LOS SHAKERS, OPA

El origen de todo

Mitos y verdades en torno a Hugo y Osvaldo Fattoruso, a Ruben Rada, y sobre una época que fue clave para la música popular uruguaya y rioplatense.

Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso y Ruben Rada. Dibujo de Ombú
Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso y Ruben Rada. Dibujo de Ombú
Ruben Rada. Foto Archivo El País.
Ruben Rada. Foto Archivo El País.
Los Shakers: Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso, Juan Roberto "Pelín" Capobianco y Carlos Román "Caio" Vila
Los Shakers: Hugo Fattoruso, Osvaldo Fattoruso, Juan Roberto "Pelín" Capobianco y Carlos Román "Caio" Vila
Los Shakers. Concierto en Playa Pocitos
Los Shakers. Concierto en Playa Pocitos

Casi al mismo tiempo se estrenó el documental Fattoruso, dirigido por Santiago Bednarik, y se publicó el libro Al rescate de Los Shakers de los argentinos Daniel Grigera y Mario Antonelli. Un buen antecedente era la entrevista a los hermanos que aparece en la película Hit (2008) donde hablan de Los Shakers y de su éxito "Break it all" (Rompan todo).

El origen de la historia puede ubicarse en el barrio la Comercial de Montevideo. Hugo Fattoruso solía jugar con amigos en la zona de las calles Nicaragua y Defensa. En un departamento de un primer piso, un acordeonista al que le decían Juan Tormenta ensayaba con un quinteto. De a poco el niño se dejó hechizar por ese sonido y les dijo a sus padres, Josefina y Antonio, que quería tocar el acordeón a piano. A comienzo de los cincuenta, cuando Hugo contaba apenas con siete años, sus padres se lo regalaron aunque su madre insiste que fueron los Reyes Magos. Los días siguientes transcurrieron debajo de la ventana de Juan Tormenta, escuchando al quinteto para descubrir los secretos del instrumento. Al poco tiempo comenzaron las clases. Sin importar su físico delgado, cargaba el acordeón hasta llegar a la casa de su primera profesora, la que entendió que el niño tenía una facilidad inusual para el instrumento. Le decían la "Polola" y recomendó que Hugo estudiara un instrumento con mayor abanico de posibilidades. Sugirió el piano.

En 1955 su hermano Osvaldo Fattoruso tenía siete años. A esa edad enfermó y al no saberse que tenía, fue internado. Se habló de leucemia, luego de reuma al corazón. Cuenta quien fuera su compañera, Mariana Ingold, que un día su padre lo fue a visitar y llevó unas tapas de discos. Antonio arreglaba vitrolas, los discos eran una constante en la casa de los Fattoruso. "Osvaldo tomó unos cubiertos y empezó a golpear contra las carátulas. Le dijo a su padre que quería tocar la batería. Mejoró y sin saber bien lo que tenía, salió del hospital". Otra vez los Reyes Magos tuvieron un papel fundamental al dejar una batería de juguete en los zapatos del niño, que Osvaldo rápidamente destrozó. Entonces tomaba las agujas de tejer de su madre y acompañaba a Hugo al acordeón, golpeando sobre cualquier superficie dura que encontrara. Don Antonio entendió el mensaje y le regaló un tambor y un bombo de verdad al tiempo que él mismo se hizo un contrabajo que consistía en una lata de té Ceylan, un palo de escoba pegado a la lata y una chaira. "El bajo sonaba fuerte pero no definía una nota" recuerda Osvaldo. Según la prolija cronología del libro de GrigeraAntonelli, las primeras actuaciones profesionales del Trío Fattoruso fueron en 1958. Antonio con su "bajo", Hugo al acordeón a piano, ukelele o, si había en el lugar de actuación, piano, y Osvaldo como "el niño batero". Los carnavales de aquellos años vieron pasar al trío por muchos escenarios, tocaron en bailes y llegaron a la todavía en pañales televisión uruguaya. Un padre con sus dos hijos prodigios tocando dixieland (jazz tradicional), tangos y lo que la gente pidiera. No podían perder.

