Libros de youtubers

Invasión legítima y silenciosa

Son los reyes de YouTube, pero venden libros y muchos. Queda abierta la pregunta de por qué medios tan diferentes se complementan y convocan a millones.

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PewDiePie

COMO EN UN asalto nocturno, los youtubers aparecieron de golpe entre Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, Sándor Márai, Stephenie Meyer, Stephen King, Cecilia Curbelo y cualquier otro autor de prestigio o bestseller y coparon las librerías sin hacer un ruido. Habían crecido a la vista, sin ser notados más que por su público objetivo. No se les ocurría pensar que algún día iban a pasar al papel con tal éxito comercial, pero cuando se colaron a los codazos en las vidrieras tenían legiones de compradores esperándolos.

En librerías uruguayas y en locales de Abitab se pueden encontrar por lo menos veintinueve títulos, editados entre el 2015 y 2016. Con nombres tan llamativos como PewDiePie, Yuya, Wigetta, Dross Rotzank, El Rubius, HolaSoyGermán, Luzu, Lana, Auronplay o YellowMellow, tienen entre veinticinco y treinta años, y se dividen entre los que escriben peculiares manuales de autoayuda para adolescentes y los que se inclinan por las novelas de ciencia ficción y fantasía.

A pesar de que sus autores son extranjeros, muchos de estos libros están impresos en Uruguay, incluso los más costosos como Virtual Hero, el cómic en tapa dura de El Rubius, alias del español Rubén Doblas Gundersen. De acuerdo a dos fuentes de la industria, esto se debe a la urgencia por tener los libros disponibles en el mismo momento en que sus autores los anuncian desde YouTube, ya que el efecto en las ventas es inmediato. #ChupaElPerro, el libro del chileno Germán Garmendia, ya tiene seis mil ejemplares impresos en Uruguay en pocos meses y en Argentina tuvo una tirada inicial de treinta y cinco mil copias. Claudia Garín, editora de Planeta -es la editorial con mayor cantidad de títulos de youtubers- explica que la tendencia apareció con fuerza en librerías el año pasado, y estalló en 2016.

Con canal propio.

Un youtuber es alguien que produce sus propios videos y los sube a You Tube a través de su canal. Es decir, puede tratarse de un conductor de televisión con cámaras, luces, estudio y maquillaje; o también de un adolescente o un abuelo con un celular y conexión a Internet. Los youtubers más exitosos son aquellos que nacieron dentro de ese sitio web y siguen ahí sin necesitar de los medios tradicionales de comunicación para ganar legitimidad o público, ya que les sobran seguidores.

PewDiePie, que es el seudónimo del sueco Felix Kjellberg, tiene el canal más popular del mundo, con cuarenta y seis millones de suscriptores. El segundo es Garmendia, cuyo canal HolaSoyGermán tiene veintiocho millones. Recién en el cuarto lugar del ranking aparece el canal de la cantante Rihanna, estrella de la música pop que, según los criterios ortodoxos para medir la celebridad e influencia de una figura pública, debería haber llegado a más gente que un sueco y un chileno que se filman semanalmente en sus casas jugando videojuegos.

La lista de los veinticinco canales de YouTube con más suscriptores revela que los videojuegos, despreciados por algunos y valorados por otros como la forma narrativa del siglo XXI, son el tema común de los canales más exitosos. PewDiePie, Germán Garmendia, El Rubius (España), VanossGaming (Canadá), Vegetta777 (España) enfocan sus videos carismáticos y a veces graciosos en este tema. El éxito de algunos videojuegos les ha ayudado y, al mismo tiempo, ellos se han convertido en personalidades tan influyentes que tienen la capacidad de convertir un videojuego independiente y modesto en un éxito mundial de ventas. La industria editorial dejó los prejuicios a un lado y estuvo atenta al fenómeno.

El primer antecedente se podría rastrear en el libro Yo, Cumbio, también de Planeta, y publicado en 2008. Su autora, la adolescente argentina Agustina Vivero, se convirtió en celebridad a través del sitio Fotolog, antes del crecimiento de YouTube. Llegó a tener treinta y ocho millones de seguidores y apareció hasta en el diario The New York Times. Y todo por publicar su vida en fotos.

