más LIBROS DEL AÑO

Inolvidables

Jack London, Hebe Uhart y Real de Azúa, entre otros.

Libros del año
Libros del año

Cuando uno se pregunta qué libros regalar a sus amigos entre los que se publicaron en 2017, hay que elegir aquellos cuya lectura dejó una marca. Es decir, los libros que siguen allí, vivos. Si nos emocionaron, es justo que emocionen a los que más queremos.

El primero en la lista es Once cuentos de Klondike de Jack London (Eterna Cadencia). London siempre es London, nunca envejece, porque nos remite al paraíso perdido de las lecturas de la infancia, cuando la imaginación se nos disparaba por aquellas aventuras en trineo por la nieve, con cazadores, perros y buscadores de oro, todo rodeado de un mundo salvaje y sin piedad que hacía improbable la supervivencia. Pero en esta edición hay algo más. Los cuentos fueron seleccionados, anotados, prologados y traducidos por Jorge Fondebrider en un español muy rioplatense, y no en el ibérico que mucho sufrimos, sobre todo en las malas traducciones. La nueva versión pone énfasis en la descripción del entorno, en los climas, en lo no dicho, y respeta los errores que el propio London cometió, por apurado o por autodidacta, entiende Fondebrider. Es, entonces, una traducción más fiel que las anteriores, en general muy malas o que priorizaban la acción, o que "corregían" o "embellecían" a London sin más pudor, para que quedara más lindo... Estos once cuentos pertenecen a la etapa de London en Alaska (1897-1898), muy formativa para su producción posterior que incluirá novelas consagratorias como El llamado de la selva, El lobo de mar y Colmillo Blanco, entre otras. En resumen: las mismas aventuras pero más duras, escalofriantes, y todo cuidado por el traductor que asume un papel más amplio, una suerte de "curador" de la propuesta, algo que se revela en cada detalle del libro.

El siguiente recomendado es un libro de viajes, De aquí para allá de Hebe Uhart (Adriana Hidalgo), escrito en plan crónica que deviene literatura sobre diferentes comunidades indígenas de Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador. Están los quilmes, toba, witoto, wichi o charrúas, entre otros, en capítulos que se suceden como cuentos. El lector se entera cómo viven en el contexto actual, como interactúan con el otro, a veces preservando su identidad original casi en secreto. Porque están allí, a la vista, en las ciudades que frecuentamos, basta con saber en qué barrio viven y buscarlos para hablar, conocerlos, compartir, saber en qué trabajan, qué sueñan, qué quieren para sus hijos. A la vuelta de uno de estos periplos por un barrio cualquiera, una española le preguntó semi horrorizada: "¿visten como nosotros?" La mirada fresca de Uhart, en apariencia ingenua, evita el estereotipo y disuelve todo discurso que pueda convertir la materia en folclore. Su estilo de narrar es simple, lacónico; no deja indiferente. Convierte cultura oral en cultura escrita y habla de fronteras, desarraigo, emigraciones forzadas y de poblaciones que se protegen del avance de la cultura dominante apelando al silencio.

Es imprescindible, a su vez, Real de Azúa, Una biografía intelectual de Valentín Trujillo (Ediciones B). Porque Real de Azúa fue uno de los más brillantes intelectuales que dio el Uruguay del siglo XX y sin el cual es imposible pensarnos como comunidad de cara al futuro; porque fue un ensayista notable y prolífico; porque tuvo una vida emocional compleja, por homosexual y devoto católico; porque su devenir ideológico, desconcertante, lo llevó de ser fanático falangista en los años 30, luego ruralista, más tarde colorado católico, para terminar siendo fundador del Frente Amplio y destituido en la dictadura. Conjurar todo eso puede parecer imposible; no lo fue para Trujillo, que actuó como un auténtico demiurgo. Además está tan bien escrita, con el necesario contexto y en un lenguaje llano comprensible para cualquier lector (las erratas de la primera edición fueron subsanadas en la segunda edición, que ya circula) que es un libro para regalar no una, sino muchas veces.

Un policial negro: Offshore, de Petros Márkaris (Tusquets), por duro, honesto, actual y valiente, pues aborda el tema del dinero negro que fluye en nuestras economías pero que pocos quieren ver. Cuentos: Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enríquez (Anagrama), por escalofriantes, narrados de forma magistral. Una novela: Zama, de Antonio Di Benedetto (Adriana Hidalgo), un clásico que no envejece y, para muchos, la gran novela americana. Otra novela, íntima, preciosa: Pálida luz en las colinas, la primera del Nobel Kazuo Ishiguro (Anagrama). La mejor crónica latinoamericana: La guerra de los Zetas, de Diego Enrique Osorno (Debate), un tratamiento honesto, ciudadano y respetuoso de la violencia en México centrado en las víctimas. En historia, los tomos de Vitali Shentalinski sobre el asesinato de miles de poetas y escritores soviéticos ejecutados durante las purgas de Stalin (Esclavos de la libertad y Denuncia contra Sócrates, Galaxia Gutenberg), que tardaron años en llegar a Uruguay. También en historia Combatientes en la sombra de Robert Gildea (Taurus), pues pone en su justo lugar el papel que tuvo la resistencia francesa durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Y El hermano mayor, de Daniel Mella (HUM), que ya se recomendó el año pasado pero que ha crecido de forma constante en la cabeza de los lectores a lo largo del 2017, por su forma de dejar en evidencia los aspectos más oscuros de cierta uruguayez, aunque duela.

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