MEMORIA Y DESAPARECIDOS EN ARGENTINA

Lectura del pasado

El libro se llamó Nunca Más, pero lejos de cerrar el tema, dejó en evidencia los nudos y las controversias sobre la tragedia reciente.

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Desaparecidos en Argentina

EL 20 DE septiembre de 1984, la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), presidida por el escritor Ernesto Sabato, entregó al presidente Raúl Alfonsín el informe final. Setenta mil personas acompañaron el acto en la Plaza de Mayo reunidas bajo la consigna "Después de la verdad, ahora la justicia".

El documento fue pieza decisiva en el juicio a las Juntas Militares que gobernaron Argentina entre 1976 y 1983 y en la construcción de la memoria pública sobre la desaparición forzada de las personas. Convertido en libro, el Nunca Más ha sido reeditado durante dos décadas y lleva vendidos más de 600 mil ejemplares. Del origen de este libro, características, estilo narrativo y usos trata La historia política del Nunca Más del sociólogo argentino Emilio Crenzel. El libro, originalmente tesis de doctorado de Crenzel, es un trabajo pormenorizado y ordenado sobre la CONADEP y el Nunca Más, pero también una interpretación sobre la violencia política en Argentina y la construcción de una memoria canónica de los horrores del pasado reciente.

EL RELATO HUMANITARIO

Si la violencia política fue una característica de la sociedad argentina del siglo XX, las desapariciones —modalidad represiva que se generalizó con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976— supusieron al menos dos cambios: su intención de exterminio político y su ejercicio en forma clandestina. Crenzel analiza el contexto histórico en que surgen y también el significado de esa muerte indefinida, invisible y clandestina.

Se pregunta cuál era el grado de conocimiento que tenía la sociedad argentina mientras ocurría, y aborda el proceso de construcción de ese conocimiento desde la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) creada por Rodolfo Walsh hasta la visita que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA realizó a la Argentina en 1979, pasando por el testimonio en el exterior de sobrevivientes de los centros clandestinos de detención.

Crenzel postula que la manera de denunciar las violaciones a los derechos humanos terminaría por configurar un relato dominante en la memoria del período: el relato humanitario. La víctima como sujeto de sufrimiento, sin pasado ni militancia política. Los desaparecidos tenían nombre, edad, lugar de trabajo, pero no pertenecían a una organización política, sindical o armada.

Antes de la Guerra de las Malvinas era muy difícil que la denuncia sobre desapariciones encontrara eco en la sociedad; luego se convirtió en asunto central. La denuncia, junto al reclamo de justicia, se hicieron masivos. En octubre de 1982 tuvo lugar la Marcha por la Vida que reunió a cien mil personas en torno al reclamo de "Juicio y castigo a los culpables".

Poco antes de las elecciones en las que triunfó Raúl Alfonsín (1983) las Fuerzas Armadas argentinas hicieron público un "Documento Final sobre la guerra contra la subversión y el terrorismo". En él legitimaron su intervención ya que habían sido llamadas por un gobierno constitucional, descalificaron las denuncias y afirmaron que sus actos solo podían someterse al juicio divino. Dicho documento se completó con una "Autoamnistía" aprobada un mes antes de la elecciones.

Alfonsín decidió constituir una Comisión de personalidades a quienes confió la tarea de hacer una investigación equilibrada y, sobre todo, despolitizada. Crenzel estudia la integración de la CONADEP, las tensiones políticas que debió enfrentar y la organización de su trabajo, reflejada en cómo tomó los testimonios y realizó la inspección en los ex centros clandestinos de detención. La Comisión decidió adelantar las conclusiones preliminares en un programa de televisión, Nunca Más, a propuesta de la periodista e integrante de la misma Magdalena Ruiz Guiñazú. La discusión previa a la emisión, que fue vista por 1.640.000 personas, revela la complejidad política del tema y del momento.

El Nunca Más estableció por primera vez y de manera oficial la responsabilidad de las Fuerzas Armadas en la política de desaparición. El texto adoptó el punto de vista de lo que luego se conoció como la "teoría de los dos demonios": considerar a la violencia de Estado como respuesta a la violencia guerrillera que la precedió. La responsabilidad era compartida entre ambos actores con lo que la sociedad quedó limitada al papel de observadora o posible víctima ("cualquiera por inocente que fuese").

Por otro lado limitó la violencia estatal a la que siguió al quiebre institucional, sin tener en cuenta la ocurrida previo al golpe de Estado por el accionar de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), por ejemplo, o la represión a la guerrilla en Tucumán. El informe también establece el perfil de los desaparecidos: 71% tenía entre 21 y 35 años; 70% eran hombres, y de las mujeres, una de cada diez estaba embarazada. Más imprecisa es la clasificación laboral que propone obreros (30,2%), estudiantes (21%), empleados (17,9%) y docentes (5,7%).

El Nunca Más no hace referencia a la militancia de los desaparecidos, de acuerdo al mencionado criterio de considerarlos víctimas caracterizadas por su inocencia e indefensión. De ahí la clasificación en "Adolescentes detenidos desaparecidos", "Conscriptos detenidos desaparecidos" o "La familia como víctima de la represión".

Crenzel estudia también la repercusión del libro y sus primeros lectores: la primera edición (noviembre de 1984, de cuarenta mil ejemplares, se agotó en dos días) y también las voces críticas (la más notoria las Madres de Plaza de Mayo). Las Madres entendían que no condensaba la verdad, que igualaba a víctimas y victimarios y que pretendía poner un cierre a "la mayor tragedia de la historia argentina".

CONSTRUCCIÓN Y PUGNA

El aspecto más relevante del trabajo de Crenzel es su interpretación del Nunca Más como fundador de un "régimen de memoria sobre la violencia política y las desapariciones en la Argentina, que integró ciertos principios generales de la democracia política, los postulados del gobierno de Alfonsín para juzgar la violencia política y la narrativa humanitaria forjada durante la dictadura para denunciar sus crímenes".

A partir de su aparición y hasta el presente el Nunca Más ha tenido un uso "ejemplar": en presentaciones públicas, actos, conmemoraciones y en las aulas (se integró oficial e integralmente como texto de consulta y referencia). En 2006, en ocasión de los treinta años del golpe de Estado, se hizo una nueva edición, esta vez con un nuevo prólogo, crítico del anterior, pues propone otra lectura del pasado y de la violencia política.

El libro de Crenzel es de lectura imprescindible para un estudioso del tema y del período, y a la vez accesible y de interés para un lector no especializado. Es sólido y riguroso, escrito de manera clara y precisa. Expone los nudos y las controversias sobre el pasado y parte de la base de que la memoria de una sociedad es un proceso en construcción y en pugna, sujeto a luchas políticas y a usos que tienen que ver con el presente.

Un anexo gráfico releva las portadas del Nunca Más desde la primera edición y sus traducciones (inglés, hebreo, alemán) así como los collages del artista plástico León Ferrari para la edición en fascículos ofrecida por Eudeba y el diario Página/12 en 1995.

LA HISTORIA POLÍTICA DEL NUNCA MÁS, La memoria de las desapariciones en la Argentina, de Emilio Crenzel. Siglo XXI, 2015. Buenos Aires, 264 págs. Distribuye América Latina.

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