A diferencia de ella, casi todos los youtubers y autores proyectan una especie de personaje a través de sus videos. Son protagonistas carismáticos, que hablan a cámara desde sus casas con mucho humor y trabajo de edición, comentando videojuegos, situaciones de la vida cotidiana y sobre todo situaciones que tienen que ver con la comunicación a través de Internet y celulares. Para seguirlos conviene saber qué es un troll (alguien pesado o provocador), qué significan siglas como Yolo y Lol (respectivamente You only live once y Laugh out loud), y conocer códigos generacionales que un niño de once años o un adolescente dominan casi naturalmente.

Los libros obedecen a estos códigos. Las tres novelitas profusamente ilustradas de Wigetta, concebidas por los españoles Vegetta777 y Willyrex pero escritas en realidad por otros dos autores, están repletas de esos guiños a pesar de ambientarse en mundos de fantasía absoluta. Cuentan aventuras muy simples, llevadas principalmente entre diálogos, y tienen mucho trabajo gráfico entre dibujos, frases y palabras resaltadas con distintas tipografías y colores.

Excepto por las dos novelas de Dross Rotzank, seudónimo del venezolano afincado en Argentina Ángel David Revilla, la mayoría de estos libros se apoya en un fuerte trabajo de diseño e ilustración. Presentan textos breves y ágiles, que intentan tener humor y provocar empatía en sus consumidores; término que no es casual, ya que parecen haber sido diseñados para un público que no es lector. El ejemplo más radical es Este libro te quiere, de PewDiePie, que imita los lujosos libros de arte al estilo de la editorial Taschen, y tiene básicamente fotos con aforismos humorísticos que recrean lo que su autor suele decir en YouTube.

El de este sueco es una rareza a su modo, ya que a través de todo su trabajo gráfico y de sus aforismos nihilistas destila algo parecido al arte. Los demás libros de youtubers hispanos apuntan mayormente a dar consejos, ya sea para ser un buen gamer (jugador de videojuegos), como pasa con Salseo gamer, para maquillarse bien, como hace la mejicana Yuya, o cualquier otra cosa. Se sabe que la autoayuda es un género que suele vender bien en librerías, aunque haya conocido mejores momentos, y hasta ahora nadie lo había concentrado en los adolescentes de este modo. 

Un aspecto curioso de esta movida es que todos los libros son todos de youtubers extranjeros. No hay de youtubers uruguayos, ni hay planes en las editoriales locales para publicarlos en un futuro inmediato. Muchos entienden que esto es un desperdicio, pues tendrían un público asegurado.

Rectitud moral

Para muchos niños y adolescentes los youtubers son los nuevos referentes, como queda claro cuando se ven las masivas presentaciones públicas de Vedito, seudónimo del argentino Valentín Acevedo, y de Garmendia. Tal vez por tener conciencia de esto, el chileno, que es la segunda figura más influyente de YouTube en todo el planeta, enfoca su libro en consejos que apuntan a cierta rectitud moral apoyados en su propia experiencia y sentido del humor, como “levántate temprano”, “trabaja duro”, “escucha a tus mayores” y “sé tu mismo”.

El hecho de que la industria editorial haya captado tan de golpe a todos estos autores responde al atractivo de las figuras mediáticas y a su capacidad de promover ventas grandes e inmediatas. También es una forma de legitimar a estos millenials desde las industrias culturales, pues la presencia en la web no implica legitimación según las varas de medida usadas durante el siglo XX, porque esos viejos códigos no se adaptan a los nuevos medios. Cuando las editoriales llevan a estos autores a su cancha, los sacan del medio digital y los llevan al papel, terreno que dominan, dejan de verlos como sus competidores para convertirlos en sus aliados en las librerías. Los youtubers tampoco son muñecos de trapo. De todos, ninguno lo expresó con más ironía que el juguetón argentino de Vedita con el título que eligió para su libro: Ahora cualquiera escribe un libro. Aunque la expresión sea vieja, usarla para titular la convierte en una declaración tan crítica como cínica.

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