Wim Wenders sobre Sebastiao Salgado

Fotógrafo fuera de serie

La obra del famoso fotógrafo brasileño en un documental, “La sal de la tierra”, dirigido por el director alemán Wim Wenders.

Juliano Ribeiro Salgado, Sebastiao Salgado y Wim Wenders
Fotografía de Sebastiao Salgado en “La sal de la tierra”
Fotografía de Sebastiao Salgado en “La sal de la tierra”
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(desde Cannes)Valentina Vescovivie may 30 2014 18:41

“¿UNA PELÍCULA sobre la vida de un fotógrafo?” Es la voz del mismísimo Wim Wenders la que articula esa pregunta al comienzo de la película La Sal de la Tierra, proyectada ayer en la sección de la competencia Un Certain Regard del Festival de Cannes 2014. El director de Paris-Texas y Las Alas del Deseo llegó al festival con una propuesta diferente: un documental compuesto, casi en su totalidad, por fotografías del brasileño Sebastiao Salgado, que durante los últimos 40 años recorrió los lugares más recónditos del mundo siguiendo los pasos de una “eternamente cambiante humanidad”, según los realizadores.

No es fácil hacer un largometraje compuesto casi netamente de fotografías, por maravillosas que sean. Sólo la mano de Wenders –acompañado por el hijo del fotógrafo, Juliano Ribeiro Salgado, como codirector- fue capaz de lograr semejante film, que en ningún momento peca de pesado o solemne: en todo momento se encuentra atravesado por la subjetividad del hombre documentado, este fotógrafo fuera de serie. La palabra de Salgado sostiene las dos horas de película, narrando sobre la imagen sus viajes por distintos continentes, su vivencia personal acerca de los conflictos internacionales, el hambre, los éxodos de distintas tribus africanas, los animales de la Antártida, y su descubrimiento de territorios prístinos de flora y fauna salvaje. Es como Tin-tin, pero en la vida real.

El documental también ofrece numerosas escenas de diálogo, en los cuales intervienen el mismo Salgado, su esposa y compañera de trabajo, su padre e incluso su hijo Juliano, que sale algunas veces de atrás de la cámara para ocupar la escena.

La fotografía que inaugura la película despierta a cualquiera e invita, ya desde el vamos, a ir reubicándose para digerir lo que se viene. No cabe siquiera mencionar ni insinuar lo que se muestra en esa foto. Basta con decir que la imagen, acompañada por la voz en off de Wim Wenders -que cuenta su propia experiencia cuando se encontró por primera vez con la foto hace 25 años- equivale a mirar directo al precipicio desde lo alto del carrito de una montaña rusa. Y sólo queda tomar la importante decisión de quedarse. O irse. Este cruce casual con esa fotografía llevó a Wenders a buscar a Salgado, a seguirlo en sus comprometidos trayectos y realizar este documental.

“Conozco la obra de Sebastiao Salgado desde hace ya 25 años”  declaró el director. “Enseguida me compré dos de sus fotografías que me tocaban alguna fibra particular y me inquietaban especialmente. Las enmarqué y, desde entonces, las tengo colgadas sobre mi escritorio. Inspirado por estas fotografías, poco tiempo después visité una exhibición llamada At Work. Desde entonces, he sido un gran admirador de la obra de Sebastiao, aunque lo conocí en persona hace apenas cinco o seis años”.

Salgado no es un fotógrafo cualquiera. Se ha propuesto –literalmente- ayudar al mundo. Y lo interesante de La Sal de la Tierra excede, por supuesto, a la travesía por la cadena de imágenes, que sería equivalente a mirar los libros de fotos de Salgado. La clave está en el enfrentamiento de las dos cámaras –la de fotos y la de filmar- que trasmuta a veces en diálogo, a veces en duelo, que multiplica el binomio de miradas o que las divide, pero que siempre entrega, sobre todo, una particularísima mirada sobre la esencia misma de este planeta. O, para evitar la cursilería, habrá que nombrarlo como ellos: una particularísima mirada sobre la sal de la tierra.

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