ROSA LUNA POR JORGE CHAGAS

Al Paraíso y bailando

Destaca su compasión, su rechazo al resentimiento.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto Archivo El País

Tras alcanzar, en su novela sobre el Coronel Lorenzo Latorre, la excelencia en la trama, la pintura del personaje y la prosa precisa y poética a la vez, Chagas retoma una de sus pasiones: narrar la negritud uruguaya desde su propia negritud, apoyado en una rigurosa investigación.

La evolución de la protagonista, desde la niña negra del conventillo Mediomundo, flaca, de dientes salidos, humillada por su padrastro y por la "familia bien" con la que aquél la colocara de sirvienta, pasando por la mujer de la noche que, en defensa propia, matara a un hombre en el mítico Bar Antequera de Plaza Independencia, hasta la vedette de carnaval, voluptuosa, sensual y querida, es trazada por Chagas de modo creíble e interesante. El autor aborda el crimen en que se vio involucrada con sabio pudor narrativo, apostando por la sugerencia reflexiva en lugar de la explicitud morbosa.

Pero lo que más atrae de la Rosa Luna que construye Chagas es su compasión, su rechazo al resentimiento. Esta Rosa Luna se juega Dios contra "Risa falsa", el Diablo. Porque esta es una novela de hondura moral y hasta teológica, que recrea en clave de candombe el gran tema del "Libro de Job": el sufrimiento de los justos. Chagas pinta un Dios compasivo, un viejo de alpargatas al que le gusta el mate, el fútbol y el candombe, pero que sabe ser cruel cuando tiene que corregir al ser humano que se desvía para salvarlo. Son amenos y profundos los capítulos en los que Rosa, recién difunta, desnuda su vida ante ese Dios en las puertas del Paraíso, al que entrará bailando.

Hay personajes secundarios de interés como el pianista amnésico Federico Brosman que se busca a sí mismo, para redimirse, a partir del musical que componía sobre la vedette, antes de perder la memoria. Chagas se las ingenia muy bien para sacar partido de personajes que aparecen de modo muy lateral, algunos conocidos como "el negro Pirulo", legendario bailarín de candombe, y otros no tanto como "la Francesa Margot" o "la Piba Tornillo", mujeres que paraban en el Bar Antequera, o "Sebo Negro", un policía pesado de la Ciudad Vieja. Mediante las cartas que Lidia, hija de los dueños del almacén minorista que estaba frente al Mediomundo, le escribe desde su exilio en Toronto a su hermana Mirtha (ciudad canadiense en la que, de gira, falleciera Rosa Luna), Chagas va desgranando una lúcida reflexión acerca de lo mejor y lo peor de las relaciones entre blancos y negros a lo largo del siglo XX montevideano.

Los defectos del libro están en la escritura, en algún error de términos —"contorneo" en lugar de contoneo, por ejemplo—, el uso del tuteo y la conjugación verbal castiza en personajes populares montevideanos a los que hubiera convenido más el voseo rioplatense, y en algunas cacofonías. Sin embargo, por tramos, como por ejemplo en el capítulo donde se refiere el hecho de sangre que marcara a la vedette, Chagas logra momentos de prosa narrativa excelente.

Jorge Chagas (Montevideo, 1957), es Licenciado en Ciencia Política, ha sido periodista, es investigador histórico y novelista. Gloria y tormento. La novela de José Leandro Andrade obtuvo en 2003 el Primer Premio de Narrativa Inédita del Ministerio de Educación y Cultural. Con La sombra. La novela de Ansina y El sable roto. La novela del Coronel Lorenzo Latorre, ganó el segundo premio del mismo concurso en sus ediciones 2013 y 2015.

LA DIOSA Y LA NOCHE. LA NOVELA DE ROSA LUNA, de Jorge Chagas. Fin de siglo, 2017. Montevideo, 202 págs. Distribuye Gussi.

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