Exposición de Rafael Barradas

Obra y genio

Rafael Barradas es uno de los artistas uruguayos que ha logrado un gran reconocimiento en el arte nacional. Durante su corta vida logró crear una obra muy variada que, además de pinturas, también incluyó dibujos, caricaturas, acuarelas, afiches, escenografías y diseños de vestuarios.

"Los emigrantes", 1912

Pedro da Cruz

En 1972 se organizó en el entonces Museo Nacional de Artes Plásticas de Montevideo una importante exposición de su obra. Desde entonces ha sido escasamente mostrada al público, a pesar de que el artista es uno de los mejor representados en el acervo del museo. Luego de cuatro décadas se vuelve a realizar una gran retrospectiva de Barradas en el Museo Nacional de Artes Visuales. Más de doscientos trabajos, seleccionados entre un total de algo más de quinientos, son mostrados en cuatro de las cinco salas del MNAV, un hecho inédito en la historia reciente de la institución.

La exposición es introducida por una cronología de la vida de Barradas -que en su mayor parte se desarrolló en España, y ha sido organizada en núcleos temáticos. Eso no deja de ser problemático debido a que algunos de los núcleos están relacionados con lugares y períodos limitados en el tiempo("Primeros años en Montevideo", "Milán", "LosMagníficos", "Místicos"), mientras que otros están relacionados con motivos ("Paisajes", "Familia", "Retratos"). De esta manera, partes de los núcleos se superponen, por lo que se ven juntos trabajos de los variados estilos que el artista desarrolló durante su carrera, factores que pueden desorientar al público que de antemano no esté iniciado en las distintas etapas de la obra de Barradas. El gran mérito de la exposición es que permite al espectador realizar un recorrido por el derrotero vital del artista, al que su obra estuvo íntimamente ligada.

En Montevideo. Nació como Rafael Pérez Jiménez en Montevideo el 4 de enero de 1890. El matrimonio formado por los españoles Antonio Pérez Barradas y Santos Giménez Rojas ya tenía una hija, Carmen, y luego tendría un segundo hijo varón, Antonio. Alentado por el ambiente familiar, ya que su padre era decorador y pintor de frisos ornamentales, Barradas dibujaba mucho de niño, y hacia 1908 comenzó a pintar sin haber estudiado Arte. Fue prácticamente autodidacta, y sólo se relacionó informalmente con el pintor catalán Vicente Casanova.

En su primera época pintó obras de pequeño formato con motivos de la ciudad, especialmente de El Prado y el Parque Urbano (luego Parque Rodó). El trazo es pastoso y rápido, como en Playa Ramírez y Apunte (un hombre con túnica que parece ser un estudiante), ambas de 1911. Barradas había realizado su primera muestra individual en Galería Moretti en 1910, y un año más tarde expuso nuevamente en Moretti y en la Galería Maveroff. Entonces firmaba con los dos apellidos paternos, Pérez Barradas, lo que seguiría haciendo hasta 1917.

Muy temprano comenzó a publicar dibujos y caricaturas en diarios y revistas de Montevideo (La Semana, Bohemia y La Pluma) y Buenos Aires (La Razón y Última Hora). Frecuentaba los bares donde se encontraban intelectuales, en los que realizaba rápidas caricaturas de los parroquianos. En las tertulias de artistas conoció, entre otros, a Guillermo Laborde -incluso expusieron juntos-, luego uno de los mayores difusores del planismo que practicarían los miembros del Círculo de Bellas Artes. La obra de Barradas de más clara tendencia planista es Los emigrantes(1912), con personajes populares -uno de sus motivos favoritos en el futuro-, pintados con grandes zonas planas de color, sin sombras ni volúmenes acentuados.

Viaje a Italia. Un año más tarde, en 1913, cuando tenía 23 años, Barradas decidió viajar a Europa, un hecho decisivo para su carrera. Durante su juventud sufrió continuas dificultades económicas, por lo que no tenía medios propios para realizar su proyecto. Finalmente pudo viajar cuando su amigo Alfredo Médici le ofreció compartir una beca que había ganado para estudiar en la Escuela de Ópera de la Scala de Milán. Se embarcaron para Italia en agosto de 1913 y, ya en Milán, Barradas pintó un retrato de Médici, Estudio(1913), en un estilo basado en la mancha. En Italia, Barradas se interesó por las manifestaciones de vanguardia de la época, especialmente el futurismo, un movimiento basado en la idea de un cambio radical de la sociedad, y que plásticamente dio forma a los conceptos de movimiento, simultaneidad y velocidad. El artista continuó pintando personajes populares en un estilo cercano al planismo, pero otras obras, especialmente de ambientes urbanos y escenas de cafés, muestran formas de acentuado carácter geométrico cercanas al lenguaje plástico del cubismo y el futurismo, como es el caso del también titulado Estudio(1913).

