Con el poeta Raúl Zurita

Traducir "La Divina Comedia"

Dante ha sido el Virgilio del poeta chileno Raúl Zurita, autor de Purgatorio y Anteparaíso. La simbología dantesca recorre su obra entera, que explora las infinitas ramificaciones del dolor a partir del golpe de estado del General Augusto Pinochet en 1973.

De: Ombú

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Ilan Stavans (desde Amherst, Massachusetts)

Zurita no solamente usa la tinta y la página para formar sus poemas; literalmente, los ha escrito en el cielo, estrategia que sirvió de inspiración al Roberto Bolaño de la novela Estrella distante . No es una sorpresa, pues, que Zurita esté sumergido en la más ardua de las labores poéticas: la traducción al castellano de La Divina Comedia.

-¿Desde cuándo ha estado contigo La Divina Comedia?

-Es extraño, pero está fundida con mi memoria. No es algo intelectual o, al menos, no es solo eso. Mi abuela era italiana -genovesa- y paró en Chile con mi madre aún niña. Es un cuento largo pero en síntesis mi abuelo se arruinó jugando a la bolsa y lo que les quedó fue únicamente unas manzanas de casas que un bisabuelo naviero había comprado a fines del siglo XIX. Chile era entonces una potencia económica debido al salitre. Para cuando mi abuela llegó, todo eso se había derrumbado y las casas no valían ni dos pesos. Después mi madre enviudaría. Tenía 28 años, yo dos y mi hermana solo meses. Dos días después, enviudó mi abuela. Vivían todos juntos y mi madre trabajaba todo el día como secretaria, así que mientras fuimos niños lo pasábamos con nuestra abuela.

-¿Fue ella la que abrió el libro?

-Esta abuela, Josefina Pessolo, había sido una mujer rica, con pretensiones artísticas. Estudió pintura en la academia de Génova y siempre le pareció que el país al que había llegado era una miseria. Posiblemente para saciar su nostalgia, vivía hablándonos de Italia, al punto que de mi infancia no tengo casi recuerdos propios. Mis primeros recuerdos de niño son los recuerdos de mi abuela, del mar de Rapallo, de sus paseos en barca, y de muchos nombres, entre los que aparecían grandes pintores y músicos. Pero sobre todo mi abuela nos hablaba de La Divina Comedia. En lugar de cuentos, nos contaba pasajes del Infierno, que nos aterrorizaban y fascinaban a la vez. Cuando, después del golpe de Pinochet, en circunstancias bastante desesperadas, volví a escribir, se me vino la voz de mi abuela. Ella para entonces había ya comenzado a perder la memoria y nunca pude en verdad decirle lo tanto que había significado para mí. Al escribir, tomé a Dante porque era como sentir de nuevo su voz. Supe entonces que nunca podría apartarme de ese libro, que era mi forma de volver a hacerla presente.

-Ella vive en ti.

-Mi abuela murió en 1986. Había olvidado completamente el poco castellano que aprendió. Luego olvidó el italiano y terminó hablando en la lengua de sus remotos tiempos felices: el genovés. Mi madre la traducía. A mí me confundía con su papá o su marido. Me decía que fuésemos a dar una vuelta en barca. Cuando años más tarde vi el mar de Rapallo, sentí que la mirada de ella se me anteponía y que yo estaba allí para pagar la deuda de su nostalgia. En todos estos años, Dante ha sido eso.

Borges dantesco

-No hay muchos hispanos seducidos por Dante. No hay una tradición dantesca.

-Sí, no hay una tradición dantesca. Las marcas directas de su poesía son insignificantes, casi inexistentes. Me parece correcto que sea así porque La Divina Comedia no es imitable, como lo fue Petrarca. Por otro lado, sí creo que hay una fuerte filiación dantesca en la literatura latinoamericana. Está en Neruda con el poema "Alturas de Machu Picchu", y más aún en el Vallejo del poemario Trilce, donde los poemas son como cuerpos encepados, expuestos en una posición de permanente tortura. Está también en autores tan disímiles como Arguedas, Carlos Fuentes en la novela Terra Nostra y Bolaño en la novela 2666.

-Y Borges...

-Borges ha sido su lector más agudo e interesante. Creo que el desdén de Borges hacia la novela tiene que ver con su admiración por la exactitud.

-Su asombro por las simetrías de Dante.

-Su deuda con la sobrecogedora precisión dantesca. Los cuentos de Borges tienen esa precisión pero carecen de su abismo. Por eso en lo personal me asombran, pero raramente me duelen. Ese abismo está asimismo en la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

-Donde el pueblo de Comala es el infierno.

-Los fantasmas de Comala nos hacen entrever que esto que hemos llamamos realidad, existencia, mundo, no se acaba en el mundo, y que si la felicidad puede ser transitoria, el dolor en cambio no se termina en el dolor. Los seres humanos perecen pero sus conflictos y sufrimientos les sobreviven.

