Autobiografía de Bruce Springsteen

Pasado y futuro

La escribió sin recurrir a un narrador profesional. No hacía falta.

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En Suiza, 2009. Foto AP/ Peter Klaunzer

Bruce Frederick Joseph Springsteen, conocido como Bruce Springsteen o "the Boss" (el Jefe), es descendiente de irlandeses por parte de padre e italianos por parte de madre. Creció en Freehold Borough, Nueva Jersey, en una familia de clase trabajadora. Su padre, Douglas, era conductor de ómnibus, un hombre distante, bebedor, que quería a su hijo pero al mismo tiempo no lo soportaba por ser el otro hombre de la casa. Su madre, Adele, se desempeñaba como secretaria y era la protección que necesitaba el único hijo varón de la familia. Adele sentía pasión por escuchar los top 40 en la radio del hogar. Esas canciones exitosas de los cincuenta conformaron la banda de sonido de la infancia de Bruce. Tenía una sola hermana, Virginia, hasta que en 1962 nació su hermana más joven, Pam, trayendo un aire de felicidad a la casa. Sin embargo esa alegría parecía no llegar a su padre Douglas, siempre hundido en sí mismo. A los diecisiete años Virginia quedó embarazada de su pareja Mickey y se fue de la casa para iniciar "la misma vida de clase trabajadora de mis padres". Pronto tuvieron un segundo hijo. Mickey se dedicó a trabajar en la construcción y Virginia en una cadena de supermercados mientras sufrían uno de los períodos de crisis de la economía norteamericana. Años más tarde Bruce contaría la historia de su hermana en "The River", una de sus más célebres composiciones.

La televisión fue otra protagonista de su adolescencia. Una noche, en el Ed Sullivan Show, vio a Elvis Presley y quedó fascinado. Esa fascinación aumentó cuando, en otra oportunidad, escuchó al presentador Sullivan decir unas palabras que se transformaron en mágicas, "…desde Inglaterra… ¡¡The Beatles!!". Fue el 9 de febrero de 1964, Bruce tenía catorce años, y esa noche su vida cambió para siempre. Adele lo ayudó a comprar su primera guitarra eléctrica, una Kent japonesa que costó sesenta y nueve dólares. Apoyado en las raíces del rock and roll, Bruce decidió contar las penas y alegrías de los norteamericanos parecidos a él. Hombres y mujeres que luchan por ser alguien y transformar sus vidas grises en días que valgan la pena vivir. En Springsteen & I (2013) —documental conformado por filmaciones caseras y entrevistas a fans del cantante, dirigido por Baillie Walsh y producido por Ridley Scott— una joven camionera reconoce que las canciones de Springsteen le hacen sentir que personas como ella son la columna vertebral de Estados Unidos. En otra parte de la película, un músico callejero ve caminar a Bruce cerca del lugar donde está pasando el sombrero y le grita que venga a tocar algo de música "de verdad". Springsteen toma una guitarra y canta con él varias canciones, incitando a la multitud a que pongan billetes en el sombrero del músico callejero. No fue un acto demagógico. Se siente uno más.

EL JEFE.

Springsteen decidió escribir su historia sin recurrir a un escritor profesional. La dividió en capítulos cortos que le dan agilidad al relato, en un texto que supera largo las quinientas páginas. Falta depuración, algunas anécdotas sobran, hay tramos con desprolijidades y reiteraciones. Pero la sinceridad del autor y la sucesión de anécdotas que va hilvanando, atrapan. A partir de la formación de The Castiles, su primera banda, Springsteen ocupa la mayor parte de su relato en explicar la vida de un músico que intenta abrirse camino. A fines de los sesenta integró otra banda donde él negociaba la paga cuando actuaban y repartía el dinero entre los miembros del grupo. Nacía su sobrenombre "the Boss". Supo que la democracia no funciona bien en una banda y que se había convertido en un líder al que no convencía la figura del solista. Consiguió la fórmula perfecta para sus canciones con la formación de la E Street Band, banda de apoyo en la mayor parte de su carrera.

En la primera formación estaba su hermano musical, el saxofonista Clarence Clemons, y unos años después se uniría su otro gran compinche, el guitarrista —y actor— Steve Van Zandt. Bruce era un correcto guitarrista con una voz a trabajar para poder contar esas historias norteamericanas, lo que él denomina música "de identidad". Cuando fue llamado al servicio militar, en plena guerra de Vietnam, intentó con éxito ser declarado no apto para el servicio. Por esa razón nunca deja de pensar quién habrá sido el hombre que ocupó su lugar, al que "pusieron un rifle en sus manos" y lo enviaron "a matar a los hombres amarillos" como años después cantaría en "Born in the USA". En 1973 llegan sus dos primeros álbumes, Greetings from Asbury Park y The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle. Tuvieron buena recepción en los críticos pero no grandes ventas. Se reconocía a una nueva voz en el rock norteamericano, a un cronista de esos tiempos —que algunos compararon con Dylan— pero para el gran público Springsteen, usando palabras de Tom Waits, aún era "un rumor".

PADRE E HIJO.

El nueve de mayo de 1974, Springsteen y la E Street Band eran teloneros de Bonnie Raitt, "una de las pocas artistas que nos dejó telonearla en más de una ocasión". A ese concierto asistió un periodista llamado Jon Landau, que también había representado y producido a algunas bandas conocidas como los MC5 y J. Geils Band, con poco suceso. Esa noche, Landau quedó sorprendido con lo que escuchó. Una frase de esa crónica pasó a la historia. "Vi el pasado del rock and roll brillar ante mis ojos. Y vi algo más. Vi el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen". Gracias al reconocimiento de la prensa, las ventas de los álbumes comenzaron a crecer. La discográfica presionaba por un tercer disco. Tenía lista solo una canción: "Born to run". En 1975, con la producción de Springsteen, Mike Appel y Jon Landau, el álbum del mismo nombre salió al mercado y se transformó en un éxito mundial. Álbum a álbum, el músico se consolidó hasta transformarse en una mega estrella con Born in the USA (1984) donde cada canción fue un éxito. El video clip del tema que da nombre al álbum, con el que iniciaba cada recital, transformó su imagen de hombre musculoso con pañuelo en la cabeza en mito, aunque hoy se avergüenza un poco de ello. Las giras mundiales y los largos recitales se transformaron en su rutina. El futuro había llegado.

En la parte final de su libro habla sobre su segunda esposa, la cantante Patti Scialfa, sus hijos y cómo ser padre le cambió la vida. También revela la depresión que comenzó a castigarlo en su edad madura. Hubo un tiempo en que solo se sentía bien sobre un escenario, períodos donde no se encontraba cómodo dentro de su piel y dormía todo lo que podía. El apoyo de su mujer y su insistencia para que se atendiera con profesionales lo ayudó a superar la enfermedad. Desde ese momento ha seguido su tratamiento y reconoce que aún tiene días malos. Junto a la medicación, la familia y la música le resultaron la mejor terapia. Le persigue, como un temor latente, el diagnóstico final que tuvo su padre: esquizofrenia esquizoide. Cerca del final de su vida Douglas llegó un día en forma sorpresiva a la casa de su hijo. Eran las diez de la mañana, Bruce tomó un par de cervezas, le dio una a su papá y se sentaron en el fondo de la casa. En medio del silencio Douglas dijo "No he sido un buen padre". Bruce respondió "Has hecho lo mejor que has podido". Mientras terminaban sus cervezas, padre e hijo sintieron que una deuda había quedado saldada.

BORN TO RUN, de Bruce Springsteen. Literatura Random House, 2016. Barcelona, 561 págs. Distribuye Penguin Random House.

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