Memorias de Hisham Matar

Las tres cámaras del alma

Los trozos desperdigados de Libia y de su pasado emocional cobran vida en este texto autobiográfico del multipremiado escritor.

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Hisham Matar

De padres libios, Hisham Matar nació en Nueva York en 1970 pero pasó buena parte de su infancia en Trípoli, donde, según sus palabras, “el único placer que la escuela ofrecía era la lengua árabe” que aprendió a hablar con extrema facilidad. Con sus amigos de la niñez se reunía en las calles de la capital libia “durante las horas ociosas de la tarde. El sol continuaba implacable, con una intensidad que parecía aumentar al ir descendiendo. Temías perderlo, como si fuera posible que el sol no volviera a levantarse más”.

Hijo de un acaudalado importador, Hisham creció rodeado de comodidades y siendo testigo de las actividades políticas de su padre, Jaballa Matar, un severo opositor al régimen que desde el 1º de setiembre de 1969 y durante 42 años lideró Muamar el Gadafi. En 1980 el gobierno libio pidió la captura de Jaballa, por lo que este partió con su esposa y sus dos hijos rumbo a El Cairo, donde se establecieron durante la siguiente década. Ni su fortuna ni su oposición a Gadafi mermaron un ápice, al punto de que llegó a financiar algunas brigadas armadas en el interior de Libia y en la frontera con Chad. En 1990 miembros de la policía secreta del presidente egipcio Hosni Mubarak y del gobierno libio lo secuestraron y lo confinaron en una de las muchas cárceles de su país. La familia recibió noticias suyas hasta 1996, año en que se produjo una brutal matanza en la prisión de Abu Salim, con un saldo de más de 1.200 muertos.

En 2012, un año después del linchamiento de Gadafi y en el supuesto de que la llamada “primavera árabe” también había llegado a su patria, Hisham, su esposa, su hermano mayor y su madre regresaron a Libia intentando conocer el paradero de Jaballa. De todo ello trata El regreso, un libro a medio camino entre la autobiografía y el testimonio político en el que Hisham narra el reencuentro con miembros de su numerosa familia, recorre los lugares que había transitado durante su infancia y trata de aceptar una verdad que se presenta irrefutable pero de cuyos detalles no tiene mayor información.

En el momento en que Jaballa era secuestrado, Hisham estudiaba en Londres, donde años más tarde, y en idioma inglés, escribió sus dos primeras novelas, Solo en el mundo e Historia de una desaparición, en las que es recurrente el tema del padre y de su abrupta pérdida. Solo en el mundo fue celebrada por la crítica, traducida a treinta idiomas y finalista del premio Man Booker. En un breve ensayo titulado “El viaje de las palabras”, aparecido semanas atrás en la prensa española, Hisham se define como “un libio que escribe en inglés –escribo en un idioma en el que mi padre no quería que le escribiera–, pero la respuesta más constante a este destino no ha sido la pena, la inquietud o la vergüenza o, para el caso, el orgullo. Hasta estoy perdiendo lentamente la obligación de justificarme. Lo que permanece es una devoción del escritor a su oficio y la ocupación diaria para expresar las tres cámaras del alma: memoria, curiosidad y voluntad”.

El regreso permite acompañar al escritor en su doloroso tránsito, aunque el lector se queda con la sensación de que el libro fue escrito bajo un estricto control emocional, y que a muchas de las secuencias que en él se narran les falta un pulso más intenso, un impacto que de por sí debería palpitar con otro vigor en cada capítulo.

EL REGRESO de Hisham Matar. Salamandra, 2016. Barcelona, 269 páginas. Distribuye Gussi.

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