Richard Holmes, maestro de biógrafos

Cuando la historia literaria se cuenta a dos voces

El libro Huellas es una crónica personal y también un incentivo sobre las muchas posibilidades de expandir el género biográfico bajo las formas de la narración

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Richard Holmes

Dice Richard Holmes que el proceso fundamental de la biografía consiste en reunir la documentación del viaje de una vida y en la creación de una relación ficticia o imaginaria entre el biógrafo y el biografiado, “un diálogo constante y vivo entre los dos al moverse por el mismo terreno histórico y los mismos vestigios de acontecimientos”. Pero como “cualquier evidencia biográfica es evidencia de terceros, evidencias de las que alguien es testigo”, el biógrafo queda excluido de la relación ficticia que ha entablado con su biografiado hasta que haya encontrado pruebas que respalden las intenciones y pensamientos que le adjudica.

Esta es la concepción que lo llevó a convertirse en un referente indiscutido de la biografía anglosajona. Nació en Londres en 1945, obtuvo importantes premios, es autor de una biografía de Coleridge, otra de Shelley, otra de Kipling, y de muchos escritores ingleses y románticos, varios de los cuales comparecen en Huellas, Tras los pasos de los románticos, testimonio de sus viajes detrás de los pasos de Robert Louis Stevenson en Las Cévennes, los de la feminista Mary Wollstonecraft y Gerard de Nerval en Francia, los del matrimonio Shelley en Italia.

Stevenson viajó por la cadena de montañas del sur de Francia (Las Cévennes) con una burra, en setiembre de 1878, cuando tenía 27 años, y Holmes repitió el mismo itinerario a sus 18 años, en 1963. Relata las dos aventuras, por los mismos parajes que en varias ocasiones los llevaron a dormir al sereno, y consigue crear una curiosa crónica a dos voces, basándose por un lado en el libro Viajes con una burra a las Cévennes, que Stevenson publicó en 1879, y por otro, en sus propias experiencias cien años después. Su acierto, no fue tanto repetir los pasos del escocés sino contar con el diario de Stevenson, ya que no todos los registros del diario pasaron a integrar el cuerpo del libro y en ellos descubrió que Stevenson fortalecía su espíritu para emprender el viaje a California y consumar su casamiento con Fanny Osbourne, a quien ya había conocido y tratado en un hotel de Grez-sur-Loing y en París.

Es especialmente atractiva la información que brinda Holmes sobre la relación entre ambos porque tuvo acceso a cartas personales y documentación que le permite revelar muchos pormenores de la vida de Fanny, su malogrado matrimonio, sus hijos, y los perfiles plenamente románticos que unieron a la pareja antes de convertirse en esposos y emprender juntos su largo viaje a la isla de Samoa, donde Stevenson acabó su vida.

Varios años después de la aventura en las Cévennes, atraído por la irradiación del Mayo francés, en 1968 Holmes viajó a París y al cabo de muchas especulaciones sobre los antecedentes y el destino de la asonada estudiantil comenzó a interesarse por la visión que tuvieron los viajeros ingleses de la revolución francesa. Luego de interesarse por los testimonios de Wordswohrt, Robert Jones, Helen M. Williams, entre otros, dio con los asombrosas crónicas de Mary Wollstonecraft, la feminista inglesa que escribió el pionero libro Los derechos de la mujer, fue testigo directo del proceso de la revolución en sus primeros años, de la ejecución de Luis XVI, de las luchas entre jacobinos y gerondinos, del terror de Robespierre, y años después se convirtió en mujer del filósofo William Godwin, con quien tuvo una hija, Mary, antes de morir de septicemia como consecuencia del parto.

Holmes brinda la historia de Wollstonecraft, atraído por el registro de la revolución francesa, traza muchos paralelos especulativos con las revueltas en La Sorbonne del 68 y acaba por interesarse en la trágica vida de la feminista inglesa que, en su deriva, lo colocó a las puertas de una más ambiciosa investigación, porque su hija Mary, la autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, se casó con el poeta Percy Bysshe Shelley, y después de pelearse con su padre acompañó a Shelley a Italia, donde el poeta halló la muerte en un naufragio, en julio de 1822. Con ellos viajó Claire (hija de un segundo matrimonio de Godwin y amante de Lord Byron, con quien tuvo una hija llamada Allegra). Holmes narra su viaje a Italia detrás de los pasos de los Shelley por la Toscana y Nápoles, narra sus días y aborda más de una intriga porque todo indica que vivieron un triángulo amoroso y sombrío por la sucesiva muerte de dos hijos pequeños y de Allegra, antesala del naufragio del poeta en un velero, que le provocó la muerte en 1822.

El capítulo final está dedicado a la misteriosa figura de Gerard de Nerval, el escritor que se paseaba por París con una langosta atada a una correa, conoció una época de esplendor en la prensa, tuvo algunos éxitos en el teatro, demasiados fracasos y vivió muchos períodos de internación psiquiátrica hasta acabar sus días en la miseria. Amigo de Théophile Gautier, hasta que intentó matarlo, Nerval es uno de esos personajes de la bohemia francesa cuyo talento osciló entre la lucidez y la demencia, sin que nunca se alcanzara a despejar del todo el origen de sus padecimientos.

Richard Holmes entrega un libro vívido, pleno de información sobre el carácter de sus biografiados y muchas reflexiones sobre el arte de una profesión que terminó de asumir cuando le devolvieron un cheque. Sin darse cuenta, lo había fechado en 1772. Es esa condición un tanto alucinada en su investigación sobre los escritores románticos lo que lo lleva a compartir con los lectores sus viajes y esfuerzos por comprender a los personajes históricos. Su libro puede leerse como una crónica personal y un incentivo sobre las muchas posibilidades de expandir el género biográfico bajo las formas de la narración. Su escritura es coloquial, más amena que profunda, básicamente honesta y cuidadosa de los límites de la interpretación. El punto más alto del tomo es sin duda el relato de la relación entre Stevenson y Fanny Osbourne, que se da a conocer en español por primera vez, aunque también destacan varios pasajes de la vida de Mary Wollstonecraft y el matrimonio de los Shelley.

Holmes es el autor del celebrado título La edad de los prodigios, con el que fue finalista del premio Samuel Johnson al mejor libro de no ficción, y del premio de la Royal Society. En la actualidad es miembro de la British Academy y ha sido profesor de Estudios Biográficos en la universidad de East Anglia, por la que tiene un doctorado honorífico.

HUELLAS. TRAS LOS PASOS DE LOS ROMANTICOS, de Richard Holmes, Turner, 2016, Madrid, 347 páginas. Distribuye Océano.

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