Conferencias de Michael Faraday (1791-1867)

La revolución eléctrica

Un científico popular. Eso fue el británico Michael Faraday, y es una condición que aún mantiene, en parte por su origen humilde, por su formación autodidacta y por sus conferencias de divulgación de la ciencia. También porque sus investigaciones sobre la inducción electromagnética permitieron el uso de la electricidad en la vida cotidiana y en la industria, factor que es uno de los pilares de la sociedad actual.

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Daniel Veloso

A principios del siglo XIX el auge de las sociedades científicas en Europa occidental trajo consigo las conferencias científicas abiertas al público. A través de estas conferencias o "lecturas", la naciente ciencia moderna conseguía difundir sus descubrimientos. Allí consiguió reclutar a Faraday, uno de sus más brillantes exponentes.

Nacido en 1791, de padre herrero y madre campesina, vivió en un hogar humilde junto a nueve hermanos, en un pueblo al sur de Londres. A los trece años su familia emigró a Londres, y allí consiguió trabajo como aprendiz de encuadernador. Su educación era muy básica pero gracias a su trabajo tuvo acceso a libros. Leía cuanto caía en sus manos, sobre todo textos de ciencia y en especial de química. En 1812 su suerte cambiaría: asistió a las conferencias del químico Humphry Davy en la Royal Institution. El joven sacaba notas detalladas de cada experimento. Al poco tiempo le envió una carta a Davy solicitándole trabajo, junto a una copia de las notas que había tomado, prolijamente encuadernadas. Sorprendido por el talento del muchacho, Davy le dio un puesto de ayudante de laboratorio. Unos años más tarde viajaría por Europa acompañando a su maestro, donde conoció de primera mano los descubrimientos en electricidad de científicos como Volta y Ampère. En 1829, al morir Davy, ocuparía su puesto como investigador, convirtiéndose a partir de allí en el científico más reconocido de Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX. Como ejemplo de su popularidad, Faraday mantuvo correspondencia con los escritores Charles Dickens y Lewis Carroll.

Campos y ondas.

En el siglo XIX durante la Revolución Industrial la ciencia se organiza institucionalmente y alcanza la "mayoría de edad". Con ello la ocupación del científico se profesionaliza. Se abandona el término "filósofo de la naturaleza" para usarse el de "científico", acuñado por el filósofo de la ciencia William Whewell en 1833. Durante ese período se comenzó a vislumbrar el potencial industrial de los nuevos descubrimientos en el campo de la química y de la electricidad como posibles fuentes de energía. En este contexto encontramos a Michael Faraday. Gran experimentador, metódico e intuitivo, consiguió formular las dos leyes de la electrólisis, la descomposición de compuestos por medio de la corriente eléctrica. Acuñó términos como ión, electrolito, electrodo, ánodo y cátodo. Además descubrió el benceno y la técnica para licuar gases como el cloro y el amoníaco.

Como físico estudió la relación entre la electricidad y el magnetismo, descubriendo cómo el magnetismo puede inducir una corriente eléctrica. En 1821 inventó el primer prototipo de un motor eléctrico y en 1831 el primer generador eléctrico. Hasta esa época sólo se contaba con la pila para producir electricidad, inventada por Alessandro Volta a fines del siglo XVIII. El generador de Faraday permitió la producción de energía más barata y a gran escala, y revolucionaría el campo de las comunicaciones con inventos como el telégrafo y el teléfono. Además sentaría las bases de la ingeniería eléctrica a partir de conceptos como "líneas de fuerza" y "campo de fuerzas", con los que se crearían las teorías de campos de la física moderna. Propuso, por ejemplo, que las ondas electromagnéticas son análogas a las ondas en la superficie del agua.

Por su formación Faraday era un científico experimental y no expresó sus teorías en lenguaje matemático. Esta tarea la realizaría el físico escocés James Clerk Maxwell (1831-1879), quien publicó en 1855 el artículo "Sobre las líneas de fuerza de Faraday". A partir de las ecuaciones de Maxwell y su identificación de la luz como una onda electromagnética, un joven Albert Einstein elaboraría en 1905 su Teoría Especial de la Relatividad.

Con una vela.

En 1826, en el mismo teatro semicircular de la Royal Institution donde presenció las lecturas de Davy, Faraday comenzó a dar las "Conferencias de los viernes" y un año después las "Conferencias juveniles de Navidad". Desde un comienzo fueron un éxito de público. Todo tipo de personas podía acceder a ellas, sin importar su condición social. En un perfil de Faraday publicado en 1861 en la revista Illustrated London News, se podía leer: "En las últimas ocho temporadas el profesor Faraday ha emprendido esta tarea con una modestia y una potencia dignas de admiración. No puede haber mayor placer para cualquier aficionado a la actividad científica que asistir a estas lecturas".

En una carta a un amigo, Faraday da consejos sobre cómo tiene que pararse frente a su público un conferencista. Éste "debe producir impresión de serenidad y facilidad, no debe parecer preocupado, ni temeroso, ni desatento (…), nunca en lo posible debe volver la espalda al público, y en cambio, debe darle todos los motivos para que piense que el conferencista ha concentrado toda su energía para procurarle entretenimiento e instrucción". Faraday pensaba que los científicos tenían la obligación de comunicar sus conocimientos a la sociedad. También creía que a través del estudio de las leyes naturales el hombre podía aproximarse al mundo creado por la divinidad.

Su conferencia "La química de una vela", dictada en diciembre de 1860, fue publicada en 1861 por el químico William Crokes, quien mejoró el manuscrito de Faraday incluyéndole notas explicativas. El libro se destaca por la exposición clara y amena de los fenómenos descritos. Hoy se lo considera un clásico de la divulgación científica y un recurso didáctico para la iniciación de los jóvenes a la química. Esta obra puede ser consultada, en inglés, en la edición de la Oxford University Press, The Chemical History of a Candle (OUP, 2011), basada en la primera edición de las lecturas. Contiene las ilustraciones originales, grabados de época y el facsímil de las notas escritas a mano con las que Faraday se ayudaba durante sus conferencias. La edición de la editorial Nivola, La historia química de una vela(Madrid, 2004) también es muy completa y es la segunda edición realizada en español. Contiene las ilustraciones originales y una cronología de la vida de Faraday. La primera vez que se editó en el mundo de habla hispana fue en 1946, por la editorial argentina Emecé.

En el libro Faraday describe la llama de la vela y su estructura, explica sobre la corriente de aire necesaria para su combustión y los productos de esta: "si ahora coloco un tubo de cristal justo en el interior de la parte más luminosa de la llama (…) en lugar de obtener el mismo vapor blanco que tenían antes, ahora tendrán un vapor negro". En el experimento, cuando acercó una llama a ese gas esta se apagó. Ese "vapor" era ácido carbónico, el mismo del agua con gas.

Al despedirse de su joven auditorio, Faraday, apelando al simbolismo que por sus creencias le otorgaba a la llama, le dijo: "deseo que puedan ser capaces de compararse con una vela; que sean capaces, como ella, de iluminar a quienes están a vuestro alrededor como si fueran luces".

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