VIDA DE RAINER MA. RILKE

Indagación del poeta

Extraña biografía sobre un clásico de la literatura alemana cuyas elegías, poemas y prosas merecieron un reconocimiento universal

Rainer María Rilke. Foto: Archivo
Rainer María Rilke. Foto: Archivo

El poeta catalán Albert Roig escribió un denso recorrido por la vida y la obra de Rainer María Rilke (1875-1926), el errante poeta de Praga cuyas Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo lo convirtieron en un clásico de la literatura alemana y a los cincuenta y un años acabó envenenado por la espina de una rosa. No murió de la infección sino de leucemia, pero el episodio fue elocuente de su modo de vivir la poesía.

Perro es un libro extraño y abrumador, sin más eje que la intensidad con que Roig aborda distintos momentos en la vida de Rilke. La documentación es abundante, proliferan los datos de primer y segundo orden; es notorio que el autor maneja con solvencia la obra y sus vínculos con las estéticas de inicios del siglo XX, también un voluminoso epistolario y muchos testimonios reveladores, pero sin un abordaje cronológico ni temático, queda el lector en medio del desorden de las secuencias, las extensas listas de nombres devorados por el tiempo, a lo que cabe sumar la permanente mediación del autor, que a menudo empasta su visión con la de Rilke. Tampoco ayuda la traducción de Antoni Cardona Castellà, que apenas iniciar, perpetra: “Las páginas han amarillecido” y reitera sus ripios con pausada regularidad. Pero aun en el caos de la exposición es posible entrever, con todas las opacidades del caso, el carácter complejo y vulnerable de la sensibilidad de Rilke, las relaciones de su obra con las poéticas de Mallarmé y Verlaine, y las dimensiones de su extraña vida.

Por consolarse de la muerte de su primogénita, la madre lo vistió de niña durante sus primeros cinco años, lo abandonó a los ocho, el padre lo envió a la escuela militar y si consiguió abrirse un modesto camino en las letras, vivió la mayor parte de su vida gracias a la ayuda de mecenas, amigos y queridas. Se casó con la escultora alemana Clara Westhoff, pero a poco de nacer su hija Ruth partió a París a llevar su vida de poeta. Rodin lo acogió entre sus amigos y lo convirtió en su secretario, hasta que se hartó de sus informalidades, pero entonces ya se había vinculado con burgueses de fortuna y aristócratas, en su mayoría baronesas, condesas y princesas que, como nacidas de la pluma de Proust, a lo largo de los años se turnaron para alojarlo en sus castillos de verano y de invierno, llevarlo de viaje a Oriente, atender sus cuidados de salud en clínicas exclusivas y mantenerlo con pensiones y sueldos. Las cortejaba. No todas fueron sus amantes, pero las seducía desde los suspiros de sus versos y cartas encendidas.

Más allá de las inconclusas conjeturas sobre el carácter de sus relaciones amorosas, sobre su apariencia extraña y enfermiza, los grandes ojos perrunos y los labios excesivos, la fuerza de su seducción o las rentas de su desinterés por la codicia del mundo, sus elegías, poemas y prosas merecieron un reconocimiento universal, completamente ajeno a la soledad que acompañó sus últimos cinco años en la austera torre medieval que le compró un mecenas en las montañas suizas, donde vivió de forma muy austera hasta el accidente de la rosa que coronó su destino.

PERRO. VIDA DE RAINER MARÍA RILKE, de Albert Roig, Galaxia Gutenberg, 2016. Barcelona, 389 paginas. Distribuye Océano.

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