Cuentos de Legna Rodríguez Iglesias

Perros coquetos y tediosos

Quince breves relatos y quince frases que van, vienen, y pretenden decir.

Legna Rodríguez Iglesias
Legna Rodríguez Iglesias

Legna Rodríguez Iglesias nació en Camagüey, Cuba, en 1984, aunque desde hace dos años reside en Miami. Según las noticias de prensa, forma parte de una nueva generación de escritores cubanos de la que por estas latitudes nada conocemos, y es autora de un par de novelas (Mayonesa bien brillante y Las analfabetas), varios libros de poesía y de la pieza teatral Si esto es una tragedia yo soy una bicicleta, con la que obtuvo el Premio Casa de las Américas en 2016. Sus presentaciones agregan otro dato, irrelevante por cierto, cuando no decididamente tonto: a los veintinueve tenía la misma cantidad de tatuajes que de años. Y a estas latitudes ha llegado Mi novia preferida fue un bulldog francés, libro que reúne quince breves cuentos y quince frases que quieren resultar graciosas, lo que parece corroborar la opinión que tiene de ella el crítico de la revista Babelia  de El País de Madrid, Francisco Solano: “es una escritora de talento, pero limitada, tal vez a su pesar, por la coquetería de la estridencia”.

Sin embargo no es la estridencia la principal característica de este libro, sino la confusión de conceptos narrativos. Sus cuentos van y vienen de voz en voz (un muerto que enumera algunos episodios claves de su vida, una mujer que supone padecer una enfermedad de transmisión sexual, un canceroso que explica los avances de su enfermedad como si repitiera una entrada de Wikipedia, un perro que reflexiona acerca de su dueña, escritora brillante), sin otra conexión que algunos juegos de lenguaje y algún elemento de la realidad que sin embargo no alcanzan para establecer una atmósfera, un escenario común, mucho menos un mundo propio. Intercaladas entre los cuentos se agregan, como si fueran necesarias para suponer un hilo conductor, frases como “Sentimientos y hemorroides: cuando les da por salir al exterior lo más aconsejable es hacer reposo”, o “Estábamos en un bar y nos tuvimos que ir. Quien traía los cócteles, además de ser un hombre, era muy pesado”.

Pero quizás el verdadero contenido de este libro sea su desesperante banalidad. Este párrafo del cuento “Nadie” sirve de ejemplo: “La verdad, como es relativa, se supera a sí misma, y se menosprecia a sí misma. Norte y sur, este y oeste, arriba y abajo. Hombres y mujeres, niños y ancianos en el oeste interminable que al ser captado por una pupila insomne, inteligente, se convierte en verdad. No es la verdad de la que uno dice sí, es verdad, sino aquella de la que uno solo mira hacia abajo y mueve la cabeza levemente, o si acaso dice no, es verdad. En esa afirmación/negación está constituida la base de una verdad, que para mí podría ser la verdad más grande del mundo, el engaño más encantador, y lo único que importa en el campo de la indisciplina. Sí, esto es el oeste, yo vivo aquí. Sé lo que pasa”. Este trabalenguas tópico no dice nada, y si así lo hiciera, sería vano, pretensioso, fútil.

El marketing editorial viene presentando a Rodríguez Iglesias como “el tsunami Legna”. Puede que sí: un maremoto de frivolidad y aburrimiento –si fuera uruguaya ya habría sido catalogada como “rara”. Ojalá dentro de un tiempo nos podamos explicar el sentido de este libro. Aunque lo más probable es que nunca podamos.

MI NOVIA PREFERIDA ERA UN BULLDOG FRANCÉS, de Legna Rodríguez Iglesias. Alfaguara, 2017. Buenos Aires, 164 páginas. Distribuye Penguin Random House.

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