serie de TV "American Crime Story"

Todos contra O.J. Simpson

“La historia de los grandes acontecimientos del mundo apenas es más que la historia de sus crímenes”. (Voltaire)

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cuba Gooding Jr. como O.J.Simpson

El 3 de marzo de 1991 un videoaficionado documentó la paliza que cuatro policías blancos le dieron al taxista afroamericano Rodney King tras perseguirlo en una autopista de Los Ángeles. La imagen llegó a millones a través de la televisión y evidenció el conflicto racial en Estados Unidos. Los policías fueron a juicio y el 29 de abril de 1992 un jurado compuesto en su mayoría por blancos los absolvió. La comunidad negra tomó el fallo como una afrenta. Miles de personas salieron a las calles de la ciudad y durante seis días se sucedieron disturbios hasta que el ejército controló la situación. Como consecuencia de las revueltas, en 1993 se realizó un nuevo proceso que terminó con dos policías condenados.

En enero de 1995 comenzó otro juicio que convulsionó a California. En junio del año anterior, Orenthal James Simpson, legendario ex jugador de fútbol americano, actor y celebridad de Hollywood, fue acusado de asesinar a puñaladas a su ex esposa Nicole Brown y a su amigo Ronald Goldman (ambos blancos) en el exclusivo barrio de Brentwood.

King y Simpson fueron dos figuras trascendentales en la opinión pública de Estados Unidos durante los años 90. Ambos casos, sus causas y efectos sobre política, sociedad y cultura, proyectan el eje crítico central del debut de American Crime Story, serie creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk (Glee, American Horror Story) presentada como una antología basada en casos criminales reales. Los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski basan el relato de esta primera temporada en el libro The Run of His Life: The People vs. O. J. Simpson (Jeffrey Toobin, 1996).

MEDIO Y MENSAJE

La serie parte del documental (su primera imagen es el video de la paliza a King) pero es en la ficción donde reconstruye el contexto histórico del caso. Una de sus prioridades es examinar el comportamiento de los medios de comunicación ante el evento. Por ejemplo el de la industria del entretenimiento de Los Ángeles que se benefició de la situación de Simpson al proyectar un perfil basado en su raza, estatus y temperamento volátil. Para miles de afroamericanos, O.J. Simpson era “The Juice”, referente de una comunidad con la que por otra parte muy poca interacción tenía. El personaje se le explica a sus abogados: “No soy negro, ¡soy O.J.!”. En otra de sus lecturas, la serie explora dos realidades de la ciudad: la corrupción en la Policía y la posibilidad de una nueva revuelta racial tras el fallo.

Son claves el riguroso desarrollo en los detalles supuestamente menores en la historia, y la labor del elenco en los diferentes perfiles de los personajes. Los detalles evidencian la acción de los medios de comunicación. En la televisión se destacó la cobertura en vivo de la persecución policial a Simpson. Se interrumpió la final de la NBA para transmitir la noticia. Con el paso de los minutos, la imagen de la camioneta blanca con los patrulleros alineados detrás, y con decenas de personas a un lado de la autopista en apoyo a su ídolo, se asemejó mucho más a una larga caravana que a la caza de un fugitivo. Una pantomima seguida por más de 90 millones de espectadores. Este hecho se vinculó con una polémica decisión del juez: permitir la presencia de cámaras de televisión durante el juicio. En el caso de la prensa escrita, la serie rememora el incidente de la foto de prontuario de Simpson en las portadas de las revistas Newsweek y TIME; la segunda oscureció su rostro sobre fondo blanco para sumar controversia y ventas de ejemplares.

En el elenco, Cuba Gooding Jr. interpreta a Simpson, un hombre cautivo del culto a la personalidad que se considera en la apertura del juicio “100% absolutamente no culpable” de los asesinatos, a pesar de la cantidad de pruebas en su contra. John Travolta interpreta a Robert Shapiro, prestigioso abogado que debe lidiar con su ego y cinismo, además de dirigir al “Dream Team”, el equipo de defensores de Simpson. Courtney Vance personifica al abogado Johnny Cochran, especializado en auxiliar a afroamericanos en litigios contra la Policía de Los Ángeles. A través de este personaje (en sus parlamentos y en el recurso del flashback) el guion ahonda en su análisis histórico del conflicto racial. Su rival en la corte es la fiscal Marcia Clark, personificada por Sarah Paulson, actriz destacada en diversos papeles de la serie American Horror Story. Clark sufre un perverso proceso de transformación a lo largo del juicio: de su inicial idealismo contra la violencia de género se convierte en víctima de los tabloides que con sus críticas provocaron cambios en su imagen y en su vida privada. Su asistente Chris Darden (interpretado por Sterling Brown) es un personaje atrapado entre su inexperiencia y deber profesional y las críticas de la comunidad negra.

Luego está el precio de la fama. El actor David Schwimmer (Friends) interpreta al abogado Robert Kardashian, más amigo de Simpson que representante legal. Fallecido en 2003, es el padre de las hoy famosas Kim y Khloé Kardashian, ahijadas de O.J. Su caso es paradójico: si Robert intentó alejarse del rumbo que tomaba el caso Simpson, que terminó convertido en el primer reality show americano (como llegó a ser definido por la prensa), veinte años después sus hijas, a causa de una sobreexposición mediática, se han convertido en grotescas celebridades y referentes de adolescentes tanto en Hollywood como en las redes sociales.

EL JUICIO DEL SIGLO

Todos vs. O.J. Simpson se suma a series recientes como The Jinx. Making A Murderer y Serial en el análisis de la acción del sistema judicial de Estados Unidos ante los acusados según sus clases sociales y perfiles ante la comunidad. Dos décadas después el caso de Simpson tiene paralelismos con el del comediante Bill Cosby, acusado de abuso sexual por más de cincuenta mujeres. Ambos comparten variables como el estatus de celebridad adquirido, atención de la prensa y sus influencias en la comunidad afroamericana. Por otra parte, y como contraste, la serie no elude la actualidad político-social estadounidense con víctimas del racismo policial como Trayvon Martin y Sandra Bland, casos de evidente paralelismo con el de Rodney King.

El denominado “juicio del siglo” resultó un fiasco que superpuso histeria colectiva, polarización entre razas, violencia de género y críticas al sistema policial. Pero sobre todo fue un circo mediático que dejó como rehenes a la justicia y a las víctimas del crimen. Una prueba en la que se amparó la defensa -la imagen más recordada del juicio- fue cuando Simpson se colocó el guante hallado en la escena del crimen ante juez, jurado (de los doce miembros nueve eran negros) y millones de televidentes. “Si no se ajusta, deben absolver”, ilustró Cochran. Tras el veredicto “no culpable” (seguido en vivo por el 57% de la población estadounidense), festejos y críticas marcaron la agenda en la opinión pública pero no volvió a arder Los Ángeles como en 1992. En juicio civil realizado en 1997, O.J. fue hallado culpable de las muertes y condenado a indemnizar a las familias de las víctimas por 30 millones de dólares. Nunca pagó. Endeudado y en decadencia, pero sin perder la arrogancia, en 2006 casi publica un libro sobre los crímenes titulado Si lo hubiera hecho que la editorial ReganBooks finalmente descartó. Un año después fue detenido en Las Vegas por robo a mano armada y secuestro. Recibió entre 9 y 33 años de condena que actualmente cumple con sobrepeso y una artritis fruto de los golpes de su época de jugador de fútbol americano. Su país no lo ha olvidado: la noche del 2 de febrero de 2016, 5.11 millones de estadounidenses vieron “De las cenizas de la tragedia”, el capítulo estreno de la serie.

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