SIETE DÍAS EN BUENOS AIRES

La hora de los virtuosos

Crónica de una visita inesperada, no planeada, para descubrir la mejor hora del teatro, el arte y la música, entre otras expresiones.

Parias, de Guillermo Cacace (foto Carlos Furman)
Parias, de Guillermo Cacace (foto Carlos Furman)
La Bomba de Tiempo (foto Mercedes Cotoli)
La Bomba de Tiempo (foto Mercedes Cotoli)
La Bomba de Tiempo
La Bomba de Tiempo
Quinteto Astor Piazzolla en la Sala Sinfónica, Centro Cultural Kirchner (foto László Erdélyi)
Quinteto Astor Piazzolla en la Sala Sinfónica, Centro Cultural Kirchner (foto László Erdélyi)
Exterior de la Sala Sinfónica en el patio central del Centro Cultural Kirchner (foto László Erdélyi)
Exterior de la Sala Sinfónica en el patio central del Centro Cultural Kirchner (foto László Erdélyi)
Hall de acceso en el Centro Cultural Kirchner (foto László Erdélyi)
Hall de acceso en el Centro Cultural Kirchner (foto László Erdélyi)
Diego Schissi en el Virasoro Bar (foto Marcelo Rodolfo)
Diego Schissi en el Virasoro Bar (foto Marcelo Rodolfo)
Diego Schissi Quinteto en el Virasoro Bar (foto Marcelo Rodolfo)
Diego Schissi Quinteto en el Virasoro Bar (foto Marcelo Rodolfo)
Crimen Pasional (foto Carlos Furman)
Crimen Pasional (foto Carlos Furman)
Crimen Pasional (foto Carlos Furman)
Crimen Pasional (foto Carlos Furman)
Crimen Pasional (foto Carlos Furman)
Crimen Pasional (foto Carlos Furman)
Cristian Zárate
Cristian Zárate
Azul Klein, Proa (foto László Erdélyi)
Azul Klein, Proa (foto László Erdélyi)
Modelos inspirados en Yves Klein - Proa (foto László Erdélyi)
Modelos inspirados en Yves Klein - Proa (foto László Erdélyi)
Desfile de modelos inspirados en Yves Klein, Proa (foto László Erdélyi)
Desfile de modelos inspirados en Yves Klein, Proa (foto László Erdélyi)
Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)
Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)
Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)
Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)
Rosario Varela y Benjamín Vicuña en Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)
Rosario Varela y Benjamín Vicuña en Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)
Benjamín Vicuña en Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)
Benjamín Vicuña en Eva Perón, de Copi (foto Mauricio Cáceres)

La fecha no fue elegida. Teníamos días libres por cuestiones laborales y familiares, y había que salir. Buenos Aires fue la opción. El comienzo no fue promisorio. Llegar en domingo, sin programa fijo o reservas hechas, obligó a salir a la pesca. Optamos por el complejo San Martín de la calle Corrientes. Queremos ver Umbrío, la obra teatral en cartel con Eleonora Wexler, pero las entradas están agotadas. ¿Qué otras obras hay en cartel? —Varias, contestan en boletería. —¿Cuáles?, insisto. —Varias, repiten. Mi esposa se acerca y me dice al oído —Parias. La obra de Chéjov. El boletero suspiró.

La puesta era un admirable despliegue de actores y ritmo tratando de sobrellevar las partes del texto que se perdieron, con alguna advertencia por altoparlante en ruso, sin traducción. Casi tres horas. El espectador a mi lado, un señor mayor, se levanta y se va diciendo "qué mal gusto". A la salida los baños femeninos colapsan. En uno de ellos una señora queda atrapada en el inodoro, la puerta no abre. Los de mantenimiento demoran en llegar. De otro sale una reconocida actriz y varias en la cola la saludan como a una amiga de toda la vida: —¡Querida!, ¿Qué te pareció? Ella contesta —Y... no me llegó... estas cosas te tienen que llegar, y continúa. Semejante trato entre celebridades y espectadores se repite en días siguientes, con variaciones. Es parte de la ciudad donde todo es escenografía.