-El libro Siete noches de Borges reúne las transcripciones de una semana de conferencias que dio en Buenos Aires en 1977. Una es sobre La Divina Comedia.

-Es admirable afirmar que Dante, solitario, no amado por Beatriz, sintió envidia de Francesca y Paolo de Rimini, que en el Infierno seguían amándose. Es admirable ver la identificación de Dante con Ulises. Esas conferencias tienen el genio de las especulaciones borgeanas. Creo, sin embargo, que esa brillantez es su limitación.

-¿Diría lo mismo de los Nueve ensayos dantescos de Borges?

-Hace de La Divina Comedia una suma borgeana. No quiero ser cruel, pero Borges solo ve la mitad. Sus interpretaciones, con toda su indudable inteligencia, nos ponen, como el mismo diría, "frente a la inminencia de una revelación que finalmente no se produce". Creo (y lo creo con temor de estar en lo cierto) que lo que le impide a Borges ser Borges es que es demasiado borgeano.

-Más que una reacción, la suya parece ser una alergia.

-Puede ser que el único extraviado sea yo. Pero me parece que si La Divina Comedia nos atañe todavía, en este tiempo, y ahora más que nunca, es porque es el poema máximo de la soledad, el más desgarrado y conmovedor. Esto es la soledad: escribir algo tan enorme (ni más ni menos que escribir una travesía por lo que está para siempre fuera del lenguaje, por la muerte) sólo para escucharle decir a Beatriz, las cosas que en vida jamás le dijo. Y decírselas de tal forma que pareciese que no es él mismo el que se las está diciendo.

Sobrevivir a lo alegórico

-¿A qué adjudica la vigencia de La Divina Comedia?

-A que día a día, los lectores de hoy continúan cruzando el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso de sus propias existencias. Sólo para comprobar al final que lo que vio Dante en el último canto del Paraíso no fue Dios sino su propia cara, es decir, el color de la faz de lo humano recortado contra el fondo de las estrellas, con su infinita soledad.

-¿Cómo describir esa visión?

-Yo la llamo soledad. Porque al final, lo que conmociona de un hombre no son sus sentimientos sino sus rictus, esos movimientos casi imperceptibles que se van grabando en las comisuras de los labios, en los párpados o en el simple crispamiento de las entrecejos.

-En la epístola a Can Grande della Scala, que resulta ser apócrifa, Dante (o alguien que habla por Dante) dice que La Divina Comedia, y por sinécdoque, todo texto literario, puede ser leído a cuatro niveles. De esos cuatro, uno es literal y otro es alegórico.

-Creo que parte de la enormidad del poema es que sobrevivió a la lectura alegórica. En realidad, la alegoría es algo fascinante porque es el triunfo de la voluntad del que escribe sobre la voluntad de la lengua. Dante representa al hombre, Beatriz a la fe y Virgilio a la razón. Es así, y punto. Lo cierto es que no existe más inconsciente que el del lenguaje y si un texto sobrevive a la tentación alegórica es porque la voluntad de la lengua triunfó sobre la voluntad de quien escribe.

-Como si la lengua tuviera voluntad propia.

-Todo texto literario es siempre el resultado de la colisión de dos voluntades: la voluntad del poeta, la voluntad de lo que éste desea expresar por medio de la lengua; y la voluntad de lo que la lengua quiere expresar a través de quienes las hablan. Son dos fuerzas antagónicas y la lucha es a muerte. Los malos poemas son aquellos en que siempre se impone la voluntad de quien los escribe, sus emociones privadas, su sentimentalismo, su angustia personal. Los grandes poemas son siempre el resultado de la victoria de la voluntad de la lengua, por eso son impredecibles.

-La lengua es el verdadero personaje de la literatura.

-Nada había en el toscano ni en un tal Dante Alighieri que posibilitara que La Divina Comedia se escribiera; sin embargo, fue escrita. Nada había en el inglés ni en un tal Shakespeare para que los Sonetos nacieran; pero allí están. Y nada había en el castellano ni en ese individuo que decidió llamarse Pablo Neruda para que surgiera "Alturas de Machu Picchu"; no obstante, ese poema fue escrito.

-Pero la alegoría ha perdido vigencia en nuestro tiempo, quizás porque la novela es el género por excelencia.

- La Divina Comedia es una novela sin las páginas de relleno que obligatoriamente tienen que existir para que de la situación A se pase a la situación B. Su alucinante perfección hacen que no suene, incluso hoy, del todo descabellada la idea de que en él metió mano el cielo y la tierra. Dante mismo no fue del todo ajeno a esta idea.

-Pero la novela no es un género interesado en lo que pasa después de la muerte. Dante, al menos para sus lectores medievales, tiene la convicción de la existencia de otro mundo con el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. ¿Es posible leer el libro literalmente sin creer en ellos?

-Creo que sí. La Divina Comedia no puede leerse como una alegoría porque, como tú dices, ¿quién podría creer en esas categorías? A no ser que sea una alegoría de sí misma, es decir, una alegoría del lenguaje y esto sí es absolutamente contemporáneo.

