novela de margarita garcía robayo

Otra vez la figura paterna

Primera novela extensa de la colombiana radicada en Buenos Aires, en parte ficción autobiográfica.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Margarita García Robayo

LO QUE NO APRENDÍ, de Margarita García Robayo. Malpaso, 2014. Barcelona, 182 págs. Distribuye Océano.

LOS PERSONAJES protagónicos de las novelas de iniciación no necesariamente deben ser jóvenes —Alonso Quijano (don Quijote) era viejo cuando su verdadero aprendizaje comenzó—, ni su desarrollo debe implicar grandes cambios vitales; ahí está el Holden Caulfield del best seller de Salinger (El guardián entre el centeno) que parece tener todo el aprendizaje ya cocinado en su interior. Sin embargo, en los bildungsroman típicos hay protagonistas jóvenes a quienes vemos ir hacia la madurez, tanteando el camino con más o menos dificultad (David Copperfield, de Dickens; Demian, de Hesse; Jane Eyre, de Charlotte Brontë, etc.). En esta línea se ubica Lo que no aprendí, de la colombiana Margarita García Robayo, nacida en Cartagena de Indias en 1980 y hoy radicada en Buenos Aires, donde dirigió entre 2010 y 2014 la Fundación Tomás Eloy Martínez.

En parte ficción autobiográfica, la primera novela extensa de García Robayo (su anterior Hasta que pase un huracán es considerada una nouvelle) se ambienta en 1991 en una Colombia gobernada oficialmente por César Gaviria Trujillo, jaqueada por el narcotraficante Pablo Escobar y por el auge del sicariato. Esa es la historia de fondo que circunda el pequeño drama privado de la narradora de once años, Catalina, que vive con sus papás y tres hermanos. La vida de Cata, enamorada platónicamente del cantante Ricky Martin, transcurre sin problemas, a excepción de que a veces, según dice su mamá, su papá "se muere". Un poco para huir del ambiente familiar sale a andar en bicicleta y se encuentra con un vecino mayor, hippie y marihuanero, que ya tuvo una historia con su hermana y parece dispuesto a tener otra con ella. Ese incipiente despertar sexual se enhebra con otros, como averiguar a qué se dedica en realidad su idolatrado padre, de profesión abogado, pero vinculado a ciencias ocultas y hombres poderosos; renegar de una madre fumadora, de boca floja y nervios sensibles; y acceder a la biblioteca familiar, cerrada por más llaves que las tangibles.

Una segunda parte, más breve, de Lo que no aprendí se vuelca sobre la primera, en cierto modo iluminándola desde una protagonista y narradora ya treintañera y afincada en otro país, que con la muerte del padre recupera (o pierde para siempre; las dos opciones son válidas) un pasado familiar que no terminó de captar. Aquí lo metaliterario suple instancias narrativas que van quedando truncas: la narradora cuenta cómo fue armando el libro, y los contenidos originales se desdibujan para arribar al obvio mensaje de que cada quien arma el pasado a su antojo, y en una familia hay tantas historias familiares como número de miembros.

No es la única vez que la figura paterna medula un texto de García Robayo. En el número 14 de la revista Orsai se puede leer online su relato-ensayo "Amar al padre", un recorrido autobiográfico por sus relaciones amorosas con hombres mayores, narrado con tremenda honestidad, toques de humor y una emoción perturbadora. Lo que no aprendí tiene ese mismo pulso directo y seguro para contar su sencilla historia y seducir sin grandes maniobras: la perspectiva asombrada pero no naif de su joven heroína, el recuento de cotidianidades abrillantadas por una fiesta o una visita, o el trastrocamiento de la rutina provocado por una adolescente que desaparece, un viejo que se suicida o —después de todo proviene de la patria adoptiva del "realismo mágico"— un padre que cada tanto viaja a la dimensión astral. 

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