NOVELA DE MILTON FORNARO

Valiente exploración

Del Barrio Sur a los pogroms judíos de Danzig, el novelista uruguayo hace escala en su gran tema.

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Foto Darwin Borrelli

LA TRAGEDIA y la parodia, lo trascendental y lo insignificante, lo anodino y lo extraordinario se imbrican en La madriguera, la nueva novela de Milton Fornaro, hasta quedar fundidos en una sólida historia. El protagonista es un esperpéntico detective llamado Arquímedes B. Carson, individuo gris y miserable, de los que comen guiso recalentado en la fonda más cercana pero reflexionan apoltronados en un trono incomprensible —un sillón de peluquero colocado en el centro de su apartamento. Carson, un apasionado de su vocación aunque no obtenga dinero alguno, intentará desentrañar el misterio que se oculta tras la aparición de un esqueleto enterrado en el sótano del Palacio Durazno, en el Barrio Sur, sitio donde reside. No faltan las pistas erráticas que pretenderán vincular el episodio al hoy olvidado caso Alberzoni, famoso en la crónica policial de hace medio siglo. Pero son los vínculos con la colectividad judía, tradicionalmente asentada en esa zona de Montevideo, tal como la familia de su amante, los dueños del importante comercio El Emporio del Hogar y la conocida Asociación Cultural Israelita Dr. Jaime Zhitlovsky, los que terminarán por imponérsele.

La persecución y el acoso cotidiano, la creciente y violenta opresión que padecían los judíos de Danzig en la Europa de los años treinta, cuando día a día se agigantaba el terror del poderío nazi, es la otra punta de la madeja. Aquí es donde surge el segundo protagonista de esta historia, Aarón Goldwicz, alguien formado para no respetar ningún principio moral, ajeno a las tradiciones, a los rituales y a las autoridades religiosas pero lo suficientemente taimado y mendaz como para pasar entre los suyos como un hombre de buenas costumbres. Aarón no escapará al destino de su pueblo y será internado en el campo de Stutthof, el primero construido fuera de Alemania, al principio destinado a trabajos forzados y luego también al exterminio. En la dura lucha por la supervivencia, Aarón no dudará en convertirse en un colaboracionista de los nazis, una especie de capataz al servicio de los jefes del campo, un ser abyecto capaz de mandar y reprimir a otros judíos, o de seleccionar quienes debían morir o quienes podían integrar los sonderkommandos, las unidades especiales que trabajaban en las cámaras de gas y en los hornos crematorios. Es un personaje al que el narrador dispensa la mayor atención y que mucho recuerda a João Arístides de Souza Netto, el protagonista de Un señor de la frontera, la anterior narración de Fornaro. Siguiendo sus pasos, el lector asiste al siniestro andamiaje que hizo posible la muerte de millones de personas, la optimización industrial para llevar a cabo la masacre en el menor tiempo posible, la búsqueda desesperada de privilegios, la prostitución de prisioneras, el detalle escalofriante que no se menciona a menudo.

El tercer protagonista, Yankev Kucek, es un joven que en su niñez fue trasladado a Palestina cuando aún se hallaba bajo dominio de Inglaterra. Se formó en un kibutz de pioneros en la inmensidad del desierto y coronó su aprendizaje convirtiéndose en experto falsificador al servicio del Mossad. Esta especialidad la permitió integrar el grupo de agentes especiales que, siguiendo informaciones obtenidas por Simon Wiesenthal, secuestra en Buenos Aires en 1960 al jerarca nazi Adolf Eichmann, responsable directo de "la solución final", y lo traslada clandestinamente a Israel. Es un momento clave para la historia judía posterior al Holocausto y Yankev participa consciente de la importancia del hecho, aunque en su interior su mayor anhelo es conocer el destino de su padre, Nathan, desaparecido en el frente ruso durante el transcurso de la guerra. Audaz, Yankev no vacila en quebrar la rígida disciplina que debe acatar, para cumplir con su propósito personal.

FRISO DOLOROSO.

Son las peripecias de estos tres personajes las que unen escenarios tan distantes a la vez que obligan al autor a optar por distintas estrategias narrativas.

Todos ellos se apartan de sus rutinas para cumplir con sus obsesiones. Lo que comienza siendo la risueña parodia de una simple novela policial a la uruguaya, de las que abundan en los últimos tiempos —esas que encauzan investigaciones ridículas y sin relieve— crece en importancia hasta desembocar en un friso de dolorosos acontecimientos del siglo pasado que serán abordados en su total dimensión. El acento estará puesto en aspectos tan polémicos como los que citara Hannah Arendt en su famoso libro Eichmann en Jerusalén o aún antes, en 1955, por parte del historiador austríaco Raul Hilberg en su tesis sobre La destrucción de los judíos europeos. De acuerdo a estas fuentes —una rigurosa explicación del conjunto de factores que hicieron posible el Holocausto, aunque no la única— se debe incluir, a más de la diabólica maquinaria nazi y sus aliados, "el papel que desempeñaron los dirigentes judíos en la destrucción de su propio pueblo que constituye, sin duda alguna, uno de los más tenebrosos capítulos de la tenebrosa historia de los padecimientos de los judíos en Europa", afirma Arendt, y agrega: "En Amsterdam al igual que en Varsovia, en Berlín al igual que en Budapest, los representantes del pueblo judío formaban listas de individuos de su pueblo, con expresiones de los bienes que poseían; obtenían dinero de los deportados a fin de pagar los gastos de su deportación y exterminio; llevaban un registro de las viviendas que quedaban libres; proporcionaban fuerzas de policía judía para que colaboraran en la detección de otros judíos y los embarcaban en los trenes que debían conducirlos a la muerte; e incluso, como un último gesto de colaboración, entregaban las cuentas del activo de los judíos, en perfecto orden, para facilitar a los nazis su confiscación. Distribuían enseñas con la estrella amarilla y, en ocasiones, como ocurrió en Varsovia, la venta de brazaletes llegó a ser un negocio de seguros beneficios; había brazaletes de tela ordinaria y brazaletes de lujo, de material plástico lavable".

En la posguerra, las consecuencias de esa infamia permanecieron soterradas en la vida cotidiana de los sobrevivientes por mucho tiempo pero, a partir de las revelaciones del caso Eichmann y otras memorias de sobrevivientes, algunos ecos llegaron hasta nuestros días.

CONDICIÓN HUMANA.

La "madriguera" del título puede ser tanto el sórdido paisaje de la corrupción en Danzig, como el campo de exterminio nazi o el decadente Palacio Durazno, pero más allá de quién es el homicida y de quién es la víctima y de si es posible sesenta años después llegar a la verdad, una vez más es la valiente exploración de "la despiadada condición humana", como dice la novela en la página 546, lo que importa y da razón a cuanto sucede. Milton Fornaro nuevamente ha hecho escala en su gran tema.

LA MADRIGUERA, de Milton Fornaro. Alfaguara, 2016. Montevideo, 551 págs. Distribuye Penguin Random House.

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