EL SÓTANO.

Una barra de amigos, que además eran músicos, solía reunirse en la casa del baterista Carlos Román "Caio" Vila y comenzaron a relacionarse con el jazz. Como cuenta Federico García Vigil, miembro de ese grupo de amigos, en su biografía, "…un día bajamos por la escalera del sótano del Hot Club… en el número 1946 de la calle Guayabo… un lugar donde nunca se sabía bien qué hora era. La música no se detenía." Interminables jam sessions ocurrían en ese sótano que era visitado por grandes músicos internacionales luego de actuar en lugares como el Teatro Solís. Hugo pasó a ser asiduo concurrente, al tiempo también Osvaldo y Juan Roberto "Pelín" Capobianco, hijo de un bandoneonista. Pelín, además de tocar ese instrumento, era contrabajista. El trompetista Daniel "Bachicha" Lencina comenzó a reclutar músicos para armar una orquesta de dixieland que se llamó los Hot Blowers. El contrabajo en dicha banda fue tocado primero por Federico García Vigil y luego por Hugo en un grupo que también integró Arturo "Cacho" de la Cruz en trombón, Ruben Rada —con el seudónimo Richie Silver— en canto, el futuro músico de Opa Ringo Thielmann y Osvaldo. Tuvieron gran éxito en la televisión uruguaya, con muchas actuaciones y giras. Todo iba bien pero en el puerto inglés de Liverpool apareció una banda con un sonido nuevo que llegaría rápido al puerto de Montevideo.

En 1964 la dueña de una panadería ubicada en la intersección de las calles Justicia y Lima viajó a Londres. Al volver le dijo a Hugo "vos que sos músico, te traje este disco". En algunas ocasiones Hugo ha dicho que ese simple contenía "Love me do", en otras "She loves you" pero lo cierto es que era un disco de Los Beatles. "¡Todo empezó en la panadería de Justicia y Lima!" afirma. Osvaldo los escuchó gracias a un disco que había conseguido Ringo Thielmann en el Bar El Ancla. Esas primeras escuchas no entusiasmaron a los hermanos. Formados en el jazz, en el tango, en todo lo que se escuchaba en su casa, las novedades musicales que venían del norte no les gustaron. A los pocos días comenzaron a descubrir el valor de esas canciones hasta entender que ahí había algo nuevo. Hugo confesó al periodista Andrés Torrón que la aparición del cuarteto de Liverpool "fue un cambio enorme" desde la propuesta musical pero también en cuanto a "conducta nueva, ropa, estética" y que los terminó seduciendo. En ese tiempo se pudo ver un corto de Los Beatles en los cines montevideanos y llegó al Río de la Plata una banda oportunista llamada The American Beetles, que muchos tomaron por los originales. Los falsos beatles generaron una locura colectiva tanto en Buenos Aires como Montevideo. La beatlemanía también se había desatado en este lado del mundo.

SHAKE IT.

Según Osvaldo la idea fue de Antonio, su padre. Según Pelín el que se lo propuso fue Hugo. Tanto al padre como al hermano mayor los entusiasmaba armar una banda para jugar a ser Beatles. Osvaldo ocuparía la batería, Pelín al bajo y Hugo la guitarra. El otro guitarrista iba a ser Ringo Thielmann pero nunca vino a los ensayos. No encontraron a un guitarrista que diera con la "imagen beatle" buscada. Osvaldo pasó a tocar guitarra y le plantearon la idea a Caio Vila, aquel baterista compañero del Hot Club en cuya casa solían reunirse. Aceptó entusiasmado. Fue Antonio el que consiguió los instrumentos. Canjeó publicidad en actuaciones de la futura banda por tres rústicas guitarras eléctricas Sony Boy, fabricadas por Palacio de la Música, y un amplificador de doce watts. El jefe de la sección ventas era Georges Roos, músico y tío de Jaime. Con preocupación le preguntó a Hugo si era cierto que "¿un músico como vos va a tocar eso?". Hablaron con un carpintero y transformaron una de las guitarras en bajo, sustituyendo el brazo por una larga pata de mesa a la que le agregaron cuatro clavijas pero no consiguieron colocarle trastes, algo que no preocupaba a Pelín acostumbrado al contrabajo de pie.

