de tiempo, por muchas razones. Lo que más costó fue encontrar la forma final. Además estuvo bueno dejar pasar tiempo después que dejamos de grabar, porque eso nos daba una perspectiva de qué era lo más anecdótico y lo realmente universal y permanente de lo que estaba sucediendo".

El proceso de edición también fue importante, según cuenta Villaverde. "Hubo secuencias enteras que las habíamos visto dos años antes, y después de filmarlas las veías en bruto y decías `esto tiene que estar`. Pero al final tenías que sacarlas".

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