Nuevo Leo Maslíah

Contra la sagrada educación

Disparates, absurdos y fuerte potencia crítica en esta novela del genio multifacético.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Leo Maslíah

SAGRADO COLEGIO, de Leo Maslíah. Criatura Editora, 2014. Montevideo, 224 págs.

LEO Maslíah (Montevideo, 1954) es una genio multifacético pero monocorde. Músico de formación clásica, sus letras de canciones van desde lo delirante y obsesivo ("Súperman") a lo sublime ("Biromes y servilletas"), pasando por la sátira política directa ("Ma-má, quiero que caduque tu pretensión punitiva sobre mí"). Su presencia en escena, planteando impasible los mayores disparates, deleita al público preparado para superar la exigencia de su arte. Los no preparados se exasperan en extremo, convencidos de estar ante un zanguango.

Como dramaturgo, cuentista y novelista, Maslíah es insistente en lo temático (la falta de sentido y la violencia que impregnan situaciones cotidianas e instituciones libres de toda sospecha) y sobre todo en lo estilístico: personajes que repiten vez tras vez un discurso que no entienden o en el que no creen, a veces a sabiendas; parlamentos repetidos sin variación por personajes distintos, vengan o no a cuento; juegos con el significado ambiguo de las palabras o con sus semejanzas gráficas o fonéticas; chistes con nombres de personajes célebres (en Sagrado Colegio hay dos amiguitos llamados Grégor y Pek) interminables discusiones semánticas o lógicas que se diluyen sin tocar fondo. Maslíah retrata la vida como es: una sucesión aleatoria de hechos cuyo sentido último no es accesible a la sola razón humana, por muchos discursos sabihondos que puedan hacerse sobre nuestra comprensión intelectual del mundo.

De estos rasgos derivan algunas conclusiones. En principio, que un lector dispuesto a disfrutar del disparate inesperable festejará a carcajadas esta novela (y cualquiera del autor). En segundo lugar, que conviene no "tragar" más de tres o cuatro capítulos por etapa, tal la cantidad de personajes, peripecias, cambios de foco y cabos sueltos que aparecen a toda velocidad. Por último, que quien pida a este libro novedad formal será defraudado, pues el autor hace aquí, con la habitual excelencia, lo mismo que en todas sus novelas.

No por cultivar el absurdo deja Maslíah de sugerir ideas de fuerte potencia crítica. Su objeto en este libro es la educación, en particular la educación privada (sobre todo privada de sentido, salvo el de perpetuar sus usos y estructuras). Lo sagrado en este colegio —el "Sagrado Colegio de Nuestra Señora de Nuestro Señor", que podría ser cualquier señor— es la educación en sí, o mejor, el Colegio como fin en sí mismo. No es de extrañar que no llegue hasta allí ninguna línea de ómnibus, que se haya olvidado dónde quedan las puertas de entrada y que el colegio cuente con penitenciaría. O que nadie sepa bien quiénes sean las autoridades reales de la institución, que los docentes muertos reencarnen en nuevos alumnos, los profesores de religión enseñen credos que no profesan y se sancione a los alumnos que leen las fuentes originales, en lugar de los manuales. O que los estudiantes —y a veces los profesores— digan verdades profundas en el dialecto del colegio, incomprensible a los hispanohablantes. Como explica una alumna: "¿Qué importa si lo que nos enseñaron está bien o mal? ¡Lo importante, lo verdaderamente sagrado, es la educación en sí misma, y el derecho de todos a acceder a ella, por estúpida que sea!".

En suma: un valioso insumo teórico para el hondo debate educativo en que se ocupan nuestros gobernantes, intelectuales, periodistas y amable público presente en general.

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