Los Beatles y la ciencia

El lado científico de una pasión

A primera vista el vínculo entre la ciencia y la música de los Beatles parece tirado de los pelos. El físico uruguayo Ernesto Blanco dice, en un nuevo libro, que la beatlemanía científica existe.

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Ernesto Blanco

La colección Ciencia que ladra de Editorial Siglo Veintiuno aborda temas de cierta complejidad –matemática, biología, física, química o ciencia en general- y los pone al alcance del público general. Algunos de sus libros han tenido un remarcable éxito como los Matemáticas… ¿estás ahí? de Adrián Paenza. Dentro de esa colección el físico uruguayo Ernesto Blanco tomó la iniciativa de estudiar algunos fenómenos científicos y relacionarlos con la música y la carrera de Los Beatles, lo que dio como resultado el libro Los Beatles y la ciencia. “Nada, pero nada, es comparable a la tremenda revolución musical y cultural que causaron Paul, John, George y Ringo” asevera el autor y termina la frase con una línea de McCartney que ubica ese momento histórico en “el lugar que llamamos los años sesenta”. Blanco sabe de lo que habla porque además de científico es músico: Master en Física de Partículas y Doctor en Biomecánica, también es guitarrista, cantante y miembro de la banda “Beatlemanía Científica”. Agrega a esas condiciones una forma amena y clara de relatar, con varios guiños humorísticos que eluden cualquier tipo de densidad en las explicaciones, por más que algunos de los puntos que se traten no sean sencillos.

En algunos casos la conexión entre la música y el fenómeno que se estudia es feliz y allí surgen los mejores capítulos del Los Beatles y la ciencia. Por ejemplo cuando hace una investigación detallada sobre el primer y misterioso acorde con que empieza la canción “A Hard Day’s Night”. El estudio sobre las vibraciones de las cuerdas, la superposición de instrumentos y hasta una pequeña desafinación que se registró en la grabación del tema, terminan por dar una respuesta a un sonido que, pese a los años que tiene esa tonada, nunca fue del todo descifrado. En otro buen momento del libro se intenta develar si puede ser cierto que una de las canciones más famosas de la historia, “Yesterday”, pudo efectivamente haber nacido de un sueño que tuvo Paul McCartney. El autor estudia la forma en que los sueños se construyen y como éstos pueden influir en la vida consciente del individuo. Otras veces la conexión es indirecta, como cuando se estudia que, gracias a las ganancias que la banda generaba para EMI, la empresa aportó fondos y el trabajo de uno de sus ingenieros, Godfrey Newbold Hounsfield, para la creación del prototipo del Tomógrafo, invento que le hizo obtener el Premio Nobel de Medicina en 1979.

La única parte con falencias es el encuentro que el autor relata entre Paul McCartney y el filósofo Bertrand Russel, que en esa época tenía más de noventa años. Realmente existió una charla entre ellos en la que se habló sobre la guerra de Vietnam. Blanco imagina la posibilidad de que esa conversación haya sido más larga y crea un extenso diálogo que cae en lugares comunes, no aportando demasiado al resto de la obra. No es sencillo imaginar y narrar, de forma verosímil, un diálogo entre semejantes personalidades. Salvo por ese detalle, Los Beatles y la ciencia logra el objetivo de estudiar, en forma amena, algunos fenómenos de la ciencia a través de la creación de los fab four, y deja claro que esa relación se apoya en el amor que profesa Blanco por esa música que cambió al mundo, y a su vida.

LOS BEATLES Y LA CIENCIA. DE CÓMO LA MÚSICA DE JOHN, PAUL, GEORGE Y RINGO NOS AYUDA A ENTENDER LA CIENCIA, de Ernesto Blanco. Siglo XXI Editores, Colección Ciencia que ladra, 2015. Buenos Aires, 189 págs. Distribuye América Latina.

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