En la entrada del infierno, Dante lee que éste fue creado antes que el hombre, que la culpa antecede al culpable. En realidad, el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso son tan reales, son tan de este mundo, que fue necesario inventarles otro mundo para que no nos pesasen tanto. Lo que me ha obsesionado es en realidad esto: cualquier persona que haya experimentado un sentimiento radical de dolor o de angustia sabe que hay cosas que jamás accederán a las palabras, sabe que el sufrimiento expulsa del mundo. En el otro extremo, cualquiera también que haya tenido una experiencia total, ese amor que no cabe en la palabra amor, sabe que hay experiencias tan plenas que exceden a las palabras. Al medio, entre el Infierno y el Paraíso de lo no dicho, está todo el Purgatorio del lenguaje, es decir, la humanidad entera. Creo que Dante seguirá estando presente porque es lo más parecido al mundo.

Miradas que se cruzan

-¿Es entonces un poema revelado, como el "Kubla Khan" de Coleridge?

-Sí, pero es siempre concreto, y aunque parezca paradójico, jamás es esotérico. En realidad, Dante es el poeta menos esotérico de la historia de la poesía. Es un poema concreto, real, inspirado en una persona, Beatriz Portinari, que existió y con quien solo alcanzó a tener un fugaz cruce de miradas.

-La Divina Comedia fue construida sobre ese cruce de miradas.

-Todas las virtudes con que está dibujada Beatriz son el homenaje a ese amor real vislumbrado en el mismo instante en que se perdía. Si este poema es una alegoría, lo es de algo infinitamente más cercano: es la alegoría del cruce de miradas y este cruce de miradas a la vez alegoriza la totalidad del lenguaje.

Todos levantamos algo semejante al poema danteano cuando nos miramos con el otro. Todos cruzamos el Infierno y el Purgatorio cuando el otro se muere. Todos volvemos al Paraíso cuando imaginamos que ese otro muerto ha vuelto para hablar con nosotros, para decirnos lo que siempre quisimos oír y que no nos fue dicho. Así Dante, cuando escucha a Virgilio contarle que es Beatriz quien le ha encomendado que lo guiase, lo que escucha es lo que él no pudo escuchar cuando ella estaba viva. Oye entonces que Beatriz siempre estuvo preocupada por él. Ese es el primer Paraíso que nos muestra el poema.

No es infrecuente que en esos segundos en que nos estamos quedando dormidos emprendamos largas conversaciones con seres que hemos visto o amado y donde las barreras de la distancia o de la muerte dejan de ser vallas infranqueables. Todos allí escuchamos lo que nunca nos fue dicho; sólo por eso es que podemos dormir. Eso es exactamente lo que relata Dante en ese episodio. Dante volverá a ver a Beatriz al final del Purgatorio. No sabe quién es, sólo puede darse cuenta de que la turbación que le produce es la misma turbación que le produjo cuando sobre el puente se cruzaron por un segundo sus miradas. Primero reconoce la emoción que le producen sus rasgos; sólo después reconocerá los rasgos.

La muerte cifrada

-A la fecha, ¿qué traducción de La Divina Comedia al español es la que más te gusta?

-Una en prosa, la de Ángel Chiclana, porque las en versos resultan ilegibles. El de Chiclana es un caso perdido porque lo que sostiene el andamiaje del poema de Dante es la rima: si le sacas la rima, todo se desarma. Una lengua es ese río de difuntos que la ha ido constituyendo y su sonido, el sonido particular de un idioma, es el sonido de todos sus muertos. Más que un intercambio de vida, la traducción es un intercambio de muertes.

-¿Qué es traducir?

-Traducir es encontrar el mar común en el que van a desembocar dos ríos de difuntos: el de la lengua del traductor y el de la lengua desde la que se traduce. En el poema como este en que atraviesa la muerte, el sonido es fundamental porque es la lengua de sus muertos. El sonido de La Divina Comedia y los sujetos que en ella comparecen son exactamente lo mismo. Es también la grandeza y la genialidad de Pedro Páramo.

-¿Qué te hizo decidirte a traducir el poema?

-Un par de cosas: mis clases, la impotencia de pasársela a estudiantes que no leen italiano; y el haber terminado un libro en que tardé un tiempo exagerado.

-Que se titula Zurita.

-Hace un año me dije que bastaba, que ya la había saqueado lo suficiente y que había llegado la hora de traducir a Dante. En todo caso, siempre está la posibilidad de que la abandone.

-Es un poema que vence…

-Quiero decir que a los 63 años, la perspectiva de la muerte es una perspectiva realista. Me digo, por ejemplo, que sería romántico morirse cuando vaya en el Canto 17 del Purgatorio, o en el Canto 9 del Paraíso. Me digo que no dejaría de ser chic morirse sobre la hoja en la que está cifrada para siempre la muerte.

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