Cuentos fantásticos de Pablo Dobrinin

Imaginación y vértigo

Un raro entre los raros que se consolida

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto Felipe Correa

Hay una cosa que los lectores uruguayos casi no leen. "¡Literatura uruguaya!", podría exclamar alguno, no sin razón. Con más especificidad, lo que se lee muy poco es la narrativa fantástica y de ciencia ficción. Y es una pena, porque tiene varios exponentes de gran calidad, la continuación actual de esa tradición uruguaya de narradores "raros" que ya señalara Ángel Rama.

Uno de ellos es Pablo Dobrinin (Montevideo, 1970), más conocido en el extranjero que en Uruguay. Ésta colección de cuentos fantásticos, con un detalle de ciencia ficción en el que cierra el volumen ("Un jardín en Nueva Kybartai") es el segundo libro. Del primero, Colores primarios, también de relatos (Buenos Aires, 2012, Editorial Reina Negra) escribió Elvio E. Gandolfo, crítico muy versado sobre ciencia ficción y fantasía, que es "…uno de los primeros libros más sólidos aparecidos en los últimos años en el Río de la Plata."

Estas seis narraciones ofrecen variados atractivos. En "El bosque que crece por las noches", relato que abre el volumen, Dobrinin explora el tema del hombre maduro que se enamora de una joven, a pesar e incluso precisamente por su carácter. El detalle fantástico es el bosque aludido en el título. La entrada de la pareja al bosque está manejada con admirable suspenso. En este cuento el autor introduce un elemento que será clave en cuatro de estos seis relatos: el sexo.

En estos textos la sensualidad puede vincularse con la violencia, incluso extrema, y esa violencia puede tomar una dimensión de sacrificio, como ocurre en el cuento inicial en el que los amantes de algún modo se inmolan, uno en aras del otro. En relatos como "La sonrisa del ángel", "La visión del paraíso" o "El mar aéreo", la relación entre sacrificador y sacrificado es asimétrica y entraña una fuerte dosis de crueldad y egoísmo, sin perder un ápice de su sensualidad, que llega a lo fascinante. Puede haber, también, encuentros más inocentes, en el mejor y menos ingenuo sentido del término, como el que el protagonista de "La sonrisa del ángel" logra consumar con su amada.

Pero el mayor talento de Dobrinin es la imaginación, capaz de enhebrar a ritmo de vértigo paisajes, personajes y situaciones inesperables. Los mejores ejemplos de este aspecto son "Algunas cosas que vi en el desierto" y "La sonrisa del ángel". En el primero hay un perro metálico que acompaña a un bufón enano. En el segundo hay un descenso a lo que podría llamarse los infiernos, donde una descomunal serpiente va recibiendo bellas mujeres desnudas, cuyas mitades superiores se va tragando de un bocado… para dejar vivas a las inferiores que siguen desplazándose, cumpliendo tareas e incluso pueden ponerse de lo más violentas. Esta idea de ingerir a la hembra poseída aparece también en "La visión de paraíso", pero sin intención humorística.

En "Un jardín en Nueva Kybartai" el detalle de ciencia ficción es apenas ambiental: el cuento transcurre en Ganímedes, el satélite más grande de Júpiter —y de todo el Sistema Solar— que ha sido colonizado por los hombres. Pero el tema del cuento es metafísico: el vacío que nos deja la muerte del ser amado, en parte consolado —solo en parte— por la insegura esperanza de que la muerte pueda ser el pasaje a un ámbito de vida superior.

EL MAR AÉREO, de Pablo Dobrinin. Fin de Siglo, 2016. Montevideo, 226 págs. Distribuye Gussi.

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