RITMO Y VIRTUOSISMO.

La opción para el lunes a la noche fue La bomba de tiempo en el Centro Cultural Konex. Banda que toca los lunes a la noche desde hace once años. Algunas carteleras lo anuncian como "fiesta". Nuestra llegada eleva el promedio de edad. Luego de una previa se larga el concierto con más de 20 percusionistas en escena apelando a lo más básico, al ritmo con que late el corazón, para elevarlo desde allí con furia, creatividad y virtuosismo. Se instala poco a poco un clima iniciático, de trance de tribu africana en la urbe blanca, y todo es baile. Dos horas inolvidables... saltando.

Al día siguiente los pies duelen. Los amigos sugieren el Centro Cultural Kirchner, apellido que trae malos recuerdos a los uruguayos. Venciendo los prejuicios reservamos entradas gratuitas para ver el Quinteto Fundación Astor Piazzolla en un homenaje por los 25 años de su fallecimiento.

Dicho centro Cultural fue construido tomando como base el viejo edificio de Correos cerca de Puerto Madero. Los diferentes pisos fueron convertidos en salas multifuncionales para albergar música, plástica, baile, talleres. Las actividades se superponen, el lugar vibra. Lo más llamativo sin embargo está en el patio central. Del techo parece colgar un enorme zeppelin metálico (en realidad apoyado en cuatro patas, lo llaman "ballena") que alberga en su seno una sala sinfónica para dos mil espectadores. Sin salir del asombro ingresamos a ella desde el tercer piso. El lleno es total. El Quinteto en escena va convirtiendo el concierto en una gran comunión. La emoción crece. El gran compositor nacional que también era de Nueva York, París o Punta del Este se corporiza en el piano de Cristian Zárate, el bandoneón de Lautaro Greco o la voz de Sebastián Holz. Laura Esclada, última esposa de Astor, sube a escena y agradece porque "Piazzolla fue por mucho tiempo rechazado en este país". Hay autoridades del gobierno de Macri presentes... en el centro Kirchner, el gran legado cultural de Cristina Kirchner. ¿La cultura ganó autonomía frente la política partidaria? Quizá. El dinero que costó levantar ese magnífico centro, único en el mundo, vino del bolsillo de todos los argentinos. Que allí estaban a sala llena en un evento que respiraba ciudadanía. Tras varios bises, el Quinteto ejecuta "Adiós Nonino". Hay lágrimas.

LA LÓGICA TRANS.

La muestra "Sublevaciones" en el Hotel de Inmigrantes no convence (es buena la crítica que hace José Emilio Burucúa en la revista Ñ). O el mural de Siqueiros que recuperaron del sótano de la casa de Natalio Botana, que hoy está en el Museo de Casa Rosada, ese sí de un vanguardismo asombroso. O lo mejor del jazz argentino actual en el Virasoro Bar escuchando al Diego Schissi Quinteto, una deconstrucción de Piazzolla a ritmo de jazz que algunos llaman "música académica", aunque la impronta popular es fuerte.

El plato fuerte llega el fin de semana con tres propuestas: el estreno de una nueva versión del musical de Piazzolla Crimen Pasional en el Teatro de la Ribera (La Boca), la muestra de Yves Klein en Proa junto al prometido desfile de estudiantes de diseño con ropa inspirada en la muestra, y el estreno en el Teatro Cervantes de dos obras de Copi, Eva Perón y El homosexual o la dificultad de expresarse.

Crimen Pasional es una obra que el cantante francés Pierre Phillipe encargó a Piazzolla. La versión del Teatro de la Ribera contó con la traducción de Jorge Fondebrider, la interpretación en vivo de un notable sexteto en escena que repetía nombres (Cristian Zárate al piano y director musical), y el despliegue actoral y musical de Guillermo Fernández, el "Guillermito" de las veladas de Silvio Soldán en Grandes Valores del Tango y que luego tuvo una extensa trayectoria entre Nueva York y Las Vegas. La obra relata la historia del asesino serial Eugène Weidmann, último condenado a muerte en Francia cuya ejecución fue pública. La notable puesta estuvo poco en cartel; la crítica la celebró... cuando ya la habían bajado. La bailarina y coreógrafa Diana Theocharidis, directora del teatro, promete reponerla para el verano. A la salida, en el hall, conversamos con Guillermo Fernández, quien en tono de broma se queja de lo exigente que fue Fondebrider a la hora de observar cada inflexión del libreto.