El ritmo de moda era el shake y un amigo de Hugo propuso ese nombre. Debutaron en Canal 4, en Mediodía con Usted, conducido por Sara Otermin y Gustavo Adolfo Ruegger. Luego en El Show del Mediodía en Canal 12, donde era figura central el ex compañero de los Hot Blowers, Cacho de la Cruz. Empezaron a darse a conocer. Los Fattoruso habían conseguido un buen contrato para tocar como trío de jazz y bossa nova en un boliche llamado Orfeo Negro. Luego de determinada hora, aparecían Caio y Pelín y se transformaban en Los Shakers. El grupo recibió buenos comentarios y el suceso fue mayor cuando, en el verano de 1965, tocaron en el boliche IMarangatú de Punta del Este y en fiestas particulares a las que concurría la farándula porteña. La discográfica Odeón envió a un representante, Miguel Loubet, para escucharlos y les propuso viajar a Buenos Aires. Al concurrir al estudio en las primeras grabaciones les advirtieron que tenían que tocar algunos temas propios. Pelín recuerda que Hugo destapó su "fábrica de canciones" y entre las músicas que compuso estaba "Break it all". Las letras eran de Osvaldo, único integrante que sabía algo de inglés. En la película Hit Jorge Drexler, fanático de Los Beatles, reconoce que recién en 1983 se enteró que "Break it all" era de una banda uruguaya. Hasta ese momento suponía que era una canción perdida en alguno de los álbumes del cuarteto de Liverpool. A muchos jóvenes de aquellos años —este cronista incluido— les pasó lo mismo.

EXPLOSIÓN.

Hugo reconoce que Los Shakers fueron, antes que nada, un fenómeno musical argentino que explotó en Buenos Aires y luego se expandió hacia Montevideo y parte del interior de Argentina. El pianista Manolo Guardia, amigo y compinche musical de los Fattoruso, entiende que fue la compañía discográfica la que contribuyó a la shakemanía. Los tuvieron ocultos un tiempo hasta que comenzaron a aparecer por todos lados. Las canciones propias eran muy "beatleras", se ocuparon de que se vistieran con trajes parecidos a los fab four y que tuvieran una actitud irreverente. La formación musical de los Fattoruso, de Pelín y la solvencia de Caio hacía que el grupo sonara muy bien, con una calidad técnica inusual en las bandas argentinas de aquellos años. "Eran músicos en serio", recuerda el bajista de Vox Dei Willy Quiroga. A partir de 1965, Los Shakers estiraban lo que podían las horas del día y de la noche para cumplir con sus compromisos. Bailes, discotecas, presentaciones en televisión —fue muy importante la difusión que les dio el programa Escala Musical que se emitía por Canal 13—, giras al interior, grabaciones, reportajes, etc. Su padre los acompañó y pasó a ser una especie de asistente, de apoyo en los shows y también de cocinero. Los amigos comenzaron a visitarlos en Buenos Aires. Uno de ellos fue Ruben Rada. Recuerda que al padre de los Fattoruso lo apodaron "Churrasquito" porque siempre le decía a los que estaban en el departamento de sus hijos: "¿No querés que te haga un churrasquito?"