A comienzos de 1914, poco antes de partir para París, Barradas pintó un segundo retrato de Médici, esta vez de cuerpo entero recostado en una cama, con su estilo de manchas, aunque sin rasgos faciales, lo que sería una característica de varios de los retratos que pintó durante los años siguientes. Desde la capital francesa viajó a España y se radicó en Barcelona a mediados de 1914. Entonces continuó pintando motivos populares, entre otros Viejo catalán (1914).

El vibracionismo. Poco después de haber llegado a Cataluña, a pesar de que había comenzado a publicar dibujos y caricaturas en algunas revistas, decidió ir a pie hasta Madrid. No llegó a su destino ya que se enfermó cuando caminaba por Aragón, donde recibió ayuda de una pareja de campesinos con cuya hija Simona Láinez -llamada Pilar- se casaría a mediados de 1915. Permaneció una temporada en Zaragoza trabajando como ilustrador de libros, pero regresó con Pilar a Barcelona en diciembre de 1915. Poco después arribaron desde Uruguay la madre y la hermana de Barradas, a quienes después se sumó el hermano, luego activo como escritor bajo el seudónimo Antonio de Ignacios.

Durante 1915 y 1916 Barradas parece no haber realizado pinturas de mayor envergadura, lo que puede haberse debido a que, además de tener que mantener a la familia, estaba buscando formas de continuar integrando nuevos elementos a su obra. En esta época conoció a Joaquín Torres García, con el que estableció una estrecha amistad. Incluso llegaron a exponer juntos en la Galería Dalmau. En cierta medida la obra de Barradas influyó sobre la del futuro creador del universalismo constructivo, que entonces estaba realizando una serie de frescos en el Palacio de la Generalitat de Barcelona en un estilo clasicista inspirado en la tradición clásica mediterránea.

Una serie de acuarelas de 1917, entre otras Composición y Violinista, muestran un fluido manejo de elementos relacionados al modernismo, tanto el cubismo como el futurismo. El surgimiento de lo que sería llamado vibracionismo fue remarcado por el hecho de que el artista durante ese año comenzó a firmar sus obras sólo con el segundo apellido paterno: Barradas. En agosto de 1918, luego de exponer obras vibracionistas, se mudó a Madrid, desde donde mantuvo una intensa correspondencia con Torres García. De ello da testimonio la obra Naturaleza muerta con carta de Torres García (1919), en la que combinó pintura y collage, con la carta y el sobre pegados sobre la tela a la manera cubista.

Tres obras de 1919, con ciertas diferencias formales entre ellas, muestran la maduración del vibracionismo. Las referencias a la realidad en Zíngaras están expresadas por medio de una serie de elementos geométricos en una paleta basada en blancos, rojos y ocres. Todo 65 es una obra prácticamente no figurativa, con rostros y partes de objetos rodeados de manchas de color y los números 65 y 065. Casa de apartamentos es la obra que formalmente está más relacionada con el futurismo, con la figura de una mujer que se repite en distintos estadios de su camino ascendente por las escaleras de un edificio, junto a las que se ven flechas y números que indican los distintos pisos.

Barradas pronto entabló relaciones con los círculos artísticos de Madrid, especialmente figuras del mundo del espectáculo como el empresario teatral Gregorio Martínez Sierra y la actriz Catalina Bárcena, para los que realizó retratos, afiches, escenografías y diseños de vestuarios. En 1920 colaboró con la puesta en escena de la obra El maleficio de la mariposa de Federico García Lorca, y por intermedio de éste se relacionó con un grupo de la Residencia de Estudiantes de Madrid. Entre los nuevos conocidos se contaron Luis Buñuel, Salvador Dalí, Gabriel García Maroto, Benjamín Jarnés y Humberto Pérez de la Ossa.