Al día siguiente el clima ayudó con la propuesta de Yves Klein. Luego de quedar extático ante el Azul Klein, ese tono suyo desplegado en el piso de Proa con una generosa, casi obscena concentración de pigmentos, se pudo disfrutar del desfile de casi 100 estudiantes de diseño de la cátedra Saltzman. Tras recorrer la pasarela instalada frente a Proa, con música electrónica a todo volumen, los modelos se instalaron parados de espaldas al riachuelo, apoyados en la baranda, sobre un fondo de barcos con chatarra. El color y el gesto juvenil, etéreo y provocador, con el detritus industrial al fondo.

De allí al Teatro Cervantes para el tan esperado Copi, el revulsivo Copi, el nieto del uruguayo Natalio Botana que vivió una larga infancia y juventud en el barrio Carrasco de Montevideo, y cuya obra como dibujante y humorista, narrador, actor, dramaturgo, performer y divo del mundo gay francés de los 60 (con Michel Foucault y la revista satírica Charlie Hebdo), parece tener hoy una vigencia sorprendente. Había expectativa por muchas razones. El notorio antiperonismo de Copi, por ejemplo, quedó evidente cuando estrenó Eva Perón en París (1970). Debió huir de Argentina para salvar la vida (los montoneros se ofrecieron a Perón para asesinarlo). Algo de eso persiste hoy: cierto sector del sindicalismo argentino liderado por el dirigente camionero Pablo Moyano puso el grito en el cielo contra este estreno en el Cervantes, afirmando que hiere "la fibra más íntima de cada alma peronista".

Era día de estreno para la prensa, había un leve nerviosismo y el teatro estaba lleno. En la puerta los medios esperaban a las celebridades. Subió el telón, y ocurrió la magia. Luego de El homosexual... y un colorido entreacto que incluyó un revoleo de falos desmesurados, llegó Eva Perón con la interpretación de Benjamín Vicuña en el papel de Eva. La obra, que es una fuerte denuncia de la manipulación y la artificialidad de cierta política, muestra a una Eva opuesta a un Juan Domingo pusilánime, una joven mujer que se desgarra en su agonía y grita que su cáncer es real, que no está manipulando. Es una Eva paradójica, atroz, de carne y hueso como todas, pero con voz de hombre, una mezcla entre Marilyn Monroe y Stalin, como dijo alguna vez el dramaturgo. Pero lo que más vigencia tiene hoy es el concepto de trans que promovió Copi, una idea fuerza que sobrevuela más allá de la cuestión de género y barre con frescura con los absolutos, esos llamados bandera, patria, o nación. Y que, como es lógico, hiere el alma de algunos peronistas. El propio Vicuña salió a contestarle al sindicalista Moyano: "Es una obra irreverente que incomoda y genera debate. Es muy interesante lo que está pasando con el público".

Antes de volver consigo la primera edición en español del último libro del filósofo camerunés Achille Mbembe, el gran teórico poscolonial del momento: Crítica de la razón negra, en edición argentina. A un precio razonable, pues los libros en general están carísimos. Ya tenía los Once cuentos de Klondike de Jack London, en la esperada nueva traducción muy fiel al original, también en edición local (es de Eterna Cadencia, que acaba de publicar además el ensayo La lógica de Copi de Daniel Link, un buen companion para seguir la puesta de Copi). Y quedó mucho por ver.

Algo pasa en Buenos Aires. Es una suerte de centralidad extraña, conmovedora y quizá única en el mundo de habla hispana. Que dure.

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