En agosto de 1965 sale su primer LP, Los Shakers, que contaba con canciones originales y algunos covers. Desde la tapa se puede ver, además de sus melenas y vestimenta beatle, la mejora en sus instrumentos. Hugo y Pelín lucen guitarra y bajo Hofner mientras Osvaldo toca una finísima guitarra de jazz Gretsch que nadie supo cómo llegó a Montevideo. Las Sony Boy, incluido el bajo con brazo de pata de mesa, fueron formalmente destruidas. La skakemanía hace eclosión en Buenos Aires al son de gritos, corridas, besos tirados por chicas y alguna piedra por novios celosos. Los músicos vuelven a Montevideo en una excursión programada para tocar en playa Pocitos. Hugo dice que la caravana que los esperó y acompañó por la ciudad fue una maniobra publicitaria armada por la discográfica. El álbum comienza a editarse en otros países, incluido Estados Unidos. En octubre de 1966 sale Shakers for you. La evolución es clara y el exitoso "Never, never" introduce un ritmo brasilero a una canción pop. Esa inquietud de Hugo por mirar a la región crece en el tercer álbum, La Conferencia Secreta del Totos Bar (1968), nombre que parodiaba a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OEA realizada en Punta del Este. Es notoria la influencia del Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band (1967) de Los Beatles por la experimentación y búsqueda en cada canción. Un álbum con arreglos y melodías de avanzada que aún hoy permanece como fundamental en la historia de la música del Río de la Plata. Canciones como "Candombe" y el cierre del disco con "Más largo que el Ciruela", que refería al sobrenombre del primer hijo de Hugo, con el uso de un bandoneón tocado por Pelín resume ese deseo por derribar fronteras musicales.

El desgaste ocasionado por el ritmo frenético de trabajo, el nulo control sobre el dinero que se les pagaba y que salía más rápido que lo que entraba junto al enojo de la discográfica ante ese último álbum poco comercial, precipitan el final de la banda. Nunca se les ocurrió cantar en español, lo que Hugo reconoce que hubiera sido otro posible camino. Cantar en inglés junto a la identificación con Los Beatles, son factores que, según Litto Nebbia, conspiraron contra ellos y evitaron que tuvieran el justo reconocimiento como pioneros del rock argentino. Una mirada más desencantada es la que tiene Hugo. "Empezamos copiando y terminamos… terminando" concluye quien siempre ha sido crítico sobre el valor de Los Shakers y sus canciones. Para él solo fueron unos botijas jugando a ser Beatles.

PERDIDOS EN USA.

En 1969, sin trabajo estable, los hermanos Fattoruso prueban suerte en Estados Unidos. Los recibe en New York su viejo amigo Ringo Thielmann. Por un tiempo viven en casa de Ringo y conforman un trío. Luego que consiguen trabajo, traen a sus familias. Alexander, el "Ciruela", recuerda que vivían en el mismo barrio que Ringo, junto a la familia de Osvaldo y su abuelo Antonio que viajó para estar con sus hijos. El grupo, al que denominan Opa —una palabra netamente uruguaya—, trabaja de martes a domingo en un restaurante italiano donde acudían varios miembros de la mafia, el Golden Chariot, tocando éxitos de la radio. Un típico trío de restaurante, como lo define Hugo, que les permitía sobrevivir. Luego de tocar cinco años ahí, toman contacto con el músico brasilero Airto quien les propone que sean su banda soporte. "Éramos un grupo chiquito y barato" dice Osvaldo. En 1973 graban el disco de Airto Fingers ("Dedos", la canción de Rada) con varios temas compuestos por Hugo. El álbum tiene buen suceso en el ambiente del jazz. Al músico brasilero se le abre la posibilidad de producir a otros grupos. Airto le propone a Opa ser el productor de sus trabajos. Graban primero Goldenwings (1976) y luego Magic Time (1977) en el que se suma Ruben Rada. Dos álbumes que se transformaron en clásicos. Siendo discos de jazz rock, conservan un sabor netamente uruguayo por el uso del candombe. Fernando Cabrera recuerda que al escucharlos "nos sentimos sorprendidos pero también nos reconocimos".

Luego de las grabaciones el trío deja de existir. Problemas con Airto y la falta de trabajo hicieron que Opa se separara y que cada uno de sus integrantes fuera a parar a un lado diferente de Estados Unidos. En esos años la vida de Hugo fue una camioneta donde transportaba familia e instrumentos por gran parte del país para buscar trabajo. Llega a vivir en el campo, en una cabaña de madera sin luz, agua, y "el baño era el bosque y un arroyo que cruzaba por ahí". Recién en 1981 son convocados por un empresario para abrir tres conciertos de Milton Nascimento en el Estadio de Obras Sanitarias de Buenos Aires, adelantándoles dinero, única forma para que los músicos pudieran volver. Luego Opa se presenta en Montevideo en un histórico recital en el Cine Plaza, donde estuvieron como invitados —entre otros— Jaime Roos y Eduardo Mateo. Ese jazz rock tan uruguayo se reencontraba, por fin, con sus raíces o como sintetiza Osvaldo "con los tambores".