De 1920 es también un conjunto de obras que, aunque emparentadas al vibracionismo, tienen características propias. Acuarelas con motivos de payasos, o clowns, dieron nombre a una nueva fase en la obra del artista: el clownismo. Una de las características del mismo son el trazo rápido, por ejemplo en el dibujo a lápiz de color La familia, y la falta de rasgos faciales de las figuras, como en el doble retrato García Maroto y García Lorca, que sólo revela la identidad del poeta granadino gracias a la forma angular característica de sus cejas.

Durante sus años en Madrid, Barradas realizó gran número de dibujos a lápiz, retratos de personajes y proyectos de escenografías. Varios de ellos son mostrados en la exposición, aunque la información referente a la mayor parte de este material se reduce al año de realización, sin incluir nombres de los retratados ni de las piezas para las que las escenografías fueron diseñadas. Son necesarias investigaciones sistemáticas - más allá de iniciativas privadas- en el ámbito de las colecciones del Estado.

Los magníficos. Entre 1920 y 1922 Barradas realizó gran número de retratos, entre otros, de integrantes de su familia, y especialmente de su esposa Pilar. La comparación entre el estilo de los primeros retratos de Pilar, en un estilo más libre cercano al clownismo, y los retratos pintados en 1922, especialmente uno en que se ve a la esposa posando parada con un simple vestido blanco, muestra una nueva orientación. Especialmente importante en las nuevas obras, comienzo de la celebrada serie Los Magníficos, es el sentido de monumentalidad. Uno de los principales trabajos de ese período es Autorretrato (1923), pintado con fuertes contornos, una paleta limitada, y un fondo neutro, lo que destaca la importancia de la figura.

Durante 1923 el artista estuvo durante un tiempo en la localidad aragonesa de Luco de Jiloca, donde realizó una serie de dibujos y acuarelas de personajes populares, motivo principal de Los Magníficos, que comprendería tanto parroquianos anónimos de cafés y tabernas como representantes de distintas profesiones y pobladores de distintas partes de España. Según el propio Barradas Los Magníficos: "representan la dureza de la vida y de la tierra".

Una obra emblemática de la serie es Molinero aragonés(1924), una figura pintada en una paleta casi monocroma, con un tratamiento casi escultórico que transmite una gran fuerza, especialmente expresada en las grandes manos del trabajador. Otras obras características de la serie son Hombre en el café y Hombre en la taberna, ambas de 1923, Castellanos(1924) y Aragoneses (1925). Entre los últimos trabajos pertenecientes a la serie se cuentan Catalán, Constructor catalán y El tratante, las tres de 1927.

Los últimos años. Estos últimos Magníficos fueron realizados en Cataluña. En 1926 Barradas había abandonado Madrid para radicarse con su familia en Hospitalet de Llobregat (en las afueras de Barcelona), donde organizó una peña de amigos que llamó Ateneillo.

En 1928 -ya enfermo de tuberculosis- realizó una nueva serie de obras, denominada Místicos, con predominio de motivos religiosos pintados con un lenguaje plástico diferente al de su obra anterior. Los nuevos trabajos pueden ser relacionados a la obra contemporánea de Picasso, tanto en la paleta de blancos, grises y negros, como en el tratamiento de las figuras, con formas ondulantes que relacionan las figuras entre sí. En La Virgen y el niño el rostro de la Virgen muestra una nariz de perfil, mientras que en Las Tres Marías dos de los rostros parecen fundirse en uno.

También en 1928 Barradas realizó una segunda serie de obras, la generalmente llamada Estampones montevideanos (en este caso mostrados como Estampones nativos), dibujos y acuarelas con motivos de ambientes de su ciudad natal, la que había abandonado quince años antes. Algunos de los estampones se titulan, a modo de ejemplo, Negra y marinero, La turca y Los novios. La elección de la temática de la serie estuvo posiblemente inspirada en el hecho de que, después de una larga ausencia, quería viajar a Uruguay.

En noviembre de 1928 emprendió el retorno. Llegó a Uruguay muy debilitado, y, sólo tres meses después de su arribo, falleció en Montevideo en febrero de 1929. Su desaparición física a los treinta y nueve años interrumpió una trayectoria que, aunque corta, fue de fundamental importancia para el arte nacional.

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