Un antecedente de "Lost"

La isla humana

No se sabe con certeza cuándo nació el inglés Daniel Foe, más conocido como Daniel Defoe, pero pudo ser alrededor de 1660. Lo que sí es seguro es que con una novela de aventuras publicada en 1719 y de largo título -cómodamente reducido a Robinson Crusoe -ganó la inmortalidad literaria.

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Mercedes Estramil

Más o menos trescientos años después del nacimiento de Defoe, la escocesa Muriel Spark (1918-2006) escribía su segunda novela, un cálido tributo a aquélla, dentro de las concepciones de brevedad y modestia que diseñarían su obra entera.

Publicada en 1958, Robinson es también un relato de aventuras -sobre todo en su decorado, y como tal se lee sin perder velocidad nunca- pero es además una reelaboración incisiva del clásico de Defoe. Hay una pequeña isla llamada Robinson, como su propietario (que no la adquirió ipso facto por ser inglés sino que la compró con dineros familiares), y hay un accidente aéreo que deposita en ella a tres sobrevivientes: la narradora y alter ego de Spark, January Marlow, una "lolita" que escapó de la escuela para casarse con un profesor de Letras sesentón y ahora es una madre viuda; un estafador llamado Tom Wells que vende amuletos para la suerte; y el apuesto Jimmie Waterford, primo lejano de Robinson que justo pensaba visitarlo, si bien no cayendo literalmente del cielo.

La "coincidencia" puede considerarse parte del singular humor de Spark, igual que el hecho de definir visualmente la isla con el contorno de un cadáver en la escena de un crimen, o los paralelismos directos o en oposición entre el Robinson de Crusoe, este Robinson, y la protagonista femenina, que lleva un diario de los acontecimientos y los maneja con esa mezcla de fervor, displicencia y simpatía con que se mueven en general las mujeres de Spark (desde las viejitas de Memento Mori a las muchachas de Las señoritas de escasos medios, o a la Fleur Talbot de uno de sus mejores libros, La intromisión).

La acción transcurre en 1954 y el lugar tiene componentes apropiadamente "lostianos" -un volcán de cuyo interior salen gritos, túneles secretos, un mar demasiado peligroso, un niño inquietante que Robinson cuida, el propio y enigmático Robinson- que harán que cualquiera que haya visto la famosa serie de ABC se pregunte por qué este libro no figuró entre sus aludidos, que fueron muchos.

Mientras esperan ser rescatados por recolectores de granadas que arriban cada tantos meses, los sobrevivientes se curan de sus heridas y empiezan a mostrarse como son, dato que en algunos esconde complejidad y en otros simpleza. Esa es la mayor aventura de la novela, que coquetea con lo fantástico sin ingresar a esos dominios, y juega también con lo criminal detectivesco, pero resuelve su profundidad en otros planos. Los flashbacks de la protagonista hacia su vida en tierra firme (hermanas, hijo, cuñados) y las relaciones más o menos equívocas que establece en la isla con los distintos hombres revelan un entramado de pequeñas pasiones que el antisentimentalismo de Spark controla y dosifica pero que está ahí, al acecho.

Al final de Robinson la lucidez triste de January Marlow recordando lo que a la distancia parece un sueño se contagia al lector: en la literatura, en los sueños o en una isla apropiada, todo parece posible. Pero se sabe que no es.

ROBINSON, de Muriel Spark. La Bestia Equilátera, 2013. Buenos Aires, 221 págs.

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