Un legado.

El tiempo terminó colocando en su justo lugar la importancia de Los Shakers en el inicio del rock del Río de la Plata. Una desganada reunión que tuvo lugar en 2005 y que dio como resultado el álbum Bonus Tracks, poco agregó. "Break it all" es un hit que no muere, algún joven de hoy lo seguirá confundiendo con un tema de Los Beatles, y La conferencia secreta del Totos Bar aún asombra. Si bien Opa fue una banda reconocida a nivel de músicos y críticos, nunca tuvo éxito comercial. Sus integrantes subsistieron en Estados Unidos tocando música que despreciaban cuando lograban conseguir trabajo. Pero sus dos álbumes son, al decir de Fito Páez, un paso importante en la modernidad de la música.

La historia de los Fattoruso se encuentra poblada de anécdotas y círculos que se cierran. Luego de un distanciamiento entre los hermanos, que duró diez años, en 2001 vuelven a formar el Trío Fattoruso. En lugar de Antonio y su bajo de una sola cuerda, ingresa el hijo menor de Hugo, Francisco, otro virtuoso. Hay algo mágico que se da en los componentes de la familia que los hace comunicarse más allá de palabras y eventuales enojos. Osvaldo comentó a Jorge Galemire que su hermano era un ángel y que tocaba como tal "pero yo soy el baterista de Hugo" concluía sin ocultar su orgullo. También Hugo profesó siempre una gran admiración por su hermano.

Este cronista asistió al estreno de Fattoruso en una Sala Auditorio del Sodre repleta de espectadores de todas las edades. Hay un momento en la película donde los dos hermanos tocan solos. Hugo al piano, Osvaldo en la batería. Es una maravilla ver como adivinan cada quiebre, cada cambio de ritmo, cada matiz que el otro introducirá a la melodía hasta lograr una síntesis perfecta de esa alma compartida por más de sesenta años. En un costado de la imagen se lee cómo Osvaldo peleó por años contra el cáncer y que tocó hasta los últimos días de su vida. Al finalizar la canción el aplauso en la sala surgió espontáneo. Desde la pantalla Osvaldo se puso de pie y saludó agradecido con una media sonrisa mientras el público sentía que era parte de un pequeño milagro.

FATTORUSO, documental de Santiago Bednarik, producido por CoralCine. Montevideo, 2017.

AL RESCATE DE LOS SHAKERS, de Daniel Grigera y Mario Antonelli. Ediciones B, 2017. Buenos Aires, 419 págs. Distribuye Penguin Random House.

RECUADRO

Espejos de colores.

El contrato que firmaron Los Shakers con Odeón es considerado uno de los más abusivos de la historia del rock. Cedieron los derechos patrimoniales sobre la obra de por vida y nunca recibieron nada por las ediciones de los discos en países como Perú, Venezuela, Brasil, Colombia y Estados Unidos. Según Hugo la foto donde él firma el contrato a la vez que sonríe a la cámara "es el documento de cuando los indios le entregaron América a los ingleses". Un día Litto Nebbia le pidió a Osvaldo que le hiciera una fotocopia del contrato así lo ponía junto a otros que guarda como testimonio. Cuando lo leyó le comentó "Pero ¡macho! ¿como podés tener un socio que se lleva el 99% y te da a vos el 1%?" Los Fattoruso tampoco consiguieron hacer dinero con Opa. Pese a las buenas críticas y la recepción de los discos del trío "no vimos un peso" dice Hugo. Diferencias con Airto contribuyeron a que aún hoy la productora siga reclamando U$S 30.000 por gastos de producción de Magic Time.

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