Novela de leonardo oyola

Superhéroes en Isidro Casanova

Recién llevada al cine, Kryptonita instala un delirante clima de superhéroes dudosos perseguidos por la policía bonaerense.

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Leonardo Oyola

La novela Kryptonita del argentino Leonardo Oyola ha pasado merecidamente al cine de la mano del director Nicanor Loreti, con muy buena acogida de crítica y público en la Argentina. Es un entretenimiento más afín al mundo del espectáculo que a la literatura.

Oyola (1973) ha transitado por la novela policial —con su novela Chamamé obtuvo el premio Dashiell Hammet en la XXI Semana Negra de Gijón—, y algunos giros a lo fantástico. En los cuentos que difundió Estuario bajo el título Sultanes del ritmo, el relato “El fantasma y la oscuridad” narra de un modo excelente el encuentro de un militante montonero con un mito de los ingenios azucareros tucumanos: el fantasma es un perro diabólico que oficia de guardián para los patrones, y cuenta con una larga leyenda en el folklore de la provincia. Pero el mundo de Oyola se nutre, básicamente, de los ambientes criminales del gran Buenos Aires, proliferan en sus relatos los ambientes sórdidos, la violencia y el crimen, abordados con un realismo duro y muchos códigos del lenguaje popular.

En Kryptonita cuenta el arribo de una banda de delincuentes a la guardia de un hospital de Isidro Casanova, cargando con el cuerpo moribundo de su jefe, apodado Nafta Súper. Los recibe un médico, que oficia de narrador, y una enfermera, mientras el hospital comienza a ser rodeado por la policía bonaerense. La policía quiere aniquilarlos, pero los integrantes de la banda tienen los atributos de los superhéroes norteamericanos. Nafta Súper exhibe un “S” tatuada con una cicatriz en el pecho, le han clavado en el cuerpo un vidrio verde, de una botella de cerveza Stella Artois; otro es El señor de la noche; bajo el apodo de Faisán se oculta Linterna Verde, y la Mujer Maravilla es una travesti.

La historia comienza con talentosas ironías sobre el trato médico en las clínicas privadas y en los hospitales públicos, también sobre la alienación del trabajo en las guardias nocturnas. El narrador lleva 72 horas sin dormir y las drogas para mantenerse despierto comienzan a provocarle alucinaciones. Pero a partir de la llegada de la banda, la trama deriva a una serie de raccontos y flashback sobre la vida de los delincuentes, que se confiesan por turnos con el médico mientras crece la tensión del asalto de la policía. No tiene esta zona, que ocupa la mayor parte de la novela, méritos literarios. Incurre en la sensiblería, la jactancia y el divertimento más o menos ingenioso de imaginar el destino de los superhéroes si hubiesen nacido en el partido bonaerense de La Matanza y llevaran una vida como marginales. Para creer en ella, la literatura exige algunas reglas de verosimilitud que Kryptonita no cumple. Con el apoyo técnico de otros recursos, naturalmente, la cultura del espectáculo puede saltárselas.

KRYPTONITA, de Leonardo Oyola. Random House Mondadori, 2014. Buenos Aires, 217 págs. Distribuye Penguin Random House.

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