ÚLTIMO SERGIO ALTESOR

En taxi a la libertad

En pos de concretar un sueño, el personaje Fontana viaja y sobrevive, buscando un encuentro consigo mismo que tiene mucho de la biografía del autor.

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LOS LIBROS de Sergio Altesor dialogan entre sí y alternan países y continentes. Lo que sucede con su poesía se repite en su prosa. Taxi, su flamante producción, se eslabona con Río Escondido, una novela-párrafo publicada en 2000 que dio origen al personaje Pedro Fontana, un artista plástico que viaja a la Nicaragua sandinista en pos de concretar un sueño. Ahora, quince años después, Fontana retorna a Estocolmo para sobrevivir como taxista. Una enigmática cicatriz en su rostro parece evidenciar el paso del tiempo y su duro aprendizaje de la vida. El diario que escribe, ilustrado por fotografías, da cuenta de su trabajo cotidiano y del microcosmos íntimo que de él surge. Desplazándose de un lugar a otro, registrando diálogos y gestos de los pasajeros a través de los dispositivos tecnológicos que instala en su vehículo, Fontana es consciente de que cada destino que le señalan, cada recorrido que se le impone, lo obliga a redescubrir un mundo que creía conocer y que lo lleva a evocar su pasado.

Las transformaciones sociales y políticas de Suecia en los últimos años — o lo que es lo mismo, la distancia que hay entre Olof Palme y los actuales gobiernos de derecha—, las vicisitudes de los nuevos migrantes que complejizan aún más el crisol de la población, la creciente xenofobia, el hiperdesarrollo y el hiperconsumo, constituyen fragmentos dispersos de una realidad que se intenta presentar en bruto y que emerge en el camino del narrador, interpelándolo. Es un espectáculo que se aborda a veces con fruición y casi siempre con dolor. Contrastan con ese devenir caleidoscópico la nostalgia por amistades perdidas como las de Axel y Renata, por el pasado de bohemia y amoríos que encontró en su exilio cuando pudo dedicarse de lleno a la creación artística, y los recuerdos de la cárcel por la que atravesó en su país de origen.

Son estos últimos los que más persisten en su memoria. Cuando se es prisionero todo ocurre en la imaginación y en el tiempo, porque en la cárcel el espacio es siempre el mismo, afirma el narrador. En libertad, por el contrario, espacio y tiempo confluyen e interactúan, uno incita al otro, como sucede en las andanzas de este taxi que atraviesa puentes y avenidas para orientarse en el archipiélago de la capital sueca. La clave de fondo de la narración es el encuentro consigo mismo, ineludible tarea de siempre, que adquiere su máximo relieve si uno se halla de nuevo en el sitio donde ha transcurrido la mayor parte de su existencia. Ese esfuerzo introspectivo es el acierto más significativo de esta obra y uno de los aspectos que mejor contribuye a la unidad de la producción literaria de Sergio Altesor. Como su protagonista, Altesor llegó a Estocolmo en 1976 luego de haber estado preso en Montevideo durante seis años. Desde 1995, cuando obtuvo importantes premios por su poemario Serpiente, su vida ha fluctuado entre Suecia y Uruguay.

TAXI, de Sergio Altesor. Estuario, 2016. Montevideo, 182 págs.

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